Catecismo de la Iglesia Católica
Artículo 1: Fuentes de la oración
Sección #92
Este artículo presenta los manantiales de la oración cristiana. El Catecismo parte de una imagen luminosa: el Espíritu Santo es el agua viva que brota en el corazón del que ora, y
CUARTA PARTE LA ORACIÓN CRISTIANA
PRIMERA SECCIÓN LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA
CAPÍTULO SEGUNDO LA TRADICIÓN DE LA ORACIÓN
ARTÍCULO 1 LAS FUENTES DE LA ORACIÓN
2652 El Espíritu Santo es el “agua viva” que, en el corazón orante, “brota para vida eterna” (Jn 4, 14). Él es quien nos enseña a recogerla en la misma Fuente: Cristo. Pues bien, en la vida cristiana hay manantiales donde Cristo nos espera para darnos a beber el Espíritu Santo.
La Palabra de Dios
2653 La Iglesia «recomienda insistentemente a todos sus fieles... la lectura asidua de la Escritura para que adquieran “la ciencia suprema de Jesucristo” (Flp3,8).... Recuerden que a la lectura de la sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues “a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras” (DV 25; cf. San Ambrosio, De officiis ministrorum,1, 88).
2654 Los Padres espirituales parafraseando Mt 7, 7, resumen así las disposiciones del corazón alimentado por la palabra de Dios en la oración: “Buscad leyendo, y encontraréis meditando; llamad orando, y se os abrirá por la contemplación” (Guido El Cartujano, Scala claustralium, 2, 2).
La Liturgia de la Iglesia
2655 La misión de Cristo y del Espíritu Santo que, en la liturgia sacramental de la Iglesia, anuncia, actualiza y comunica el Misterio de la salvación, se continúa en el corazón que ora. Los Padres espirituales comparan a veces el corazón a un altar. La oración interioriza y asimila la liturgia durante y después de la misma. Incluso cuando la oración se vive “en lo secreto” (Mt 6, 6), siempre es oración de la Iglesia, comunión con la Trinidad Santísima (cf Institución general de la Liturgia e las Horas, 9).
Las virtudes teologales
2656 Se entra en oración como se entra en la liturgia: por la puerta estrecha de la fe. A través de los signos de su presencia, es el rostro del Señor lo que buscamos y deseamos, es su palabra lo que queremos escuchar y guardar.
2657 El Espíritu Santo nos enseña a celebrar la liturgia esperando el retorno de Cristo, nos educa para orar en la esperanza. Inversamente, la oración de la Iglesia y la oración personal alimentan en nosotros la esperanza. Los salmos muy particularmente, con su lenguaje concreto y variado, nos enseñan a fijar nuestra esperanza en Dios: “En el Señor puse toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor” (Sal40, 2). “El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rm 15, 13).
2658 “La esperanza no falla, porque el amorde Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5, 5). La oración, formada en la vida litúrgica, saca todo del amor con el que somos amados en Cristo y que nos permite responder amando como Él nos ha amado. El amor es lafuente de la oración: quien bebe de ella, alcanza la cumbre de la oración:
«Te amo, Dios mío, y mi único deseo es amarte hasta el último suspiro de mi vida. Te amo, Dios mío infinitamente amable, y prefiero morir amándote a vivir sin amarte. Te amo, Señor, y la única gracia que te pido es amarte eternamente... Dios mío, si mi lengua no puede decir en todos los momentos que te amo, quiero que mi corazón te lo repita cada vez que respiro» (San Juan María Vianney, Oratio, [citado por B. Nodet], Le Curé d'Ars. Sa pensée-son coeur, p. 45).
“Hoy”
2659 Aprendemos a orar en ciertos momentos escuchando la Palabra del Señor y participando en su Misterio Pascual; pero, en todo tiempo, en los acontecimientos de cada día, su Espíritu se nos ofrece para que brote la oración. La enseñanza de Jesús sobre la oración a nuestro Padre está en la misma línea que la de la Providencia (cf. Mt 6, 11. 34): el tiempo está en las manos del Padre; lo encontramos en el presente, ni ayer ni mañana, sino hoy: “¡Ojalá oyerais hoy su voz!: No endurezcáis vuestro corazón” (Sal95, 7-8).
