Giovanni Zavatta - Ciudad del Vaticano
Hay una violencia visible y una violencia invisible. La primera se manifiesta en forma de tensiones crecientes, enfrentamientos físicos, muertos y heridos. La segunda es menos evidente, pero igualmente grave, y forma parte del contexto de fondo del conflicto: en este caso se identifica con "los altos niveles de contaminación que afectan a las comunidades, la falta de una asistencia sanitaria adecuada" y con "condiciones de pobreza multidimensional".
Quien habla es monseñor Miguel Ángel Cadenas Cardo, vicario apostólico de Iquitos, capital del departamento de Loreto y principal centro de la Amazonía peruana. En una declaración, ha comentado los trágicos hechos de los últimos días ocurridos a lo largo del río Corrientes, donde los enfrentamientos con la población indígena han provocado la muerte de un agente de la Policía Nacional y varios heridos.
Los habitantes (más concretamente el pueblo achuar de la comunidad de Providencia) relatan que el conflicto se agravó tras la intervención de la Policía para liberar un pequeño petrolero, junto con su tripulación, retenido por los indígenas y por el que se había exigido un rescate. Estos últimos -que en un comunicado han condenado cualquier recurso a la violencia- afirman vivir en condiciones de abandono y solicitan financiación para la mejora de los servicios sanitarios, la educación y los bienes de primera necesidad.
Las palabras del vicario apostólico de Iquitos
En una declaración fechada el 28 de abril, monseñor Cadenas Cardo expresó su pésame por la muerte del agente asesinado y señaló que "esta desgarradora noticia visibiliza la violencia en la que vivimos y se ve reflejada en nuestro cuerpo".
"Nada puede justificar una muerte. Asimismo, hay algunas personas desaparecidas (...)".
Según el obispo, entre otras cosas, la denominada "zona petrolera" se extiende mucho más allá de los actuales yacimientos de extracción, debido a la movilidad de los ecosistemas y a la presencia de pozos abandonados o mal sellados que han dejado rastros de contaminación en varios ríos. La degradación afecta a las personas y a la biodiversidad: plantas, animales, peces y microorganismos que constituyen la base del abastecimiento alimentario de las comunidades. "Todo está conectado e interconectado", afirma, al describir un territorio impregnado de dinámicas económicas que implican dinero, transporte fluvial, deuda y acceso desigual a recursos como Internet.
Reflexionar sobre las causas estructurales de la violencia y desarmar el lenguaje
Los estudios técnicos independientes sobre las consecuencias en la zona no han ido seguidos de políticas públicas eficaces. «¿Se ha descontaminado algún territorio? ¿Se han generado fuentes de ingresos alternativas para que la gente no dependa exclusivamente del petróleo? Claramente no», responde Cadenas Cardo, subrayando que en el centro del conflicto se esconde una lógica económica que privilegia el lucro por encima de la vida humana.
El vicario apostólico de Iquitos recuerda al Papa Francisco y su encíclica Laudato si’, en la que identifica la existencia de "una única y compleja crisis socioambiental".
Años de diálogos infructuosos, acuerdos incumplidos, una creciente desconfianza entre las comunidades y las autoridades: aunque "comprender no significa justificar", el deseo es una reflexión más profunda sobre las causas estructurales de la violencia, es la esperanza de un nuevo comienzo basado en la paz indisolublemente ligada a la justicia. "Debemos desarmar el lenguaje", declaró posteriormente monseñor Cadenas Cardo en una emisora de radio local, citando el llamamiento del Papa León XIV a construir una "paz desarmada y desarmante" e insistiendo en que la violencia y el odio solo generan más violencia y más odio, mientras que el diálogo permite alcanzar soluciones sostenibles.