Catecismo de la Iglesia Católica

Artículo 2: Creemos

Sección #6

Este segundo artículo del capítulo sobre la respuesta del hombre a Dios completa lo dicho sobre la fe con una afirmación esencial: nadie cree solo. La fe es un acto personal, pero

Catecismo de la Iglesia Católica

PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE

PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS»

CAPÍTULO TERCERO LA RESPUESTA DEL HOMBRE A DIOS

ARTÍCULO 2 CREEMOS

166 La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela. Pero la fe no es un acto aislado. Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la fe de otro, debe transmitirla a otro. Nuestro amor a Jesús y a los hombres nos impulsa a hablar a otros de nuestra fe. Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros.

167 "Creo" (Símbolo de los Apóstoles): Es la fe de la Iglesia profesada personalmente por cada creyente, principalmente en su bautismo. "Creemos" (Símbolo de Nicea-Constantinopla, en el original griego): Es la fe de la Iglesia confesada por los obispos reunidos en Concilio o, más generalmente, por la asamblea litúrgica de los creyentes. "Creo", es también la Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios por su fe y que nos enseña a decir: "creo", "creemos".

I "Mira, Señor, la fe de tu Iglesia"

168 La Iglesia es la primera que cree, y así conduce, alimenta y sostiene mi fe. La Iglesia es la primera que, en todas partes, confiesa al Señor (Te per orbem terrarum sancta confitetur Ecclesia, —A Ti te confiesa la Santa Iglesia por toda la tierra— cantamos en el himno Te Deum), y con ella y en ella somos impulsados y llevados a confesar también : "creo", "creemos". Por medio de la Iglesia recibimos la fe y la vida nueva en Cristo por el bautismo. En el Ritual Romano, el ministro del bautismo pregunta al catecúmeno: "¿Qué pides a la Iglesia de Dios?" Y la respuesta es: "La fe". "¿Qué te da la fe?" "La vida eterna".

169 La salvación viene solo de Dios; pero puesto que recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia, ésta es nuestra madre: "Creemos en la Iglesia como la madre de nuestro nuevo nacimiento, y no en la Iglesia como si ella fuese el autor de nuestra salvación" (Fausto de Riez, De Spiritu Sancto, 1,2: CSEL 21, 104). Porque es nuestra madre, es también la educadora de nuestra fe.

II El lenguaje de la fe

170 No creemos en las fórmulas, sino en las realidades que estas expresan y que la fe nos permite "tocar". "El acto [de fe] del creyente no se detiene en el enunciado, sino en la realidad [enunciada]" (Santo Tomás de Aquino, S.Th., 2-2, q.1, a. 2, ad 2). Sin embargo, nos acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe. Estas permiten expresar y transmitir la fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y vivir de ella cada vez más.

171 La Iglesia, que es "columna y fundamento de la verdad" (1 Tm3,15), guarda fielmente "la fe transmitida a los santos de una vez para siempre" (cf. Judas3). Ella es la que guarda la memoria de las palabras de Cristo, la que transmite de generación en generación la confesión de fe de los apóstoles. Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a comprender y a comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de la fe.

III Una sola fe

172 Desde siglos, a través de muchas lenguas, culturas, pueblos y naciones, la Iglesia no cesa de confesar su única fe, recibida de un solo Señor, transmitida por un solo bautismo, enraizada en la convicción de que todos los hombres no tienen más que un solo Dios y Padre (cf. Ef 4,4-6). San Ireneo de Lyon, testigo de esta fe, declara:

173 "La Iglesia, diseminada por el mundo entero hasta los confines de la tierra, recibió de los Apóstoles y de sus discípulos la fe... guarda diligentemente la predicación... y la fe recibida, habitando como en una única casa; y su fe es igual en todas partes, como si tuviera una sola alma y un solo corazón, y cuanto predica, enseña y transmite, lo hace al unísono, como si tuviera una sola boca" (Adversus haereses, 1, 10,1-2).

174 "Porque, aunque las lenguas difieren a través del mundo, el contenido de la Tradición es uno e idéntico. Y ni las Iglesias establecidas en Germania tienen otro fe u otra Tradición, ni las que están entre los iberos, ni las que están entre los celtas, ni las de Oriente, de Egipto, de Libia, ni las que están establecidas en el centro el mundo..." (Ibíd.). "El mensaje de la Iglesia es, pues, verídico y sólido, ya que en ella aparece un solo camino de salvación a través del mundo entero" (Ibíd. 5,20,1).

175 "Esta fe que hemos recibido de la Iglesia, la guardamos con cuidado, porque sin cesar, bajo la acción del Espíritu de Dios, como un contenido de gran valor encerrado en un vaso excelente, rejuvenece y hace rejuvenecer el vaso mismo que la contiene" (Ibíd., 3,24,1).

