La Ilustración y los cambios políticos pusieron en cuestión la influencia social de la Iglesia. Se vivieron procesos de secularización, conflictos entre Iglesia y Estado y restricciones a la vida religiosa. Sin embargo, la Iglesia también respondió con renovaciones pastorales y sociales.
Se fortaleció la doctrina social católica con el magisterio sobre la dignidad humana, la justicia y el trabajo. El papado, aunque enfrentó desafíos políticos, siguió siendo guía espiritual para millones de fieles.
En este período surgieron nuevas congregaciones y movimientos laicales, impulsando la educación, la salud y la caridad. La fe se vivió también en medio de la persecución y el testimonio silencioso de comunidades enteras.