Novena católica
Novena a la Virgen del Perpetuo Socorro
Aprobada por la Orden de los Redentoristas
Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, cuya fiesta se celebra el 27 de junio. Se medita en las virtudes de la Virgen y en su protección maternal, haciendo propia la oración que el Papa Pío IX compuso para esta advocación.
Día 1 Día Primero - La Maternidad Divina de María
Aumentar nuestra confianza en María como Madre
Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro - Día Primero
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como te lo suplico, así confío en tu divina Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
Oración inicial para todos los días
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Tú que has recibido de Dios el poder y la misión de socorrer a los que te invocan, llena de confianza en tu bondad, acudo a ti en esta novena. Madre mía, alcánzame de tu Hijo la gracia de conocerme a mí mismo y de arrepentirme sinceramente de mis pecados. Ayúdame a implorar el perdón de mis culpas y la gracia de nunca más ofender a tu divino Hijo. Amén.
Oración del día
Oh Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, que por tu inefable maternidad fuiste constituida dispensadora de todas las gracias. Tú que con tu sí al ángel nos trajiste al Salvador, y con tu amor materno lo acompañaste desde Belén hasta el Calvario, te suplico humildemente que me obtengas de tu Hijo la gracia de crecer en la fe, esperanza y caridad. Enséñame a ser verdadero hijo de Dios, como tú lo fuiste Madre fiel, para que pueda merecer la protección que prometes a todos tus devotos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Meditación
María fue escogida desde toda la eternidad para ser Madre del Redentor. En ella, la maternidad divina alcanza su más alta perfección. Ella nos ha dado a Jesús, y Jesús desde la cruz nos la ha dado como Madre. Por eso, acudamos a ella con filial confianza, sabiendo que quien es Madre de Dios también es Madre nuestra.
Aquí se hace la petición particular de la gracia que se desea obtener en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Ave María: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración final para todos los días
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestro auxilio o reclamado vuestra intercesión, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a vos acudo, oh Virgen de las vírgenes, a vos vengo, gimiendo bajo el peso de mis pecados. No despreciéis mis súplicas, oh Madre del Verbo Divino, antes bien, escuchadlas y atendedlas benignamente. Amén.
Jaculatoria: Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.
Día 2 Día Segundo - María, Madre del Perpetuo Socorro
Alcanzar la gracia de recurrir a María en toda necesidad
Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro - Día Segundo
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como te lo suplico, así confío en tu divina Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
Oración inicial para todos los días
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Tú que has recibido de Dios el poder y la misión de socorrer a los que te invocan, llena de confianza en tu bondad, acudo a ti en esta novena. Madre mía, alcánzame de tu Hijo la gracia de conocerme a mí mismo y de arrepentirme sinceramente de mis pecados. Ayúdame a implorar el perdón de mis culpas y la gracia de nunca más ofender a tu divino Hijo. Amén.
Oración del día
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Tú que por amor maternal estás siempre dispuesta a socorrer a los que te invocan, mira benigna a este hijo tuyo que acude a ti. Tu divino Hijo te ha concedido el privilegio de socorrer a los necesitados. Por eso, con toda confianza acudo a tu amparo. Alcanza para mi alma el socorro espiritual que tanto necesita, y si es para bien de mi alma, también el socorro temporal que te pido. Madre mía, no permitas que me aleje de tu Hijo, y haz que siempre recurra a ti en mis necesidades. Amén.
Meditación
El título de Perpetuo Socorro nos recuerda que María está siempre dispuesta a ayudarnos. En el famoso icono de la advocación, vemos a Jesús niño que, asustado por la visión de los instrumentos de su Pasión, corre a los brazos de su Madre. Así también nosotros, ante los peligros del alma, debemos correr a los brazos de María, que siempre nos socorre.
Aquí se hace la petición particular de la gracia que se desea obtener en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Ave María: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración final para todos los días
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestro auxilio o reclamado vuestra intercesión, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a vos acudo, oh Virgen de las vírgenes, a vos vengo, gimiendo bajo el peso de mis pecados. No despreciéis mis súplicas, oh Madre del Verbo Divino, antes bien, escuchadlas y atendedlas benignamente. Amén.
Jaculatoria: Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.
Día 3 Día Tercero - La pureza de María
Alcanzar la pureza de corazón
Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro - Día Tercero
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como te lo suplico, así confío en tu divina Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
Oración inicial para todos los días
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Tú que has recibido de Dios el poder y la misión de socorrer a los que te invocan, llena de confianza en tu bondad, acudo a ti en esta novena. Madre mía, alcánzame de tu Hijo la gracia de conocerme a mí mismo y de arrepentirme sinceramente de mis pecados. Ayúdame a implorar el perdón de mis culpas y la gracia de nunca más ofender a tu divino Hijo. Amén.
