Acordaos (Memorare)

Oración de confianza a la Virgen María

El Acordaos es una oración mariana de confianza total en la intercesión de la Virgen.

La Oración

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh Madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
Confianza

Reza esta oración cuando necesites consuelo, fortaleza o una gracia especial.

Sobre esta oración

El Acordaos, conocido por su nombre latino Memorare, es una de las oraciones marianas más breves y más repetidas de la tradición católica. Se atribuye a San Bernardo de Claraval, aunque su texto impreso se difundió siglos después y llegó a toda la Iglesia a través de los devocionarios. Se reza cuando el ánimo está cansado, cuando una necesidad aprieta o cuando se busca consuelo. Su fuerza no está en la extensión, sino en la confianza absoluta que expresa: quien la reza se apoya en la misericordia de Dios manifestada en María.

Lo que conviene saber

  • Su nombre latino, Memorare, significa acuérdate y abre toda la oración.
  • Se atribuye a San Bernardo de Claraval, aunque su forma impresa es posterior.
  • Se difundió por Europa en el siglo XVII y entró en los devocionarios.
  • Es una de las oraciones marianas más cortas y más memorizadas.
  • No pide un resultado concreto: pide ser escuchado y acogido.
  • Se reza en la angustia, en la tentación y ante una necesidad urgente.

Reflexión

El Acordaos no empieza hablando de nuestra miseria, sino de la fidelidad de Dios. «Acordaos» es una palabra dirigida a María, pero en realidad es un acto de confianza en Aquel que la eligió. La oración no inventa una promesa nueva: apela a lo que la Iglesia ha visto durante siglos, a que nadie que acudió a su protección quedó desamparado.

El segundo movimiento es de una honestidad notable. Quien reza se presenta «gimiendo bajo el peso de mis pecados», sin disimular ni justificarse. No llega como quien tiene derecho a algo, sino como quien no tiene otro apoyo. Y lo que pide es sorprendentemente sobrio: no exige salud, ni éxito, ni solución; pide que sus súplicas sean escuchadas y acogidas. Es la oración de quien ha entendido que ser escuchado por Dios ya es una respuesta.

Ahí está su madurez. La confianza cristiana no es la seguridad de obtener lo que queremos, sino la certeza de no ser abandonados. El Acordaos enseña a pedir con audacia y a la vez a dejar el resultado en manos de Dios. Repetida en un momento de miedo, va cambiando poco a poco el corazón que la reza: de la angustia pasa a la paz.

Cómo rezarla hoy

El Acordaos cabe en cualquier lugar, y esa es su mejor cualidad: se puede rezar en una sala de espera, antes de una conversación difícil o al despertar de noche. Conviene aprenderlo de memoria y rezarlo despacio, deteniéndose en la frase que más cuesta creer. Si la necesidad es grave, rezarlo una vez al día durante nueve días ayuda a sostener la esperanza sin caer en la impaciencia. Y si la respuesta tarda, no hay que concluir que la oración falló: la propia oración ya pide solo ser escuchado. Antes de rezarlo, si hay pecado sin confesar, el sacramento de la reconciliación devuelve a la petición su suelo firme.

Oración final

Madre de la misericordia, que nunca dejas sin respuesta a quien te invoca, pon ante tu Hijo nuestras súplicas y nuestras heridas. Enséñanos a confiar sin exigir y a esperar sin desanimarnos. Cuando el peso de nuestros pecados nos aplaste, recuérdanos que la misericordia de Dios es más grande. Amén.