Novena católica
Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa
Novena a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, basada en las apariciones a Santa Catalina Labouré en 1830. Se medita en las virtudes de la Virgen y se pide su intercesión, haciendo propia la oración: 'Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti'.
Día 1 Día Primero - El Anuncio del Ángel
Aprender a confiar plenamente en la voluntad de Dios
Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa - Día Primero
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios Nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para todos los días
Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.
Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del Cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.
Lectura bíblica
Lucas 1, 26-31: Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús».
Meditación
Cuando María recibió el anuncio del ángel y aceptó los planes de Dios, no conocía muchos detalles, pero se puso ciegamente en las manos de su Señor. Ese será el mérito de nuestra fe: confiar plenamente en la bondad y providencia divinas, así como Ella confió sin reservas.
Breve historia
En una medianoche iluminada con luz celeste como de Nochebuena —la del 18 de julio de 1830— se apareció por primera vez la Virgen Santísima a Santa Catalina Labouré, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl. Y le habló a la santa de las desgracias y calamidades del mundo con tanta pena y compasión que se le anudaba la voz en la garganta y le saltaban las lágrimas de los ojos. ¡Cómo nos ama nuestra Madre del Cielo! ¡Cómo siente las penas de cada uno de sus hijos! Que tu recuerdo y tu medalla, Virgen Milagrosa, sean alivio y consuelo de todos los que sufren y lloran en desamparo.
Súplica a Nuestra Señora
Oh, Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, al contemplarte de brazos abiertos esparciendo gracias sobre aquellos que te las piden, llenos de la más viva confianza en tu poderosa y segura intercesión, innumerables veces manifestada por la Medalla Milagrosa, aún reconociendo nuestra indignidad por causa de nuestras numerosas culpas, osamos acercamos a tus pies para exponerte durante esta novena nuestras más apremiantes necesidades... (Aquí se hace la petición de la gracia que se desea obtener).
Escucha, pues, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, este favor que confiados te solicitamos para mayor gloria de Dios, engrandecimiento de tu nombre y bien de nuestras almas. Y para mejor servir a tu Divino Hijo, inspíranos un profundo odio al pecado y danos el coraje de afirmarnos siempre verdaderamente cristianos. Así sea.
Santísima Virgen, yo creo y confieso tu santa Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Oh, purísima Virgen María!, por tu Concepción Inmaculada y gloriosa prerrogativa de Madre de Dios, alcánzame de tu amado Hijo la humildad, la caridad, la obediencia, la castidad, la santa pureza de corazón, de cuerpo y espíritu, la perseverancia en la práctica del bien, una buena vida y una santa muerte. Así sea.
Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias
Se rezan tres veces el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria y la jaculatoria: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Acto de Consagración a la Virgen de la Medalla Milagrosa
¡Oh, Virgen Madre de Dios, María Inmaculada!, nosotros te ofrecemos y consagramos, bajo el título de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra alma y todos nuestros bienes espirituales y temporales. Haz que esta Medalla sea para cada uno de nosotros una señal cierta de tu afecto y un recuerdo imperecedero de nuestros deberes hacia ti. Y que al llevar tu Medalla nos guíe siempre tu amable protección y nos conserve en la gracia de tu divino Hijo. ¡Oh, poderosísima Virgen, Madre de nuestro Salvador!, consérvanos unidos a ti en todos los momentos de nuestra vida. Alcánzanos a todos nosotros, tus hijos, la gracia de una buena muerte, a fin de que, juntos contigo, podamos gozar un día de la celeste beatitud. Amén.
Oración final
Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! tu corazón fue traspasado junto con el corazón de tu Hijo y ahora no cesas de interceder por nosotros.
Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio de la evangelización.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Día 2 Día Segundo - La Visitación
Aprender a servir con prontitud y alegría
Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa - Día Segundo
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios Nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para todos los días
Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.
Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del Cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.
