San Francisco renunció a todo por seguir a Cristo pobre y crucificado. Su vida fue un reflejo del Evangelio: amó a los leprosos, predicó a los pájaros, abrazó a los pobres. Su humildad era tan grande que se llamaba a sí mismo 'el hermano menor'. En sus últimos años, recibió los estigmas de Jesús. Francisco nos enseña que la verdadera riqueza es la pobreza evangélica, que la verdadera alegría está en seguir a Cristo, que el poder más grande es el amor humilde. Que sepamos, como Francisco, despojarnos de todo para poseer el único tesoro que vale la pena: Cristo.
Fuente: Vida de San Francisco de Asís