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Una paz justa, segura y duradera se asienta sobre un único pilar: el desarme. Y el camino necesario para alcanzarla, y llegar a la eliminación total de las armas nucleares, lo ofrece el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, el TPNW. Por ello, la Santa Sede hace un llamamiento a todos los Estados que aún no lo hayan hecho para que se adhieran al mismo, manteniendo siempre en el centro de la reflexión «las catastróficas consecuencias humanitarias y medioambientales del uso de las armas nucleares», cuyos «efectos devastadores y de gran alcance trascenderían las fronteras y las generaciones». La exhortación llegó ayer, 1 de mayo, desde la Misión Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Nueva York, con motivo de la XI Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares, que se celebra desde el 27 de abril y hasta el próximo 22 de mayo.
Una paz duradera
«En una época de creciente tensión sobre los cimientos de la seguridad internacional», argumenta, resulta necesario «considerar las condiciones esenciales para una paz duradera». El desarme nuclear pretende superar «un modelo de seguridad basado en el miedo, en la amenaza de la fuerza y en la perpetuación de la vulnerabilidad recíproca», que nunca podrá ser «una base estable y duradera para la paz» .
La Santa Sede observa, por tanto, lo que se define como «tendencias preocupantes», tales como «el resurgimiento de la retórica nuclear, la expansión y modernización de los arsenales nucleares y la evolución de las doctrinas de disuasión de formas que corren el riesgo de rebajar los umbrales de intervención».
A esto se suma la erosión de los acuerdos tanto sobre el control de armamentos como sobre el desarme, «que durante mucho tiempo han contribuido a la estabilidad, la transparencia y la confianza».
Eliminar las armas nucleares
La eliminación total de las armas nucleares, según se afirma, «no es una aspiración lejana, sino una responsabilidad necesaria que exige medidas concretas y creíbles, encaminadas a alcanzar una paz más justa, segura y duradera».
Al manifestar su preocupación por «la rápida integración de las tecnologías emergentes, incluida la inteligencia artificial, en los sistemas nucleares», la Misión Permanente reitera, en consecuencia, «la necesidad de promover medidas de reducción del riesgo nuclear y de distensión», teniendo presente la necesidad de limitar «el papel de las armas nucleares en las doctrinas de seguridad», y la importancia de «aumentar la transparencia y reforzar los canales de comunicación».