Lectura bíblica
Lucas 1, 39-45: Por aquellos días, María se levantó y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo y exclamó con gran voz: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Porque apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. ¡Dichosa la que ha creído que se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».
Meditación
María, al saber que su prima Isabel estaba encinta, no dudó en ponerse en camino para ayudarla. Su corazón estaba siempre atento a las necesidades de los demás. La Visitación nos enseña la caridad fraterna y la prontitud para servir, virtudes que debemos imitar en nuestra vida diaria.
Breve historia
El 27 de noviembre de 1830, la Virgen se apareció nuevamente a Santa Catalina Labouré. La santa la vio de pie sobre un globo terráqueo, con rayos de luz que salían de sus manos engarzadas de piedras preciosas. Alrededor se leía una inscripción: «Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti». La Virgen le pidió que acuñara una medalla con esa imagen, prometiendo abundantes gracias para quienes la llevaran con confianza.
Súplica a Nuestra Señora
Oh, Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, al contemplarte de brazos abiertos esparciendo gracias sobre aquellos que te las piden, llenos de la más viva confianza en tu poderosa y segura intercesión, innumerables veces manifestada por la Medalla Milagrosa, aún reconociendo nuestra indignidad por causa de nuestras numerosas culpas, osamos acercamos a tus pies para exponerte durante esta novena nuestras más apremiantes necesidades... (Aquí se hace la petición de la gracia que se desea obtener).
Escucha, pues, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, este favor que confiados te solicitamos para mayor gloria de Dios, engrandecimiento de tu nombre y bien de nuestras almas. Y para mejor servir a tu Divino Hijo, inspíranos un profundo odio al pecado y danos el coraje de afirmarnos siempre verdaderamente cristianos. Así sea.
Santísima Virgen, yo creo y confieso tu santa Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Oh, purísima Virgen María!, por tu Concepción Inmaculada y gloriosa prerrogativa de Madre de Dios, alcánzame de tu amado Hijo la humildad, la caridad, la obediencia, la castidad, la santa pureza de corazón, de cuerpo y espíritu, la perseverancia en la práctica del bien, una buena vida y una santa muerte. Así sea.
Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias
Se rezan tres veces el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria y la jaculatoria: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Acto de Consagración a la Virgen de la Medalla Milagrosa
¡Oh, Virgen Madre de Dios, María Inmaculada!, nosotros te ofrecemos y consagramos, bajo el título de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra alma y todos nuestros bienes espirituales y temporales. Haz que esta Medalla sea para cada uno de nosotros una señal cierta de tu afecto y un recuerdo imperecedero de nuestros deberes hacia ti. Y que al llevar tu Medalla nos guíe siempre tu amable protección y nos conserve en la gracia de tu divino Hijo. ¡Oh, poderosísima Virgen, Madre de nuestro Salvador!, consérvanos unidos a ti en todos los momentos de nuestra vida. Alcánzanos a todos nosotros, tus hijos, la gracia de una buena muerte, a fin de que, juntos contigo, podamos gozar un día de la celeste beatitud. Amén.
Oración final
Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! tu corazón fue traspasado junto con el corazón de tu Hijo y ahora no cesas de interceder por nosotros.
Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio de la evangelización.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Día 3 Día Tercero - El Nacimiento de Jesús
Aprender a valorar la pobreza y la sencillez
Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa - Día Tercero
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios Nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para todos los días
Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.
Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del Cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.
Lectura bíblica
Lucas 2, 1-7: Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este empadronamiento fue el primero que se realizó siendo Quirino gobernador de Siria. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Sucedió que mientras estaban allí, se le cumplieron los días del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.
Meditación
María, en la pobreza de un establo, da a luz al Salvador del mundo. No hay lujos, solo amor, humildad y entrega. La Virgen nos enseña que lo esencial no es lo material, sino recibir a Jesús en el corazón. Aprendamos de Ella a valorar las cosas sencillas y a hacer de nuestra vida un pesebre donde Cristo pueda nacer.
