Obispo de Roma y sucesor de San Pedro. Preside la comunión de toda la Iglesia y confirma a los hermanos en la fe. Su servicio es de unidad: garantiza la fidelidad al Evangelio y la continuidad de la tradición apostólica.
Convoca sínodos y concilios, promulga enseñanzas para toda la Iglesia y nombra obispos. Su misión no es solo administrativa, sino profundamente pastoral: cuidar la fe, promover la caridad y animar la evangelización.