2660 Orar en los acontecimientos de cada día y de cada instante es uno de los secretos del Reino revelados a los “pequeños”, a los servidores de Cristo, a los pobres de las bienaventuranzas. Es justo y bueno orar para que la venida del Reino de justicia y de paz influya en la marcha de la historia, pero también es importante impregnar de oración las humildes situaciones cotidianas. Todas las formas de oración pueden ser la levadura con la que el Señor compara el Reino (cf Lc13, 20-21).
Resumen
2661 Mediante una transmisión viva, la Sagrada Tradición, el Espíritu Santo, en la Iglesia, enseña a orar a los hijos de Dios.
2662 La Palabra de Dios, la liturgia de la Iglesia y las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad son fuentes de la oración.
Sobre esta sección del Catecismo
Este artículo presenta los manantiales de la oración cristiana. El Catecismo parte de una imagen luminosa: el Espíritu Santo es el agua viva que brota en el corazón del que ora, y Cristo es la Fuente donde esa agua se recoge. Describe luego cuatro fuentes concretas: la Palabra de Dios, la liturgia de la Iglesia, las virtudes teologales y el hoy de Dios. Importa porque enseña al creyente dónde saciar su sed y le recuerda que orar no es fabricar algo desde cero, sino acercarse a beber de lo que Dios ya le ofrece.
Ideas clave
- El Espíritu Santo es el agua viva que brota en el corazón del que ora.
- Cristo es la Fuente, y la vida cristiana tiene manantiales donde Él nos espera.
- La Palabra de Dios, leída y orada, alimenta el diálogo entre Dios y el hombre.
- La liturgia de la Iglesia interioriza y asimila el misterio de la salvación en el corazón.
- La fe, la esperanza y la caridad son puertas y alimento de toda oración.
- El tiempo está en manos del Padre: lo encontramos hoy, no en el ayer ni en el mañana.
Reflexión
Orar no es fabricar algo desde cero. Es acercarse a manantiales que ya existen y beber. El Catecismo enumera varias fuentes: la Palabra de Dios, la liturgia de la Iglesia, las virtudes teologales y el hoy de Dios. Todas ellas tienen un mismo centro, Cristo, y un mismo dador, el Espíritu Santo, que es el agua viva prometida al corazón sediento.
La Palabra de Dios y la liturgia no son dos caminos paralelos, sino uno solo. Al leer la Escritura oramos, y al orar escuchamos; la liturgia interioriza en nosotros el misterio que celebra. Los Padres comparaban el corazón a un altar: lo que se recibe en la asamblea debe arder después en lo secreto. La oración prolonga la liturgia, y la liturgia alimenta la oración.
Fe, esperanza y caridad sostienen todo este movimiento. Se entra en la oración por la puerta estrecha de la fe; se camina sostenido por la esperanza, como los salmos enseñan; y se llega a la cumbre cuando el amor se vuelve la fuente misma de la oración. Beber de estos manantiales no depende de tener tiempo, sino de reconocer que el único tiempo verdadero es el hoy de Dios.
Cómo vivirlo hoy
Elige cada día un pasaje breve de la Escritura y léelo despacio, dejando silencio entre las frases: leer y orar son un solo gesto. Antes o después de misa, dedica unos minutos a dejar reposar lo que has celebrado.
Examina de qué vives: si tu oración se apoya en la fe, si espera contra toda evidencia, si nace del amor. Y no aplaces la oración para cuando tengas tiempo libre: hazla ahora, en medio de tus ocupaciones, porque el hoy es el lugar donde Dios te espera.
Oración
Señor, tú eres la fuente de agua viva. Enséñame a beber de tu Palabra, de tu liturgia y de las virtudes que derramas en mi corazón. Que no busque la oración en el ayer ni en el mañana, sino que te encuentre hoy, en lo concreto de mi vida. Amén.