Breve historia
Santa Catalina Labouré, en su humildad, solo contó a su confesor, el padre Aladel, lo que había visto. Él, tras mucha prudencia, llevó el asunto al arzobispo de París, quien aprobó la acuñación de la Medalla. La primera remesa de 1.500 medallas se distribuyó en 1832. Pronto comenzaron a relatarse innumerables conversiones, curaciones y favores celestiales. El pueblo la llamó «la Medalla Milagrosa».
Súplica a Nuestra Señora
Oh, Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, al contemplarte de brazos abiertos esparciendo gracias sobre aquellos que te las piden, llenos de la más viva confianza en tu poderosa y segura intercesión, innumerables veces manifestada por la Medalla Milagrosa, aún reconociendo nuestra indignidad por causa de nuestras numerosas culpas, osamos acercamos a tus pies para exponerte durante esta novena nuestras más apremiantes necesidades... (Aquí se hace la petición de la gracia que se desea obtener).
Escucha, pues, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, este favor que confiados te solicitamos para mayor gloria de Dios, engrandecimiento de tu nombre y bien de nuestras almas. Y para mejor servir a tu Divino Hijo, inspíranos un profundo odio al pecado y danos el coraje de afirmarnos siempre verdaderamente cristianos. Así sea.
Santísima Virgen, yo creo y confieso tu santa Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Oh, purísima Virgen María!, por tu Concepción Inmaculada y gloriosa prerrogativa de Madre de Dios, alcánzame de tu amado Hijo la humildad, la caridad, la obediencia, la castidad, la santa pureza de corazón, de cuerpo y espíritu, la perseverancia en la práctica del bien, una buena vida y una santa muerte. Así sea.
Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias
Se rezan tres veces el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria y la jaculatoria: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Acto de Consagración a la Virgen de la Medalla Milagrosa
¡Oh, Virgen Madre de Dios, María Inmaculada!, nosotros te ofrecemos y consagramos, bajo el título de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra alma y todos nuestros bienes espirituales y temporales. Haz que esta Medalla sea para cada uno de nosotros una señal cierta de tu afecto y un recuerdo imperecedero de nuestros deberes hacia ti. Y que al llevar tu Medalla nos guíe siempre tu amable protección y nos conserve en la gracia de tu divino Hijo. ¡Oh, poderosísima Virgen, Madre de nuestro Salvador!, consérvanos unidos a ti en todos los momentos de nuestra vida. Alcánzanos a todos nosotros, tus hijos, la gracia de una buena muerte, a fin de que, juntos contigo, podamos gozar un día de la celeste beatitud. Amén.
Oración final
Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! tu corazón fue traspasado junto con el corazón de tu Hijo y ahora no cesas de interceder por nosotros.
Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio de la evangelización.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Día 4 Día Cuarto - La Presentación en el Templo
Aprender a ofrecer nuestra vida a Dios
Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa - Día Cuarto
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios Nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para todos los días
Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.
Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del Cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.
Lectura bíblica
Lucas 2, 22-32: Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, como está dicho en la Ley del Señor. Y había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, fue al Templo. Y cuando los padres introducían al niño Jesús para cumplir con él lo que ordenaba la Ley, lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
Meditación
María cumple la Ley presentando a Jesús en el Templo. Su corazón, lleno de gozo, escucha también la profecía de la espada que traspasará su alma. Nos enseña a ofrecer a Dios todo lo que somos y tenemos, confiando en su voluntad, aunque no comprendamos sus designios.
Breve historia
Al difundirse la Medalla Milagrosa, se multiplicaron los testimonios de su poder. En 1836, un tribunal eclesiástico declaró auténticas las apariciones. La devoción se extendió por el mundo, y la Medalla se convirtió en un signo de protección y de fe en la intercesión de la Virgen Inmaculada, preparando el camino para la definición dogmática de la Inmaculada Concepción en 1854.
