Catecismo de la Iglesia Católica

Artículo 6: « Jesucristo subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso »

Sección #25

Este artículo cierra la parte del Credo dedicada a los misterios de Cristo con su Ascensión: subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre. El Catecismo explica que se t

Catecismo de la Iglesia Católica

PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE

SEGUNDA SECCIÓN: LA PROFESIÓN DE LA FE CRISTIANA

CAPÍTULO SEGUNDO CREO EN JESUCRISTO, HIJO ÚNICO DE DIOS

ARTÍCULO 6 “JESUCRISTO SUBIÓ A LOS CIELOS, Y ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DE DIOS, PADRE TODOPODEROSO”

659 "Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios" (Mc16, 19). El Cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de su Resurrección como lo prueban las propiedades nuevas y sobrenaturales, de las que desde entonces su cuerpo disfruta para siempre (cf. Lc24, 31; Jn 20, 19. 26). Pero durante los cuarenta días en los que él come y bebe familiarmente con sus discípulos (cf. Hch10, 41) y les instruye sobre el Reino (cf. Hch1, 3), su gloria aún queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria (cf. Mc 16,12; Lc24, 15; Jn 20, 14-15; 21, 4). La última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube (cf. Hch1, 9; cf. también Lc9, 34-35; Ex13, 22) y por el cielo (cf. Lc24, 51) donde él se sienta para siempre a la derecha de Dios (cf. Mc 16, 19; Hch2, 33; 7, 56; cf. también Sal110, 1). Sólo de manera completamente excepcional y única, se muestra a Pablo "como un abortivo" (1 Co15, 8) en una última aparición que constituye a éste en apóstol (cf. 1 Co9, 1; Ga1, 16).

660 El carácter velado de la gloria del Resucitado durante este tiempo se transparenta en sus palabras misteriosas a María Magdalena: "Todavía... no he subido al Padre. Vete donde los hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios" (Jn 20, 17). Esto indica una diferencia de manifestación entre la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre. El acontecimiento a la vez histórico y transcendente de la Ascensión marca la transición de una a otra.

661 Esta última etapa permanece estrechamente unida a la primera es decir, a la bajada desde el cielo realizada en la Encarnación. Solo el que "salió del Padre" puede "volver al Padre": Cristo (cf. Jn 16,28). "Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre" (Jn 3, 13; cf, Ef 4, 8-10). Dejada a sus fuerzas naturales, la humanidad no tiene acceso a la "Casa del Padre" (Jn 14, 2), a la vida y a la felicidad de Dios. Sólo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre, "ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino" (Prefacio de la Ascensión del Señor, I: Misa Romano).

662 "Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí"(Jn12, 32). La elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Ascensión al cielo. Es su comienzo. Jesucristo, el único Sacerdote de la Alianza nueva y eterna, "no... penetró en un Santuario hecho por mano de hombre..., sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro" (Hb9, 24). En el cielo, Cristo ejerce permanentemente su sacerdocio. "De ahí que pueda salvar perfectamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor"(Hb7, 25). Como "Sumo Sacerdote de los bienes futuros"(Hb9, 11), es el centro y el oficiante principal de la liturgia que honra al Padre en los cielos (cf. Ap4, 6-11).

663 Cristo, desde entonces, está sentado a la derecha del Padre: "Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada" (San Juan Damasceno, Expositio fidei, 75 [De fide orthodoxa, 4, 2]: PG 94, 1104).

664 Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto del Hijo del hombre: "A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás" (Dn7, 14). A partir de este momento, los Apóstoles se convirtieron en los testigos del "Reino que no tendrá fin" (Símbolo de Niceno-Constantinopolitano: DS 150).

Resumen

665 La ascensión de Jesucristo marca la entrada definitiva de la humanidad de Jesús en el dominio celeste de Dios de donde ha de volver (cf. Hch 1, 11), aunque mientras tanto lo esconde a los ojos de los hombres (cf. Col 3, 3).

666 Jesucristo, cabeza de la Iglesia, nos precede en el Reino glorioso del Padre para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos en la esperanza de estar un día con Él eternamente.

667 Jesucristo, habiendo entrado una vez por todas en el santuario del cielo, intercede sin cesar por nosotros como el mediador que nos asegura permanentemente la efusión del Espíritu Santo.

Sobre esta sección del Catecismo

Este artículo cierra la parte del Credo dedicada a los misterios de Cristo con su Ascensión: subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre. El Catecismo explica que se trata de la entrada definitiva de su humanidad en la gloria divina, y de algo más: Cristo no se ha ido a un lugar lejano, sino que ejerce desde allí su sacerdocio eterno intercediendo por nosotros. Al creyente le ofrece una doble certeza: que nuestra humanidad ya está en Dios, y que tenemos un mediador vivo que no deja de orar por nosotros.

Ideas clave

  • La Ascensión marca la entrada definitiva de la humanidad de Jesús en la gloria.
  • Solo el que salió del Padre podía volver al Padre.
  • Cristo ha querido precedernos como cabeza para que le sigamos.
  • Sentado a la derecha del Padre significa la gloria y el honor de la divinidad.
  • En el cielo Cristo ejerce permanentemente su sacerdocio en favor nuestro.
  • Su reino es un imperio eterno que no será destruido jamás.

Reflexión

La Ascensión no es una despedida, aunque lo parezca. Cristo no asciende para alejarse, sino para llevar nuestra humanidad consigo hasta el corazón de Dios. Eso significa que en el cielo hay ahora un cuerpo humano, el suyo, el que nació en Belén y fue crucificado. Nuestra carne, con sus heridas y su historia, ha sido admitida en la gloria. Es la mayor dignidad imaginable para lo humano.

Y desde allí no deja de actuar. El Catecismo insiste en una idea consoladora: Cristo es sacerdote para siempre y está siempre vivo para interceder por nosotros. Su oración no cesa. En un mundo donde tantas cosas parecen depender de nuestras fuerzas, saber que alguien nos representa ante el Padre con autoridad y amor cambia la manera de vivir y de esperar.

Su reino, además, es de otro orden. No se impone con ejércitos ni se sostiene con poder político, sino que crece en los corazones donde se le obedece por amor. Sentarse a la derecha del Padre significa que todo lo que hagamos por Él, aunque sea pequeño y escondido, participa de una victoria ya ganada. Trabajamos, sí, pero no para vencer: porque Él ya venció.

Cómo vivirlo hoy

Levanta la mirada de tus problemas de vez en cuando. Cuando te sientas solo o desbordado, recuerda que tienes un intercesor que no duerme. Puedes confiarle tus causas difíciles con la seguridad de que están en buenas manos.

Vive también con sentido de peregrinación: no te instales en este mundo como si fuera definitivo. Que tus decisiones, tu manera de gastar, de trabajar y de descansar reflejen que vas hacia algo mayor. Y cuando el mal parezca ganar terreno, no te desanimes: su reino no será destruido. Trabaja con esperanza, sin amargura y sin prisas, sabiendo que el final ya está decidido por quien está sentado a la derecha del Padre.

Oración

Señor Jesucristo, que subiste a los cielos y estás sentado a la derecha del Padre, gracias por llevar nuestra humanidad hasta la gloria. Intercede por mí, especialmente cuando me sienta solo o cansado. Ayúdame a vivir como peregrino, con el corazón puesto en tu Reino, y a esperar con confianza el día de estar contigo para siempre. Amén.