Catecismo de la Iglesia Católica

LA ORACIÓN DEL SEÑOR: « PADRE NUESTRO »

Sección #98

Con esta segunda sección comienza la exposición del Padrenuestro, la oración que Jesús entregó a sus discípulos cuando le pidieron: «Maestro, enséñanos a orar». El Catecismo presen

Catecismo de la Iglesia Católica

CUARTA PARTE LA ORACIÓN CRISTIANA

SEGUNDA SECCIÓN LA ORACIÓN DEL SEÑOR: “PADRE NUESTRO"

2759 «Estando él [Jesús] en cierto lugar orando, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Maestro, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos”» (Lc11, 1). En respuesta a esta petición, el Señor confía a sus discípulos y a su Iglesia la oración cristiana fundamental. San Lucas da de ella un texto breve (con cinco peticiones [cf Lc11, 2-4]), San Mateo una versión más desarrollada (con siete peticiones [cf Mt 6, 9-13]). La tradición litúrgica de la Iglesia ha conservado el texto de San Mateo:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

2760 Muy pronto, la práctica litúrgica concluyó la oración del Señor con una doxología. En la Didaché (8, 2) se afirma: “Tuyo es el poder y la gloria por siempre”. Las Constituciones apostólicas (7, 24, 1) añaden en el comienzo: “el reino”: y ésta la fórmula actual para la oración ecuménica. La tradición bizantina añade después un gloria al “Padre, Hijo y Espíritu Santo”. El misal romano desarrolla la última petición (cf. Rito de la Comunión, [Embolismo] Misal Romano) en la perspectiva explícita de “mientras esperamos (Tt 2, 13) la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo”; después se hace la aclamación de la asamblea, volviendo a tomar la doxología de las Constituciones apostólicas.

Sobre esta sección del Catecismo

Con esta segunda sección comienza la exposición del Padrenuestro, la oración que Jesús entregó a sus discípulos cuando le pidieron: «Maestro, enséñanos a orar». El Catecismo presenta primero el texto mismo, en la versión de san Mateo conservada por la liturgia, y señala que san Lucas transmite una forma más breve. Menciona también la doxología final, añadida muy pronto por la práctica de la Iglesia. Importa porque sitúa al creyente ante la oración cristiana fundamental, la que resume y ordena todas las demás.

Ideas clave

  • Los discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar, y Él responde con el Padrenuestro.
  • San Lucas transmite un texto breve de cinco peticiones; san Mateo, uno más desarrollado.
  • La tradición litúrgica de la Iglesia conservó el texto de san Mateo.
  • Muy pronto la práctica litúrgica concluyó la oración del Señor con una doxología.
  • La fórmula actual incluye la mención del reino, el poder y la gloria.
  • El misal romano desarrolla la última petición esperando la venida gloriosa del Salvador.

Reflexión

Hay algo conmovedor en el origen del Padrenuestro. No nace de un tratado, sino de una petición: un discípulo ve orar a Jesús y le pide que le enseñe. Quiere aprender a orar como su Maestro. Y Jesús, en lugar de disertar sobre la oración, entrega palabras. El Padrenuestro es, ante todo, un regalo: la oración que el Hijo pone en labios de sus hermanos.

Los evangelios conservan dos versiones, y la Iglesia no las ve como una contradicción, sino como una riqueza. Lucas ofrece un texto breve, de cinco peticiones; Mateo, una forma más desarrollada, con siete. La liturgia adoptó la de Mateo, y con el tiempo la oración se completó con una doxología: la alabanza final que reconoce el poder y la gloria de Dios. Así, la oración de petición desemboca naturalmente en alabanza.

Conviene notar que la Iglesia no añadió la doxología por costumbre ornamental. Al añadirla, expresó algo profundo: quien pide a Dios no lo hace como quien reclama a un deudor, sino como quien se dirige a Aquel a quien pertenecen el reino, el poder y la gloria. La súplica cristiana termina siempre en adoración, porque el que escucha es Dios.

Cómo vivirlo hoy

Reza el Padrenuestro cada día, pero no de corrido ni por rutina: detente en cada petición, aunque sea brevemente, y deja que una de ellas te acompañe durante la jornada.

Si te cuesta, divídelo: por la mañana las tres primeras peticiones, por la tarde las cuatro últimas. Y al terminar, no te olvides de la alabanza final: reconoce con tus palabras que el reino, el poder y la gloria son de Dios. Esa sencilla doxología cambia el tono de toda tu oración.

Oración

Padre nuestro que estás en el cielo, gracias por habernos enseñado a orar con las palabras de tu Hijo. Que nunca las pronuncie por costumbre, sino con el corazón despierto. Y que mi vida entera sea una alabanza a tu Nombre, porque tuyos son el reino, el poder y la gloria. Amén.