Súplica a Nuestra Señora
Oh, Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, al contemplarte de brazos abiertos esparciendo gracias sobre aquellos que te las piden, llenos de la más viva confianza en tu poderosa y segura intercesión, innumerables veces manifestada por la Medalla Milagrosa, aún reconociendo nuestra indignidad por causa de nuestras numerosas culpas, osamos acercamos a tus pies para exponerte durante esta novena nuestras más apremiantes necesidades... (Aquí se hace la petición de la gracia que se desea obtener).
Escucha, pues, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, este favor que confiados te solicitamos para mayor gloria de Dios, engrandecimiento de tu nombre y bien de nuestras almas. Y para mejor servir a tu Divino Hijo, inspíranos un profundo odio al pecado y danos el coraje de afirmarnos siempre verdaderamente cristianos. Así sea.
Santísima Virgen, yo creo y confieso tu santa Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Oh, purísima Virgen María!, por tu Concepción Inmaculada y gloriosa prerrogativa de Madre de Dios, alcánzame de tu amado Hijo la humildad, la caridad, la obediencia, la castidad, la santa pureza de corazón, de cuerpo y espíritu, la perseverancia en la práctica del bien, una buena vida y una santa muerte. Así sea.
Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias
Se rezan tres veces el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria y la jaculatoria: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Acto de Consagración a la Virgen de la Medalla Milagrosa
¡Oh, Virgen Madre de Dios, María Inmaculada!, nosotros te ofrecemos y consagramos, bajo el título de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra alma y todos nuestros bienes espirituales y temporales. Haz que esta Medalla sea para cada uno de nosotros una señal cierta de tu afecto y un recuerdo imperecedero de nuestros deberes hacia ti. Y que al llevar tu Medalla nos guíe siempre tu amable protección y nos conserve en la gracia de tu divino Hijo. ¡Oh, poderosísima Virgen, Madre de nuestro Salvador!, consérvanos unidos a ti en todos los momentos de nuestra vida. Alcánzanos a todos nosotros, tus hijos, la gracia de una buena muerte, a fin de que, juntos contigo, podamos gozar un día de la celeste beatitud. Amén.
Oración final
Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! tu corazón fue traspasado junto con el corazón de tu Hijo y ahora no cesas de interceder por nosotros.
Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio de la evangelización.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Día 5 Día Quinto - La vida oculta en Nazaret
Aprender a valorar la vida familiar y el trabajo silencioso
Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa - Día Quinto
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios Nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para todos los días
Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.
Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del Cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.
Lectura bíblica
Lucas 2, 51-52: Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.
Meditación
La mayor parte de la vida de Jesús, María y José transcurrió en la humildad y el silencio de Nazaret. Allí, la Virgen crecía en gracia, educaba al Salvador y vivía la rutina diaria con amor. Nos enseña que la santidad no está solo en los grandes momentos, sino en el cumplimiento fiel y gozoso de nuestras obligaciones cotidianas.
Breve historia
Santa Catalina Labouré permaneció en la oscuridad de su convento, sin buscar reconocimiento. Solo al final de su vida, en 1876, reveló detalles de las apariciones. Su humildad es espejo de la de María, que pasó desapercibida en Nazaret para hacer grande el plan de Dios. La Medalla Milagrosa, extendida por el mundo, es fruto de esa humildad silenciosa.
Súplica a Nuestra Señora
Oh, Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, al contemplarte de brazos abiertos esparciendo gracias sobre aquellos que te las piden, llenos de la más viva confianza en tu poderosa y segura intercesión, innumerables veces manifestada por la Medalla Milagrosa, aún reconociendo nuestra indignidad por causa de nuestras numerosas culpas, osamos acercamos a tus pies para exponerte durante esta novena nuestras más apremiantes necesidades... (Aquí se hace la petición de la gracia que se desea obtener).
Escucha, pues, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, este favor que confiados te solicitamos para mayor gloria de Dios, engrandecimiento de tu nombre y bien de nuestras almas. Y para mejor servir a tu Divino Hijo, inspíranos un profundo odio al pecado y danos el coraje de afirmarnos siempre verdaderamente cristianos. Así sea.
