Curso Bíblico

Antiguo Testamento

Estudio de la Biblia. Antiguo Testamento.

Sección #1 · Formación paso a paso

Antiguo Testamento

Conclusión al Antiguo Testamento

Capítulo 14 de 14

Conclusión al Antiguo Testamento

Antiguo Testamento

CONCLUSIÓN AL ANTIGUO TESTAMENTO

Los libros del Antiguo Testamento pretenden mostrarnos lo mucho que Dios nos ama, cómo quiso hacer una Alianza con nosotros para llevarnos a una vida de comunión con Él. Este proyecto divino convierte la historia de Israel, y nuestra historia, en “Historia de Salvación”. Todos los libros del Antiguo Testamento, desde diferentes puntos, remiten al Mesías, Jesucristo, que aparece en la “plenitud de los tiempos”. Cristo es el eje de toda la Biblia, el que da sentido a todos los hechos de la historia de salvación.

Todo comienza con el pueblo de Israel. ¿Por qué él, si es un pequeño pueblo, de poco interés para la historia de las grandes civilizaciones, como fueron Egipto, Siria, Persia y Roma? Porque Dios así lo quiso. La pequeñez de la historia de este insignificante pueblo fue objeto de la maravillosa acción salvífica del Señor. Dios lo escogió para hacerle “Su Pueblo”, del que vendría para todos los hombres su mismo Hijo, el Salvador. Dios guió con su mano providencial la historia de Israel, infundió su Espíritu en sus escritos y literatura, que se convirtieron así en Palabra de Dios.

Los escritos del Antiguo Testamento tienen su origen en la tradición oral del pueblo. Es importante este hecho, pues la historia antigua de Israel fue transmitida oralmente de padres a hijos. Y se empezó a escribir la historia del pueblo de Dios hacia el año 1000 a.C., es decir, en el tiempo del rey David. Todas las épocas anteriores, la de los patriarcas, la de Moisés, la de los jueces, la del rey Saúl, se transmitían oralmente.

Esto no quiere decir que no hubiera entonces documentos escritos. Se conservan trozos de historia muy antigua (p.e. el código de la Alianza: Éxodo 20 y Deuteronomio 5) y poemas...y alrededor de estas piezas antiguas se transmitían oralmente la historia, los ritos, las costumbres y la fe de ese pueblo.

Una vez que David y sobre todo Salomón, dieron importancia a los escribas en el Reino de Israel, llegó la hora que todos esos materiales de tradición oral pudieron cristalizarse en escritos y libros.

Los 50 años de destierro de Babilonia fueron decisivos para este pueblo de Israel. Era el año 587. Israel había perdido todo: su tierra, su templo, su rey. ¿Perdería también su fe en Dios? Ciro, rey de los Persas, en el 538, da libertad a los judíos, y vuelven a Palestina. La Comunidad, purificada por el sufrimiento del destierro, vive pobremente. Y durante los 500 años que siguen, hasta llegar a Jesús, el pueblo repasa varias veces su historia: se lee y se recopilan los escritos y los libros de la ley. Los mismos sabios, bajo la inspiración de Dios, nos ofrecen obras doctrinales maravillosas: Proverbios, Job, Tobías, etc.

En el año 333 a.C. Alejandro de Macedonia conquista los pueblos de Medio Oriente, incluida Palestina, y extiende por todas partes la cultura y la lengua griegas. En el año 167 a.C. un sucesor de Alejandro intenta obligar, bajo pena de muerte, a los judíos a renegar de su fe. Es la época de los mártires de Israel, en el libro de los Macabeos. El pueblo conquista su libertad en el año 165 a.C. Es la época de Daniel. En el año 63 a.C. Roma conquista Palestina y pone a Herodes como su representante. Ya estamos en el umbral de la “plenitud de los tiempos” . ¡Nace Jesús!

Sobre este capítulo

Este capítulo cierra el curso del Antiguo Testamento con una mirada de conjunto. Repasa cómo se formaron los libros sagrados, desde la tradición oral hasta la redacción escrita, y cómo la historia de Israel se convierte en historia de salvación. Muestra que todo el Antiguo Testamento converge en Cristo, eje y plenitud de la revelación. Al estudiante le deja una síntesis que ordena lo aprendido y lo dispone para entrar en el Nuevo Testamento.

Ideas clave

  • El Antiguo Testamento muestra el amor de Dios y su Alianza con los hombres.
  • La historia de Israel se convierte en historia de salvación por la acción de Dios.
  • Los libros sagrados nacieron de la tradición oral antes de ser puestos por escrito.
  • El destierro de Babilonia fue decisivo para la recopilación de los escritos.
  • Todos los libros del Antiguo Testamento remiten a Cristo, plenitud de los tiempos.
  • Dios guió con su providencia la historia de un pueblo pequeño y escogido.

Reflexión

Al terminar el Antiguo Testamento, queda una impresión de asombro. Dios eligió a un pueblo pequeño, sin importancia para las grandes civilizaciones de su tiempo, y a través de él preparó la salvación de todos. No escogió lo poderoso ni lo brillante: escogió lo débil y lo humilde, y escribió con su historia una carta dirigida a toda la humanidad. Esa es la lógica de Dios, que se repite en toda la Escritura y que todavía hoy desconcierta.

Es hermoso descubrir cómo la Palabra fue tomando forma. Primero fue memoria viva, transmitida de padres a hijos, cantada en las fiestas, rezada en el templo. Después, cuando el pueblo maduró y la necesidad lo exigió, esa memoria se escribió. De este modo, la revelación no cayó del cielo como un libro terminado: creció en la vida de un pueblo creyente. Esto nos enseña a valorar la Tradición, que sostiene y transmite lo que Dios ha dicho.

Y sobre todo, al cerrar este recorrido, descubrimos que todo apuntaba a Cristo. La Ley, los profetas, los salmos, la sabiduría: todo converge en Aquel que da sentido a cada página. Leer el Antiguo Testamento sin ver a Cristo es detenerse a mitad de camino. Leerlo con los ojos de la fe es descubrir que Dios llevaba siglos preparando el encuentro.

Cómo aprovechar esta lección

Haz una síntesis personal del Antiguo Testamento. En una hoja, escribe las tres o cuatro ideas que más han marcado tu recorrido por el curso, y junto a cada una anota una decisión concreta que quieras tomar. La memoria escrita ayuda a que lo aprendido no se disuelva con el tiempo.

Antes de pasar al Nuevo Testamento, cuida la oración. Toma un salmo o un pasaje profético y léelo pidiendo al Espíritu Santo que te muestre a Cristo escondido en esas páginas. Y asume un compromiso sencillo: leer cada día un fragmento de la Escritura, aunque sea breve, para que la Palabra siga siendo luz en tu vida.

Oración

Señor, gracias por habernos hablado a lo largo de los siglos y por preparar con paciencia la venida de tu Hijo. Abre nuestros ojos para reconocer a Cristo en cada página de la Escritura y danos docilidad para escuchar tu Palabra y vivirla. Amén.