Catecismo de la Iglesia Católica
Artículo 1: Los sacramentales
Sección #54
Nos encontramos en el Capítulo Cuarto de la Segunda Sección del Catecismo, dedicado a las celebraciones litúrgicas distintas de los siete sacramentos. Este artículo presenta los sa
SEGUNDA PARTE LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO CRISTIANO
SEGUNDA SECCIÓN: LOS SIETE SACRAMENTOS DE LA IGLESIA
CAPÍTULO CUARTO OTRAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS
ARTÍCULO 1 LOS SACRAMENTALES
1667 "La Santa Madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida" (SC 60; CIC can 1166; CCEO can 867).
Características de los sacramentales
1668 Han sido instituidos por la Iglesia en orden a la santificación de ciertos ministerios eclesiales, de ciertos estados de vida, de circunstancias muy variadas de la vida cristiana, así como del uso de cosas útiles al hombre. Según las decisiones pastorales de los obispos, pueden también responder a las necesidades, a la cultura, y a la historia propias del pueblo cristiano de una región o de una época. Comprenden siempre una oración, con frecuencia acompañada de un signo determinado, como la imposición de la mano, la señal de la cruz, la aspersión con agua bendita (que recuerda el Bautismo).
1669 Los sacramentales proceden del sacerdocio bautismal: todo bautizado es llamado a ser una "bendición" (cf Gn12,2) y a bendecir (cf Lc6,28; Rm 12,14; 1 P3,9). Por eso los laicos pueden presidir ciertas bendiciones (cf SC 79; CIC can 1168); la presidencia de una bendición se reserva al ministerio ordenado (obispos, presbíteros o diáconos, [cf. Bendicional, Prenotandos generales, 16 y 18]), en la medida en que dicha bendición afecte más a la vida eclesial y sacramental.
1670 Los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con a ella. "La liturgia de los sacramentos y de los sacramentales hace que, en los fieles bien dispuestos, casi todos los acontecimientos de la vida... sean santificados por la gracia divina que emana del misterio Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, de quien reciben su poder todos los sacramentos y sacramentales, y que todo uso honesto de las cosas materiales pueda estar ordenado a la santificación del hombre y a la alabanza de Dios" (SC 61).
Diversas formas de sacramentales
1671 Entre los sacramentales figuran en primer lugar las bendiciones(de personas, de la mesa, de objetos, de lugares). Toda bendición es alabanza de Dios y oración para obtener sus dones. En Cristo, los cristianos son bendecidos por Dios Padre "con toda clase de bendiciones espirituales" (Ef1,3). Por eso la Iglesia da la bendición invocando el nombre de Jesús y haciendo habitualmente la señal santa de la cruz de Cristo.
1672 Ciertas bendiciones tienen un alcance permanente: su efecto es consagrarpersonas a Dios y reservar para el uso litúrgico objetos y lugares. Entre las que están destinadas a personas —que no se han de confundir con la ordenación sacramental— figuran la bendición del abad o de la abadesa de un monasterio, la consagración de vírgenes y de viudas, el rito de la profesión religiosa y las bendiciones para ciertos ministerios de la Iglesia (lectores, acólitos, catequistas, etc.). Como ejemplo de las que se refieren a objetos, se puede señalar la dedicación o bendición de una iglesia o de un altar, la bendición de los santos óleos, de los vasos y ornamentos sagrados, de las campanas, etc.
1673 Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (cf Mc 1,25-26; etc.), de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf Mc 3,15; 6,7.13; 16,17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne llamado «el gran exorcismo» sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica. Por tanto, es importante, asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de un presencia del Maligno y no de una enfermedad (cf. CIC can. 1172).
La religiosidad popular
1674 Además de la liturgia sacramental y de los sacramentales, la catequesis debe tener en cuenta las formas de piedad de los fieles y de religiosidad popular. El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado, en todo tiempo, su expresión en formas variadas de piedad en torno a la vida sacramental de la Iglesia: tales como la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el vía crucis, las danzas religiosas, el rosario, las medallas, etc. (cf Concilio de Nicea II: DS 601;603; Concilio de Trento: DS 1822).
1675 Estas expresiones prolongan la vida litúrgica de la Iglesia, pero no la sustituyen: "Pero conviene que estos ejercicios se organicen teniendo en cuenta los tiempos litúrgicos para que estén de acuerdo con la sagrada liturgia, deriven en cierto modo de ella y conduzcan al pueblo a ella, ya que la liturgia, por su naturaleza, está muy por encima de ellos" (SC 13).
1676 Se necesita un discernimiento pastoral para sostener y apoyar la religiosidad popular y, llegado el caso, para purificar y rectificar el sentido religioso que subyace en estas devociones y para hacerlas progresar en el conocimiento del Misterio de Cristo. Su ejercicio está sometido al cuidado y al juicio de los obispos y a las normas generales de la Iglesia (cf CT 54).
