Las Letanías Lauretanas son una invocación solemne a la Virgen María. Se rezan especialmente en el mes de mayo, en procesiones y en la vida devocional.
La Oración
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de las vírgenes, ruega por nosotros.
Madre de Cristo, ruega por nosotros.
Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.
Madre de la misericordia, ruega por nosotros.
Madre de la divina gracia, ruega por nosotros.
Madre de la esperanza, ruega por nosotros.
Madre purísima, ruega por nosotros.
Madre castísima, ruega por nosotros.
Madre virginal, ruega por nosotros.
Madre sin mancha, ruega por nosotros.
Madre inmaculada, ruega por nosotros.
Madre amable, ruega por nosotros.
Madre admirable, ruega por nosotros.
Madre del buen consejo, ruega por nosotros.
Madre del Creador, ruega por nosotros.
Madre del Salvador, ruega por nosotros.
Virgen prudentísima, ruega por nosotros.
Virgen digna de veneración, ruega por nosotros.
Virgen digna de alabanza, ruega por nosotros.
Virgen poderosa, ruega por nosotros.
Virgen clemente, ruega por nosotros.
Virgen fiel, ruega por nosotros.
Espejo de justicia, ruega por nosotros.
Sede de la sabiduría, ruega por nosotros.
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.
Vaso espiritual, ruega por nosotros.
Vaso de honor, ruega por nosotros.
Vaso insigne de devoción, ruega por nosotros.
Rosa mística, ruega por nosotros.
Torre de David, ruega por nosotros.
Torre de marfil, ruega por nosotros.
Casa de oro, ruega por nosotros.
Arca de la alianza, ruega por nosotros.
Puerta del cielo, ruega por nosotros.
Estrella de la mañana, ruega por nosotros.
Salud de los enfermos, ruega por nosotros.
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros.
Consuelo de los migrantes, ruega por nosotros.
Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros.
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
Reina de los ángeles, ruega por nosotros.
Reina de los patriarcas, ruega por nosotros.
Reina de los profetas, ruega por nosotros.
Reina de los apóstoles, ruega por nosotros.
Reina de los mártires, ruega por nosotros.
Reina de los confesores, ruega por nosotros.
Reina de las vírgenes, ruega por nosotros.
Reina de todos los santos, ruega por nosotros.
Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros.
Reina asunta a los cielos, ruega por nosotros.
Reina del sacratísimo Rosario, ruega por nosotros.
Reina de la paz, ruega por nosotros.
Reina de la familia, ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros.
V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Oremos:
Concédenos, Señor y Dios nuestro, que podamos gozar de la salud del alma y del cuerpo, y por la intercesión de la Santísima Virgen María, líbranos de las tristezas de este mundo y danos la eterna alegría. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Sobre esta oración
Las Letanías Lauretanas son la letanía mariana más conocida de la Iglesia y reciben su nombre del santuario de Loreto, en Italia. En su forma actual son una sucesión de invocaciones breves a la Virgen, respondidas con la súplica «ruega por nosotros». Se rezan al terminar el Rosario, en las procesiones y vigilias marianas, y muy especialmente durante el mes de mayo, el mes dedicado a María. Su tono es solemne y sereno: no es una oración de petición urgente, sino de contemplación y alabanza.
Lo que conviene saber
- Reciben su nombre del santuario de Loreto, en Italia, donde se rezaban.
- La Santa Sede aprobó esta letanía a finales del siglo XVI.
- Su estructura es muy antigua: invocaciones breves y una respuesta común.
- Muchos de sus títulos proceden de la Escritura: arca, torre, puerta, estrella.
- Los papas han añadido invocaciones a lo largo de los siglos, como Reina de la paz.
- Termina mirando al Cordero de Dios, es decir, a Cristo.
Reflexión
Una letanía no es una lista de elogios. Es una forma antigua de oración en la que la comunidad repite y, al repetir, contempla. Cada título de las Letanías Lauretanas es una ventana: «Arca de la alianza» recuerda el cofre donde Israel guardaba la presencia de Dios; «Puerta del cielo» evoca la escala de Jacob; «Estrella de la mañana» señala a quien anuncia el amanecer. María no es alabada por sí misma, sino por lo que Dios hizo en ella.
La respuesta es siempre la misma: «ruega por nosotros». Ese plural es decisivo. Quien reza estas letanías no reza solo; se coloca dentro de un pueblo que camina, y pide la intercesión de María para todos, no únicamente para sí. La Iglesia no pide a la Virgen que sustituya a Dios, sino que ore con nosotros y por nosotros ante Él.
El final corrige cualquier desvío: después de los títulos de Reina, la letanía se vuelve al «Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo». Toda la alabanza a María desemboca en Cristo. Y la petición última es doble: salud del alma y del cuerpo, liberación de las tristezas de este mundo y alegría eterna. La letanía enseña así a pedir lo de ahora sin dejar de pedir lo definitivo.
Cómo rezarla hoy
Las Letanías Lauretanas piden espacio y calma, así que conviene rezarlas sin prisa, alternando los títulos con alguien o respondiendo en silencio. En familia o en grupo funcionan mejor: una voz dice la invocación y todos responden. Si se rezan a solas, basta detenerse en cada título y dejar que uno de ellos ilumine el día. En mayo, al caer la tarde, son una forma sencilla de encomendar a los enfermos, los migrantes y los que sufren, tres intenciones que la propia letanía nombra. Si cuesta seguirlas, no hay que rezarlas enteras: elegir un bloque, por ejemplo los títulos de Madre, y meditarlos despacio.
Oración final
Padre de misericordia, que miraste la humildad de tu sierva y obraste en ella grandes cosas, concédenos, por su intercesión, un corazón que te alabe sin cansarse. Guarda a los enfermos, consuela a los afligidos y sostén a quienes han dejado su tierra. Que caminemos juntos hacia la puerta del cielo y lleguemos un día a la alegría que no termina. Amén.