Catecismo de la Iglesia Católica

LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN

Sección #48

Este capítulo presenta los dos sacramentos de curación: la Penitencia y la Unción de los enfermos. La vida nueva recibida en la iniciación cristiana se lleva en «vasos de barro»: e

Catecismo de la Iglesia Católica

SEGUNDA PARTE LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO CRISTIANO

SEGUNDA SECCIÓN: LOS SIETE SACRAMENTOS DE LA IGLESIA

CAPÍTULO SEGUNDO LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN

1420 Por los sacramentos de la iniciación cristiana, el hombre recibe la vida nueva de Cristo. Ahora bien, esta vida la llevamos en "vasos de barro" (2 Co4,7). Actualmente está todavía "escondida con Cristo en Dios" (Col3,3). Nos hallamos aún en "nuestra morada terrena" (2 Co 5,1), sometida al sufrimiento, a la enfermedad y a la muerte. Esta vida nueva de hijo de Dios puede ser debilitada e incluso perdida por el pecado.

1421 El Señor Jesucristo, médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, que perdonó los pecados al paralítico y le devolvió la salud del cuerpo (cf Mc2,1-12), quiso que su Iglesia continuase, en la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y de salvación, incluso en sus propios miembros. Este es finalidad de los dos sacramentos de curación: del sacramento de la Penitencia y de la Unción de los enfermos.

Sobre esta sección del Catecismo

Este capítulo presenta los dos sacramentos de curación: la Penitencia y la Unción de los enfermos. La vida nueva recibida en la iniciación cristiana se lleva en «vasos de barro»: está expuesta al sufrimiento, a la enfermedad, a la muerte y, sobre todo, al pecado, que puede debilitarla e incluso perderla. Por eso Cristo, médico de las almas y de los cuerpos, quiso que su Iglesia continuara su obra de curación. Estos dos sacramentos responden a dos heridas concretas, el pecado y la enfermedad, y muestran la misericordia de Dios hacia el hombre frágil.

Ideas clave

  • La vida nueva de Cristo se lleva en vasos de barro.
  • El pecado puede debilitar e incluso perder la vida de hijo de Dios.
  • Cristo, médico de almas y cuerpos, quiso continuar su obra de curación.
  • La Penitencia y la Unción de los enfermos son los sacramentos de curación.
  • Dios no abandona al hombre herido por el pecado y por la enfermedad.

Reflexión

La expresión «vasos de barro» resume con realismo nuestra condición. Hemos recibido un tesoro inmenso, pero lo llevamos en una vasija frágil. No somos ángeles: somos personas de carne, expuestas al cansancio, a la enfermedad, a la tentación y a la caída. Reconocerlo no es pesimismo, sino verdad.

Precisamente por eso la misericordia de Dios no es un tema secundario en la fe, sino su centro. Él sabía cómo somos. Podría haber exigido una pureza imposible y habernos dejado solos; prefirió quedarse con nosotros en la fragilidad, ofreciendo caminos de curación. Los dos sacramentos de curación son la prueba tangible de ese designio.

Hay una ternura enorme en el hecho de que Cristo se presente como médico. Un médico no juzga a su paciente: lo escucha, lo examina, lo trata. Dios no se escandaliza de nuestras heridas. Nos espera en ellas, y desde ellas nos levanta. La Iglesia entera, con estos sacramentos, se convierte en enfermería de campaña para un mundo herido.

Cómo vivirlo hoy

Reconoce sin dramatismos que necesitas curación: nadie es tan fuerte como para no caer. No dejes que la vergüenza te aleje de los sacramentos; precisamente la vergüenza es el síntoma que pide remedio.

Acércate con regularidad a la confesión, y si tienes algún enfermo en casa o en la familia, no dudes en llamar al sacerdote para la Unción. Acompaña a los que sufren con visitas concretas, no solo con palabras. Y trata con delicadeza a quien ha fallado: la misericordia que recibes debería reflejarse en la que das.

Oración

Señor Jesús, médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, tú conoces mis heridas y mis caídas. No permitas que la vergüenza me aleje de tu misericordia; sáname, levántame y enséñame a tratar con la misma ternura a los que sufren. Amén.