Resumen

176 La fe es una adhesión personal del hombre entero a Dios que se revela. Comprende una adhesión de la inteligencia y de la voluntad a la Revelación que Dios ha hecho de sí mismo mediante sus obras y sus palabras.

177 "Creer" entraña, pues, una doble referencia: a la persona y a la verdad; a la verdad por confianza en la persona que la atestigua.

178 No debemos creer en ningún otro que no sea Dios, Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

179 La fe es un don sobrenatural de Dios. Para creer, el hombre necesita los auxilios interiores del Espíritu Santo.

180 "Creer" es un acto humano, consciente y libre, que corresponde a la dignidad de la persona humana.

181 "Creer" es un acto eclesial. La fe de la Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. La Iglesia es la Madre de todos los creyentes. "Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre" (San Cipriano de Cartago, De Ecclesiae catholicae unitate, 6: PL 4,503A).

182 "Creemos todas aquellas cosas que se contienen en la Palabra de Dios escrita o transmitida y son propuestas por la Iglesia,para ser creídas como divinamente reveladas" (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios, 20).

183 La fe es necesaria para la salvación. El Señor mismo lo afirma: "El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará" (Mc 16,16).

184 "La fe,es un gusto anticipado del conocimiento que nos hará bienaventurados en la vida futura" (S. Tomás de A., Compendium theologiae, 1,2).

El Credo

Símbolo de los ApóstolesCredo de Nicea-Constantinopla Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; padeció bajo el poder de Poncio Pilato fue crucificado, muerto y sepultado, y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

Sobre esta sección del Catecismo

Este segundo artículo del capítulo sobre la respuesta del hombre a Dios completa lo dicho sobre la fe con una afirmación esencial: nadie cree solo. La fe es un acto personal, pero no aislado; se recibe de otros y se transmite a otros. El Catecismo presenta a la Iglesia como madre y educadora que nos enseña el lenguaje de la fe, subraya la unidad de la única fe confesada por pueblos y culturas distintas, y cierra con un resumen de todo lo enseñado sobre el creer cristiano.

Ideas clave

  • La fe es un acto personal, pero nadie puede creer solo.
  • El creyente ha recibido la fe de otro y debe transmitirla a otro.
  • La Iglesia es la primera que cree y conduce, alimenta y sostiene mi fe.
  • La Iglesia, nuestra madre, nos enseña el lenguaje de la fe.
  • No creemos en las fórmulas, sino en las realidades que estas expresan.
  • Una sola fe, un solo Señor, un solo bautismo, un solo Dios y Padre.

Reflexión

Existe una tentación muy extendida: pensar que la fe es una convicción privada, algo que cada uno construye con su experiencia y sus lecturas. El Catecismo la desmonta con una imagen sencilla: nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. Somos eslabones de una cadena, sostenidos por la fe de otros y llamados a sostener la de otros.

Llamar madre a la Iglesia puede chocar hoy, pero expresa algo real: ella nos dio a luz en el bautismo, nos enseñó a hablar con Dios y nos alimenta con los sacramentos. La fórmula creo y creemos no son alternativas, sino dos caras de un mismo acto. Creo personalmente, pero dentro de un pueblo. Y ese pueblo no me ahoga: me sostiene cuando mi fe flaquea.

El Catecismo añade una advertencia sabia: no creemos en las palabras de las fórmulas, sino en las realidades que designan. Las fórmulas son necesarias —sin ellas no podríamos comunicar ni celebrar la fe—, pero son puertas, no destinos. Quien las repite sin pasar por ellas se queda en la superficie; quien las ama como caminos encuentra a Aquel de quien hablan.

Cómo vivirlo hoy

Pregúntate hoy quién sostiene tu fe y a quién sostiene la tuya. Agradece expresamente a una persona que te haya ayudado a creer: un familiar, un catequista, un amigo. Un mensaje o una llamada puede ser una forma de reconocer ese eslabón.

Y asume la parte que te corresponde. No dejes la transmisión de la fe solo a los sacerdotes y catequistas: en tu casa, en tu trabajo, en tu grupo de amigos, tu manera de vivir habla. Procura también rezar en comunidad, no solo a solas. La fe personal se vuelve resistente cuando se celebra y se comparte con otros.

Oración

Padre, gracias por la Iglesia que me dio la fe y me sostiene en ella. No permitas que sea un eslabón roto en esta cadena de creyentes. Hazme capaz de transmitir con mi vida lo que he recibido, y dame humildad para dejarme sostener cuando mi fe se debilite. Amén.