Catecismo de la Iglesia Católica

Artículo 4: La moralidad de los actos humanos

Sección #60

Este artículo sigue en el Capítulo Primero de la Tercera Parte, sobre la dignidad de la persona humana. Si el artículo anterior trataba la libertad, este explica cómo esa libertad

Catecismo de la Iglesia Católica

TERCERA PARTE LA VIDA EN CRISTO

PRIMERA SECCIÓN LA VOCACIÓN DEL HOMBRE: LA VIDA EN EL ESPÍRITU

CAPÍTULO PRIMERO LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

ARTÍCULO 4 LA MORALIDAD DE LOS ACTOS HUMANOS

1749 La libertad hace del hombre un sujeto moral. Cuando actúa de manera deliberada, el hombre es, por así decirlo, el padre de sus actos. Los actos humanos, es decir, libremente realizados tras un juicio de conciencia, son calificables moralmente: son buenos o malos.

I. Fuentes de la moralidad

1750 La moralidad de los actos humanos depende:

— del objeto elegido; — del fin que se busca o la intención; — de las circunstancias de la acción.

El objeto, la intención y las circunstancias forman las “fuentes” o elementos constitutivos de la moralidad de los actos humanos.

1751 El objetoelegido es un bien hacia el cual tiende deliberadamente la voluntad. Es la materia de un acto humano. El objeto elegido especifica moralmente el acto del querer, según que la razón lo reconozca y lo juzgue conforme o no conforme al bien verdadero. Las reglas objetivas de la moralidad enuncian el orden racional del bien y del mal, atestiguado por la conciencia.

1752 Frente al objeto, la intenciónse sitúa del lado del sujeto que actúa. La intención, por estar ligada a la fuente voluntaria de la acción y por determinarla en razón del fin, es un elemento esencial en la calificación moral de la acción. El fin es el término primero de la intención y designa el objetivo buscado en la acción. La intención es un movimiento de la voluntad hacia un fin; mira al término del obrar. Apunta al bien esperado de la acción emprendida. No se limita a la dirección de cada una de nuestras acciones tomadas aisladamente, sino que puede también ordenar varias acciones hacia un mismo objetivo; puede orientar toda la vida hacia el fin último. Por ejemplo, un servicio que se hace a alguien tiene por fin ayudar al prójimo, pero puede estar inspirado al mismo tiempo por el amor de Dios como fin último de todas nuestras acciones. Una misma acción puede, pues, estar inspirada por varias intenciones como hacer un servicio para obtener un favor o para satisfacer la vanidad.

1753 Una intención buena (por ejemplo: ayudar al prójimo) no hace ni bueno ni justo un comportamiento en sí mismo desordenado (como la mentira y la maledicencia). El fin no justifica los medios. Así, no se puede justificar la condena de un inocente como un medio legítimo para salvar al pueblo. Por el contrario, una intención mala sobreañadida (como la vanagloria) convierte en malo un acto que, de suyo, puede ser bueno (como la limosna) (cf Mt6, 2-4).

1754 Las circunstancias, comprendidas en ellas las consecuencias, son los elementos secundarios de un acto moral. Contribuyen a agravar o a disminuir la bondad o la malicia moral de los actos humanos (por ejemplo, la cantidad de dinero robado). Pueden también atenuar o aumentar la responsabilidad del que obra (como actuar por miedo a la muerte). Las circunstancias no pueden de suyo modificar la calidad moral de los actos; no pueden hacer ni buena ni justa una acción que de suyo es mala.

II. Los actos buenos y los actos malos

1755 El acto moralmente buenosupone a la vez la bondad del objeto, del fin y de las circunstancias. Una finalidad mala corrompe la acción, aunque su objeto sea de suyo bueno (como orar y ayunar para ser visto por los hombres).

El objeto de la elecciónpuede por sí solo viciar el conjunto de todo el acto. Hay comportamientos concretos —como la fornicación— que siempre es un error elegirlos, porque su elección comporta un desorden de la voluntad, es decir, un mal moral.

