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México, los obispos: Los migrantes, entre las principales víctimas de la trata de personas

En un mensaje, la Comisión Episcopal para la Pastoral Social denuncia la gravedad de esta nueva forma de esclavitud, así como las discriminaciones y los abusos, sobre todo en los lugares de trabajo. Delitos que se ven favorecidos por la indiferencia y la impunidad

01 de agosto de 2026

Noticias del Vaticano

Giovanni Zavatta - Ciudad del Vaticano

«La trata de personas debe reconocerse como una forma contemporánea de esclavitud y como una grave violación de la dignidad humana» y «no reaccionar con firmeza ni tolerar de ningún modo estas prácticas significa, en cierta medida, hacerse cómplice hoy de los pecados cometidos ayer». El Día Internacional contra la Trata de Personas, celebrado el pasado 30 de julio, fue la ocasión para que la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Cáritas Nacional denunciaran una vez más las discriminaciones y los abusos de los que, en México, son víctimas especialmente los migrantes, los agricultores, las poblaciones indígenas y las comunidades afroméxicanas.

Una lacra agravada por la xenofobia y el racismo

En un mensaje firmado por monseñor Eugenio Andrés Lira Rugarcía, presidente de la Pastoral de la Movilidad Humana, y por monseñor José Hirais Acosta Beltrán, presidente de la Pastoral de los Pueblos Originarios y Afro-mexicanos, se subraya que este delito afecta sobre todo a los sectores más vulnerables de la población (especialmente los grupos antes mencionados) en forma de trata de personas y de órganos para financiar actividades ilícitas. Además, las organizaciones obligan a las víctimas a colaborar con los cárteles de la droga bajo amenazas constantes. Los traficantes —escriben los obispos— someten a las personas mediante la prostitución y el trabajo doméstico en zonas turísticas e industriales. La xenofobia y el racismo agravan la situación de estas poblaciones, pero son sobre todo la falta de protección estatal y la inacción institucional las que favorecen la impunidad de los grupos criminales y facilitan el «reclutamiento». Las víctimas sufren opresión y coacción en los lugares de trabajo, llegando incluso a sufrir el «impago de los salarios», mientras permanecen atrapadas en redes de cautiverio.

«Todos formamos una única familia»

Ante tal situación, se pone de manifiesto la importancia de la solidaridad humana, señalan los obispos, quienes, citando Génesis 4, 9, recuerdan que la Palabra de Dios nos interpela con la pregunta: «¿Sabes dónde está tu hermano? ¿Conoces sus condiciones de trabajo?». La recomendación a los ciudadanos es que rechacen la explotación laboral, sexual y doméstica en todas sus formas y que eviten el consumo de productos fabricados con trabajo forzoso en la región. Sin embargo, para lograr un cambio efectivo, es necesario que las instituciones apoyen las iniciativas de prevención, orientación y protección. «Todos formamos una única familia», señala además la Comisión Episcopal, explicando que la participación de los ciudadanos es fundamental para erradicar este problema social: «la trata de personas no es invencible» si las comunidades logran unir sus fuerzas de manera eficaz. De ahí el llamamiento a no perder la esperanza, pues juntos —concluye el mensaje— «podemos derrotarla y hacer de este mundo un lugar mejor para la humanidad».

La realidad de los pueblos indígenas y afrodescendientes

En un foro reciente titulado ¿Dónde está tu hermano? Trata de personas: una primera mirada a la realidad de los pueblos indígenas y afrodescendientes, que reunió a agentes pastorales procedentes también de Panamá, Ecuador, Guatemala y Honduras, se puso de manifiesto que, en México, 45 de cada 100 víctimas de la trata pertenecen a comunidades indígenas. La explotación sexual y laboral, especialmente en el sector agrícola (cada vez con mayor frecuencia a través de ofertas falsas difundidas en las redes sociales), los matrimonios forzados y el reclutamiento de adolescentes para actividades delictivas son los delitos más comunes. En el marco del foro se propuso reforzar la coordinación entre parroquias, diócesis, regiones pastorales y conferencias episcopales, ampliar los procesos de formación de los agentes pastorales y utilizar los medios digitales como herramientas de sensibilización y denuncia.

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