Giovanni Zavatta – Ciudad del Vaticano
«¡Que el Señor nos conceda la paz!». También desde Salzburgo —donde concluye hoy, 30 de octubre, la asamblea plenaria del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa— se eleva el llamamiento por una paz justa y duradera en Ucrania y en todas las zonas de guerra. «Nuestro continente europeo está afrontando el mayor conflicto militar desde la Segunda Guerra Mundial. Nadie puede permanecer indiferente ante las atrocidades que se están perpetrando en Ucrania. Es más, nunca debemos acostumbrarnos a semejantes violaciones flagrantes de las normas de civilización», subrayan los obispos.
Seguir el ejemplo de San Francisco de Asís
En el 800.º aniversario de la muerte de San Francisco de Asís, «verdadero discípulo de Jesucristo, justamente considerado maestro de paz y reconciliación», el CCEE recuerda que la paz se construye mediante el perdón, la oración y gestos concretos de reconciliación.
«La verdadera paz no puede imponerse; no es un acuerdo que haya que suscribir. Comienza en el corazón humano», escribe, expresando su cercanía a todas las víctimas de las guerras, la violencia y los desplazamientos forzosos, así como a cuantos miran al futuro con miedo e incertidumbre.
Unirse a la súplica de León XIV
La CCEE se une al Papa León XIV para invocar una paz «desarmada y desarmante, humilde y perseverante». Hace pocos días, con ocasión del 40.º aniversario del Encuentro Internacional de Asís, el Pontífice reiteró que «no existe ninguna guerra santa: ¡solo la paz es santa!».
Por ello, concluyen los presidentes de los episcopados europeos: «Animamos a todas las personas de buena voluntad a comprometerse en una auténtica labor de construcción de la paz. Y nos unimos al Santo Padre en su súplica: “¡Que nuestras oraciones obtengan de Dios la anhelada paz para todos los países del mundo! Que Él haga de nosotros instrumentos desarmados de su paz”».
Monseñor Grušas, confirmado como presidente
Ayer, la asamblea confirmó como presidente para el quinquenio 2026-2031 al arzobispo de Vilna, Gintaras Grušas, y eligió como vicepresidentes al arzobispo de Armagh, Eamon Martin, y al arzobispo de Zagreb, Dražen Kutleša.
Monseñor Grušas, al introducir los trabajos de la asamblea plenaria, dedicada al tema Evangelización y sinodalidad: la misión de los sacerdotes de hoy en Europa, señaló que la evangelización y la sinodalidad constituyen una única perspectiva misionera: la evangelización expresa el porqué de la misión de la Iglesia, mientras que la sinodalidad indica el cómo, a través de la comunión, la escucha y el discernimiento compartido.
Al hablar de la misión de los sacerdotes, el presidente destacó la importancia de la formación integral y permanente, así como de la amistad con las familias en la transmisión de la fe. Asimismo, invitó a renovar las relaciones, las estructuras y las prioridades pastorales para que los sacerdotes puedan vivir con alegría su propia vocación al servicio de la evangelización.
El cardenal Grech, sobre el proceso sinodal en las Iglesias locales
En Salzburgo intervino el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo, quien profundizó en la importancia de las Iglesias locales en el proceso sinodal y en su fase de aplicación.
Cada diócesis es una manifestación viva de la Iglesia —afirmó el purpurado—, en la que se anuncia el Evangelio, se celebran los sacramentos y los fieles se reúnen en comunión con Cristo. Cada una aporta dones y experiencias que ninguna otra comunidad puede ofrecer en su lugar y que enriquecen a todo el cuerpo eclesial.
Y, mirando hacia la Asamblea Eclesial de octubre de 2028 en el Vaticano, Grech invitó a las Iglesias de Europa a reconocerse como destinatarias y portadoras de un don para toda la Iglesia, contribuyendo a construir la unidad y la reconciliación.
El cardenal You y la misión de los sacerdotes de hoy en Europa
Ayer, durante los trabajos de la asamblea, tomó la palabra el cardenal Lazzaro You Heung-sik, prefecto del Dicasterio para el Clero, quien intervino sobre el tema La misión de los sacerdotes de hoy en Europa a la luz de Evangelii gaudium. El purpurado recordó la necesidad de contar con sacerdotes capaces de acompañar con misericordia, servir a los pobres y tender puentes mediante el diálogo.
La fraternidad sacerdotal sigue siendo fundamental: el presbiterio debe ser una familia y un hogar donde nadie se quede solo, concluyó.
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