1756 Es, por tanto, erróneo juzgar de la moralidad de los actos humanos considerando sólo la intención que los inspira o las circunstancias (ambiente, presión social, coacción o necesidad de obrar, etc.) que son su marco. Hay actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias y de las intenciones, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto; por ejemplo, la blasfemia y el perjurio, el homicidio y el adulterio. No está permitido hacer el mal para obtener un bien.

Resumen

1757 El objeto, la intención y las circunstancias constituyen las tres “fuentes”; de la moralidad de los actos humanos.

1758 El objeto elegido especifica moralmente el acto de la voluntad según que la razón lo reconozca y lo juzgue bueno o malo.

1759 “No se puede justificar una acción mala por el hecho de que la intención sea buena” (S. Tomás de Aquino, In duo praecepta caritatis et in decem Legis praecepta expositio, c. 6). El fin no justifica los medios.

1760 El acto moralmente bueno supone a la vez la bondad del objeto, del fin y de las circunstancias.

1761 Hay comportamientos concretos cuya elección es siempre errada porque esta comporta un desorden de la voluntad, es decir, un mal moral. No está permitido hacer un mal para obtener un bien.

Sobre esta sección del Catecismo

Este artículo sigue en el Capítulo Primero de la Tercera Parte, sobre la dignidad de la persona humana. Si el artículo anterior trataba la libertad, este explica cómo esa libertad se traduce en actos que pueden ser moralmente buenos o malos. El Catecismo presenta las tres fuentes de la moralidad —el objeto elegido, la intención y las circunstancias— y distingue los actos buenos de los malos. Importa al creyente porque le enseña a juzgar con verdad sus propias acciones, sin reducir la moral a las buenas intenciones ni a las circunstancias favorables.

Ideas clave

  • La libertad hace del hombre un sujeto moral y responsable de sus actos.
  • Los actos humanos libremente realizados son calificables como buenos o malos.
  • El objeto elegido, la intención y las circunstancias son fuentes de la moralidad.
  • Una intención buena no convierte en bueno un comportamiento desordenado.
  • El fin nunca justifica los medios empleados para alcanzarlo.
  • Hay actos que, por su objeto, son siempre gravemente ilícitos.

Reflexión

Con frecuencia juzgamos nuestras acciones solo por la intención: yo lo hice con buena voluntad. El Catecismo nos enseña que la bondad moral es más exigente. No basta querer el bien; hay que hacerlo bien. El acto humano tiene tres fuentes —el objeto, la intención y las circunstancias— y las tres deben estar ordenadas al bien para que la acción sea buena.

La afirmación más fuerte de esta sección es que el fin no justifica los medios. Una intención noble no vuelve honesta una mentira ni justifica condenar a un inocente por un bien mayor. Hay actos que, por sí mismos, son siempre ilícitos, con independencia de las circunstancias y de las intenciones: la blasfemia, el perjurio, el homicidio, el adulterio. Reconocer esto protege al hombre de la trampa de justificarlo todo.

Al mismo tiempo, el Catecismo no cae en un rigorismo frío. Reconoce que las circunstancias pueden agravar o disminuir la responsabilidad, y que la intención puede orientar toda una vida hacia su fin último. La moral cristiana no busca solo actos correctos, sino un corazón recto que se exprese en actos coherentes.

Cómo vivirlo hoy

Antes de una decisión importante, examina las tres fuentes. Pregúntate qué vas a hacer objetivamente, con qué intención lo haces y en qué circunstancias. Si el objeto es malo, ninguna buena intención lo salvará: busca otro camino.

Vigila especialmente la tentación de justificar pequeños males por fines nobles: una mentira útil, un atajo deshonesto, un chisme que ayuda a entender la situación. Aprende a llamar a las cosas por su nombre. Y cuando descubras que has obrado mal, no te defiendas con excusas: reconoce la verdad, pide perdón y enmienda.

Oración

Señor, tú eres la verdad y el bien. Dame un corazón recto y una mirada limpia para juzgar mis actos con verdad. Líbrame de justificar el mal con buenas intenciones y enséñame a hacer siempre el bien, del modo y en el momento que tú quieres. Amén.