Santísima Virgen, yo creo y confieso tu santa Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Oh, purísima Virgen María!, por tu Concepción Inmaculada y gloriosa prerrogativa de Madre de Dios, alcánzame de tu amado Hijo la humildad, la caridad, la obediencia, la castidad, la santa pureza de corazón, de cuerpo y espíritu, la perseverancia en la práctica del bien, una buena vida y una santa muerte. Así sea.
Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias
Se rezan tres veces el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria y la jaculatoria: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Acto de Consagración a la Virgen de la Medalla Milagrosa
¡Oh, Virgen Madre de Dios, María Inmaculada!, nosotros te ofrecemos y consagramos, bajo el título de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra alma y todos nuestros bienes espirituales y temporales. Haz que esta Medalla sea para cada uno de nosotros una señal cierta de tu afecto y un recuerdo imperecedero de nuestros deberes hacia ti. Y que al llevar tu Medalla nos guíe siempre tu amable protección y nos conserve en la gracia de tu divino Hijo. ¡Oh, poderosísima Virgen, Madre de nuestro Salvador!, consérvanos unidos a ti en todos los momentos de nuestra vida. Alcánzanos a todos nosotros, tus hijos, la gracia de una buena muerte, a fin de que, juntos contigo, podamos gozar un día de la celeste beatitud. Amén.
Oración final
Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! tu corazón fue traspasado junto con el corazón de tu Hijo y ahora no cesas de interceder por nosotros.
Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio de la evangelización.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Día 6 Día Sexto - Las bodas de Caná
Aprender a acudir a María en nuestras necesidades
Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa - Día Sexto
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios Nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para todos los días
Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.
Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del Cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.
Lectura bíblica
Juan 2, 1-5: Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también Jesús con sus discípulos a la boda. Y como faltara el vino, la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». Jesús le responde: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Todavía no ha llegado mi hora». Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que Él os diga».
Meditación
María se da cuenta de una necesidad ajena y se la presenta a Jesús con confianza. Aunque parece que Él no va a intervenir, Ella no duda. Nos enseña a acudir a su Hijo con fe, y a hacer lo que Él nos diga. Su última frase en los evangelios es un mandato que resuena siempre: «Haced lo que Él os diga».
Breve historia
La Medalla Milagrosa ha sido portada por papas, santos y millones de fieles. San Maximiliano Kolbe la llevaba con devoción. El papa Juan Pablo II la usó desde su juventud. En sus momentos de mayor dificultad, la Virgen de la Medalla Milagrosa ha intercedido con poder, mostrando que Ella nunca deja de decir a su Hijo: «No tienen vino», es decir, no tienen ayuda, no tienen consuelo, no tienen esperanza.
Súplica a Nuestra Señora
Oh, Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, al contemplarte de brazos abiertos esparciendo gracias sobre aquellos que te las piden, llenos de la más viva confianza en tu poderosa y segura intercesión, innumerables veces manifestada por la Medalla Milagrosa, aún reconociendo nuestra indignidad por causa de nuestras numerosas culpas, osamos acercamos a tus pies para exponerte durante esta novena nuestras más apremiantes necesidades... (Aquí se hace la petición de la gracia que se desea obtener).
Escucha, pues, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, este favor que confiados te solicitamos para mayor gloria de Dios, engrandecimiento de tu nombre y bien de nuestras almas. Y para mejor servir a tu Divino Hijo, inspíranos un profundo odio al pecado y danos el coraje de afirmarnos siempre verdaderamente cristianos. Así sea.
Santísima Virgen, yo creo y confieso tu santa Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Oh, purísima Virgen María!, por tu Concepción Inmaculada y gloriosa prerrogativa de Madre de Dios, alcánzame de tu amado Hijo la humildad, la caridad, la obediencia, la castidad, la santa pureza de corazón, de cuerpo y espíritu, la perseverancia en la práctica del bien, una buena vida y una santa muerte. Así sea.
Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias
Se rezan tres veces el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria y la jaculatoria: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Acto de Consagración a la Virgen de la Medalla Milagrosa
¡Oh, Virgen Madre de Dios, María Inmaculada!, nosotros te ofrecemos y consagramos, bajo el título de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra alma y todos nuestros bienes espirituales y temporales. Haz que esta Medalla sea para cada uno de nosotros una señal cierta de tu afecto y un recuerdo imperecedero de nuestros deberes hacia ti. Y que al llevar tu Medalla nos guíe siempre tu amable protección y nos conserve en la gracia de tu divino Hijo. ¡Oh, poderosísima Virgen, Madre de nuestro Salvador!, consérvanos unidos a ti en todos los momentos de nuestra vida. Alcánzanos a todos nosotros, tus hijos, la gracia de una buena muerte, a fin de que, juntos contigo, podamos gozar un día de la celeste beatitud. Amén.
Oración final
Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! tu corazón fue traspasado junto con el corazón de tu Hijo y ahora no cesas de interceder por nosotros.
Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio de la evangelización.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Día 7 Día Séptimo - María al pie de la Cruz
Aprender a acompañar a Cristo en el sufrimiento
Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa - Día Séptimo
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios Nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para todos los días
Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.
Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del Cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.
Lectura bíblica
Juan 19, 25-27: Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la acogió en su casa.
Meditación
María no huye del sufrimiento. Permanece junto a la cruz, ofreciendo su dolor unido al de su Hijo. Allí recibe la misión de ser Madre de todos los discípulos. La Medalla Milagrosa nos recuerda que María está siempre junto a nosotros en nuestras cruces, intercediendo y fortaleciéndonos.
Breve historia
En una de las apariciones de 1830, la Virgen mostró a Santa Catalina la cruz sobre el globo terráqueo, recordando el misterio de la redención. La Medalla lleva en el reverso la cruz con la letra M, símbolo de María al pie de la cruz. Esa cruz es nuestra esperanza, y María, nuestra madre, nos la ofrece como signo de protección y amor eterno.
Súplica a Nuestra Señora
Oh, Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, al contemplarte de brazos abiertos esparciendo gracias sobre aquellos que te las piden, llenos de la más viva confianza en tu poderosa y segura intercesión, innumerables veces manifestada por la Medalla Milagrosa, aún reconociendo nuestra indignidad por causa de nuestras numerosas culpas, osamos acercamos a tus pies para exponerte durante esta novena nuestras más apremiantes necesidades... (Aquí se hace la petición de la gracia que se desea obtener).
Escucha, pues, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, este favor que confiados te solicitamos para mayor gloria de Dios, engrandecimiento de tu nombre y bien de nuestras almas. Y para mejor servir a tu Divino Hijo, inspíranos un profundo odio al pecado y danos el coraje de afirmarnos siempre verdaderamente cristianos. Así sea.
Santísima Virgen, yo creo y confieso tu santa Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Oh, purísima Virgen María!, por tu Concepción Inmaculada y gloriosa prerrogativa de Madre de Dios, alcánzame de tu amado Hijo la humildad, la caridad, la obediencia, la castidad, la santa pureza de corazón, de cuerpo y espíritu, la perseverancia en la práctica del bien, una buena vida y una santa muerte. Así sea.
Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias
Se rezan tres veces el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria y la jaculatoria: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Acto de Consagración a la Virgen de la Medalla Milagrosa
¡Oh, Virgen Madre de Dios, María Inmaculada!, nosotros te ofrecemos y consagramos, bajo el título de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra alma y todos nuestros bienes espirituales y temporales. Haz que esta Medalla sea para cada uno de nosotros una señal cierta de tu afecto y un recuerdo imperecedero de nuestros deberes hacia ti. Y que al llevar tu Medalla nos guíe siempre tu amable protección y nos conserve en la gracia de tu divino Hijo. ¡Oh, poderosísima Virgen, Madre de nuestro Salvador!, consérvanos unidos a ti en todos los momentos de nuestra vida. Alcánzanos a todos nosotros, tus hijos, la gracia de una buena muerte, a fin de que, juntos contigo, podamos gozar un día de la celeste beatitud. Amén.