«La religiosidad del pueblo, en su núcleo, es un acervo de valores que responde con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia. La sapiencia popular católica tiene una capacidad de síntesis vital; así lleva conjunta y creadoramente lo divino y lo humano; Cristo y María, espíritu y cuerpo; comunión e institución; persona y comunidad; fe y patria, inteligencia y afecto. Esa sabiduría es un humanismo cristiano que afirma radicalmente la dignidad de toda persona como hijo de Dios, establece una fraternidad fundamental, enseña a encontrar la naturaleza y a comprender el trabajo y proporciona las razones para la alegría y el humor, aun en medio de una vida muy dura. Esa sabiduría es también para el pueblo un principio de discernimiento, un instinto evangélico por el que capta espontáneamente cuándo se sirve en la Iglesia al Evangelio y cuándo se lo vacía y asfixia con otros intereses (III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Puebla. la Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina, 448; cf EN 48).
Resumen
1677 Se llaman sacramentales los signos sagrados instituidos por la Iglesia cuyo fin es preparar a los hombres para recibir el fruto de los sacramentos y santificar las diversas circunstancias de la vida.
1678 Entre los sacramentales, las bendiciones ocupan un lugar importante. Comprenden a la vez la alabanza de Dios por sus obras y sus dones, y la intercesión de la Iglesia para que los hombres puedan hacer uso de los dones de Dios según el espíritu de los Evangelios.
1679 Además de la liturgia, la vida cristiana se nutre de formas variadas de piedad popular, enraizadas en las distintas culturas. Esclareciéndolas a la luz de la fe, la Iglesia favorece aquellas formas de religiosidad popular que expresan mejor un sentido evangélico y una sabiduría humana, y que enriquecen la vida cristiana.
Sobre esta sección del Catecismo
Nos encontramos en el Capítulo Cuarto de la Segunda Sección del Catecismo, dedicado a las celebraciones litúrgicas distintas de los siete sacramentos. Este artículo presenta los sacramentales: signos sagrados instituidos por la Iglesia que, a imitación de los sacramentos, expresan efectos espirituales obtenidos por su intercesión. La sección trata también la religiosidad popular, tan viva en muchos pueblos. Importa al creyente porque muestra cómo la gracia de la Pascua de Cristo alcanza las circunstancias más ordinarias de la vida: la mesa, la casa, el trabajo, el viaje y los momentos de prueba.
Ideas clave
- Los sacramentales son signos sagrados instituidos por la Iglesia.
- No confieren la gracia como los sacramentos, pero disponen a recibirla.
- Proceden del sacerdocio bautismal de todos los fieles.
- Entre ellos ocupan el primer lugar las bendiciones.
- El exorcismo pide, en nombre de Cristo, la protección contra el Maligno.
- La religiosidad popular prolonga la liturgia, pero no la sustituye.
Reflexión
Existe una tentación recurrente entre los creyentes: separar lo sagrado de lo cotidiano. Parecería que Dios solo habita en la iglesia, en la misa, en los grandes momentos. Los sacramentales vienen a desmentir esa separación. Al bendecir la mesa, la casa o el trabajo, la Iglesia confiesa que ninguna hora de la vida queda fuera del alcance de la gracia.
Conviene, sin embargo, entender bien su lugar. Los sacramentales no son fórmulas mágicas ni amuletos que garanticen resultados automáticos. Su fuerza brota de la oración de la Iglesia y supone un corazón dispuesto. Una medalla bendecida no sustituye la fe; la recuerda y la alimenta. Un agua bendita no borra el pecado; orienta el corazón hacia el Bautismo. Son, más bien, manos que señalan hacia el misterio pascual de Cristo, de donde todo sacramento y todo sacramental recibe su poder.
El Catecismo se detiene además en la piedad popular: las peregrinaciones, el rosario, las procesiones, la veneración de las reliquias. Son expresiones sencillas y hondas de un pueblo que sabe rezar con el cuerpo y con el corazón. La liturgia está por encima de ellas, pero se alegra de reconocer en esa sabiduría popular un verdadero instinto evangélico.
Cómo vivirlo hoy
Vive la bendición como algo propio. Bendice tu mesa antes de comer, aunque sea con una sola frase; bendice tu casa al entrar o al salir; bendice a tus hijos antes de dormir. No son gestos vacíos: son actos de fe que ponen tu día bajo la mirada de Dios.
Si tienes objetos religiosos —un crucifijo, un rosario, una medalla—, trátalos con respeto y sin superstición, recordando que su valor está en la oración que representan. Y si participas de peregrinaciones o devociones populares, hazlo con sentido eclesial, uniéndolas a la Eucaristía y a la vida de tu comunidad.
Oración
Padre bueno, tú bendices a tus hijos con toda clase de bendiciones en Cristo. Que cada rincón de nuestra casa y cada hora de nuestra jornada queden tocados por tu gracia. Guarda a nuestras familias del mal y enséñanos a bendecirte en todo momento. Amén.