Oración final
Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! tu corazón fue traspasado junto con el corazón de tu Hijo y ahora no cesas de interceder por nosotros.
Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio de la evangelización.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Día 8 Día Octavo - María en Pentecostés
Abrirnos a la acción del Espíritu Santo
Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa - Día Octavo
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios Nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para todos los días
Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.
Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del Cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.
Lectura bíblica
Hechos 1, 13-14: Cuando llegaron, subieron al piso alto donde se alojaban Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el Zelote y Judas el de Santiago. Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.
Meditación
María, en el cenáculo, ora con los apóstoles esperando el Espíritu Santo. Su presencia es garantía de unidad y de fe. Ella, que había concebido por obra del Espíritu, ahora acompaña a la Iglesia naciente. Nos enseña a orar en comunidad y a estar abiertos a los dones del Espíritu.
Breve historia
La Medalla Milagrosa se difundió en un tiempo de crisis para la Iglesia en Francia. Sin embargo, por intercesión de María, se multiplicaron las conversiones y se fortaleció la fe. El papa Gregorio XVI aprobó la devoción en 1832. La Virgen, como en Pentecostés, sigue congregando a los fieles y derramando gracias desde el cielo.
Súplica a Nuestra Señora
Oh, Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, al contemplarte de brazos abiertos esparciendo gracias sobre aquellos que te las piden, llenos de la más viva confianza en tu poderosa y segura intercesión, innumerables veces manifestada por la Medalla Milagrosa, aún reconociendo nuestra indignidad por causa de nuestras numerosas culpas, osamos acercamos a tus pies para exponerte durante esta novena nuestras más apremiantes necesidades... (Aquí se hace la petición de la gracia que se desea obtener).
Escucha, pues, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, este favor que confiados te solicitamos para mayor gloria de Dios, engrandecimiento de tu nombre y bien de nuestras almas. Y para mejor servir a tu Divino Hijo, inspíranos un profundo odio al pecado y danos el coraje de afirmarnos siempre verdaderamente cristianos. Así sea.
Santísima Virgen, yo creo y confieso tu santa Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Oh, purísima Virgen María!, por tu Concepción Inmaculada y gloriosa prerrogativa de Madre de Dios, alcánzame de tu amado Hijo la humildad, la caridad, la obediencia, la castidad, la santa pureza de corazón, de cuerpo y espíritu, la perseverancia en la práctica del bien, una buena vida y una santa muerte. Así sea.
Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias
Se rezan tres veces el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria y la jaculatoria: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Acto de Consagración a la Virgen de la Medalla Milagrosa
¡Oh, Virgen Madre de Dios, María Inmaculada!, nosotros te ofrecemos y consagramos, bajo el título de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra alma y todos nuestros bienes espirituales y temporales. Haz que esta Medalla sea para cada uno de nosotros una señal cierta de tu afecto y un recuerdo imperecedero de nuestros deberes hacia ti. Y que al llevar tu Medalla nos guíe siempre tu amable protección y nos conserve en la gracia de tu divino Hijo. ¡Oh, poderosísima Virgen, Madre de nuestro Salvador!, consérvanos unidos a ti en todos los momentos de nuestra vida. Alcánzanos a todos nosotros, tus hijos, la gracia de una buena muerte, a fin de que, juntos contigo, podamos gozar un día de la celeste beatitud. Amén.
Oración final
Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! tu corazón fue traspasado junto con el corazón de tu Hijo y ahora no cesas de interceder por nosotros.
Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio de la evangelización.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Día 9 Día Noveno - La Asunción y Coronación de María
Aumentar la esperanza en la vida eterna
Novena a la Virgen de la Medalla Milagrosa - Día Noveno
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios Nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Oración para todos los días
Virgen y Madre Inmaculada, mira con ojos misericordiosos al hijo que viene a ti, lleno de confianza y amor, a implorar tu maternal protección y a darte gracias por el gran don celestial de tu bendita Medalla Milagrosa.
Creo y espero en tu Medalla, Madre mía del Cielo, y la amo con todo mi corazón, y tengo la plena seguridad de que no me veré desatendido. Amén.
Lectura bíblica
Apocalipsis 12, 1: Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.
Meditación
María, elevada al cielo en cuerpo y alma, reina como Reina del universo. La Medalla Milagrosa la muestra de pie sobre el globo, aplastando la serpiente. Es signo de esperanza: donde Ella está, también nosotros, si somos fieles, estaremos. La Virgen nos espera para presentarnos ante la Trinidad Santa.
Breve historia
Santa Catalina Labouré, después de las apariciones, vivió 46 años más en el convento, dedicada al servicio de los ancianos. Al morir en 1876, su cuerpo se encontró incorrupto, señal de la santidad que alcanzó por su fidelidad a la Virgen. Hoy descansa en la capilla de la Casa Madre de las Hijas de la Caridad en París, donde millones de peregrinos acuden a venerar a la vidente de la Medalla Milagrosa.
Súplica a Nuestra Señora
Oh, Inmaculada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, al contemplarte de brazos abiertos esparciendo gracias sobre aquellos que te las piden, llenos de la más viva confianza en tu poderosa y segura intercesión, innumerables veces manifestada por la Medalla Milagrosa, aún reconociendo nuestra indignidad por causa de nuestras numerosas culpas, osamos acercamos a tus pies para exponerte durante esta novena nuestras más apremiantes necesidades... (Aquí se hace la petición de la gracia que se desea obtener).
Escucha, pues, ¡Oh Virgen de la Medalla Milagrosa!, este favor que confiados te solicitamos para mayor gloria de Dios, engrandecimiento de tu nombre y bien de nuestras almas. Y para mejor servir a tu Divino Hijo, inspíranos un profundo odio al pecado y danos el coraje de afirmarnos siempre verdaderamente cristianos. Así sea.
Santísima Virgen, yo creo y confieso tu santa Inmaculada Concepción, pura y sin mancha. ¡Oh, purísima Virgen María!, por tu Concepción Inmaculada y gloriosa prerrogativa de Madre de Dios, alcánzame de tu amado Hijo la humildad, la caridad, la obediencia, la castidad, la santa pureza de corazón, de cuerpo y espíritu, la perseverancia en la práctica del bien, una buena vida y una santa muerte. Así sea.
Tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias
Se rezan tres veces el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria y la jaculatoria: Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
Acto de Consagración a la Virgen de la Medalla Milagrosa
¡Oh, Virgen Madre de Dios, María Inmaculada!, nosotros te ofrecemos y consagramos, bajo el título de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra alma y todos nuestros bienes espirituales y temporales. Haz que esta Medalla sea para cada uno de nosotros una señal cierta de tu afecto y un recuerdo imperecedero de nuestros deberes hacia ti. Y que al llevar tu Medalla nos guíe siempre tu amable protección y nos conserve en la gracia de tu divino Hijo. ¡Oh, poderosísima Virgen, Madre de nuestro Salvador!, consérvanos unidos a ti en todos los momentos de nuestra vida. Alcánzanos a todos nosotros, tus hijos, la gracia de una buena muerte, a fin de que, juntos contigo, podamos gozar un día de la celeste beatitud. Amén.
Oración final
Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bienaventurada tú que has creído! tu corazón fue traspasado junto con el corazón de tu Hijo y ahora no cesas de interceder por nosotros.
Te consagramos nuestras fuerzas y disponibilidad para estar al servicio de la evangelización.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.