Oración del día
¡Oh Virgen Inmaculada! Tú que fuiste preservada de toda mancha de pecado para ser digna morada del Hijo de Dios, alcánzame la gracia de la pureza de corazón y de cuerpo. Límpiame de mis faltas y ayúdame a vivir en gracia de Dios. Tú que eres espejo de justicia, enséñame a huir de todo pecado y a amar la virtud. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Meditación
María fue concebida sin pecado original, llena de gracia desde el primer instante de su existencia. Su pureza no fue solo física, sino también espiritual: su alma nunca se manchó con la más pequeña falta. Por eso, ella es modelo de santidad y poderosa intercesora para quienes luchan por conservar la pureza.
Aquí se hace la petición particular de la gracia que se desea obtener en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Ave María: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración final para todos los días
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestro auxilio o reclamado vuestra intercesión, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a vos acudo, oh Virgen de las vírgenes, a vos vengo, gimiendo bajo el peso de mis pecados. No despreciéis mis súplicas, oh Madre del Verbo Divino, antes bien, escuchadlas y atendedlas benignamente. Amén.
Jaculatoria: Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.
Día 4 Día Cuarto - La humildad de María
Alcanzar la virtud de la humildad
Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro - Día Cuarto
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como te lo suplico, así confío en tu divina Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
Oración inicial para todos los días
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Tú que has recibido de Dios el poder y la misión de socorrer a los que te invocan, llena de confianza en tu bondad, acudo a ti en esta novena. Madre mía, alcánzame de tu Hijo la gracia de conocerme a mí mismo y de arrepentirme sinceramente de mis pecados. Ayúdame a implorar el perdón de mis culpas y la gracia de nunca más ofender a tu divino Hijo. Amén.
Oración del día
¡Oh Virgen humilde! Tú que, siendo la más excelsa de las criaturas, te llamaste a ti misma esclava del Señor, alcánzame la gracia de la verdadera humildad. Enséñame a reconocer mis limitaciones y pecados, a no juzgar a los demás, y a poner toda mi confianza en Dios, no en mis propias fuerzas. Que tu humildad me lleve a imitarte en la sencillez y en la aceptación de la voluntad divina. Amén.
Meditación
A pesar de ser elegida Madre de Dios, María nunca buscó honores ni reconocimiento. Su vida transcurrió en la oscuridad y el silencio de Nazaret. Ella es maestra de humildad: cuanto más se nos conceda, más debemos humillarnos, sabiendo que todo don viene de Dios.
Aquí se hace la petición particular de la gracia que se desea obtener en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Ave María: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración final para todos los días
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestro auxilio o reclamado vuestra intercesión, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a vos acudo, oh Virgen de las vírgenes, a vos vengo, gimiendo bajo el peso de mis pecados. No despreciéis mis súplicas, oh Madre del Verbo Divino, antes bien, escuchadlas y atendedlas benignamente. Amén.
Jaculatoria: Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.
Día 5 Día Quinto - La fe de María
Aumentar nuestra fe
Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro - Día Quinto
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como te lo suplico, así confío en tu divina Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
Oración inicial para todos los días
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Tú que has recibido de Dios el poder y la misión de socorrer a los que te invocan, llena de confianza en tu bondad, acudo a ti en esta novena. Madre mía, alcánzame de tu Hijo la gracia de conocerme a mí mismo y de arrepentirme sinceramente de mis pecados. Ayúdame a implorar el perdón de mis culpas y la gracia de nunca más ofender a tu divino Hijo. Amén.
Oración del día
¡Oh Virgen de la fe! Tú que creíste sin dudar en las palabras del ángel y te hiciste Madre del Salvador, alcánzame una fe firme y constante. Que tu fe me sostenga en las pruebas, me ilumine en las dudas y me lleve a confiar plenamente en las promesas de tu Hijo. Enséñame a vivir según la fe, no según las apariencias del mundo. Amén.
Meditación
El evangelista Lucas nos dice que María conservaba todas las cosas en su corazón. Ella meditaba los misterios de Dios y los guardaba con fe. En momentos de oscuridad, como al pie de la cruz, su fe no vaciló. Que aprendamos de ella a confiar en Dios incluso cuando no entendemos sus designios.
Aquí se hace la petición particular de la gracia que se desea obtener en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Ave María: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración final para todos los días
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestro auxilio o reclamado vuestra intercesión, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a vos acudo, oh Virgen de las vírgenes, a vos vengo, gimiendo bajo el peso de mis pecados. No despreciéis mis súplicas, oh Madre del Verbo Divino, antes bien, escuchadlas y atendedlas benignamente. Amén.
Jaculatoria: Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.
Día 6 Día Sexto - La esperanza de María
Fortalecer nuestra esperanza
Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro - Día Sexto
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como te lo suplico, así confío en tu divina Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
Oración inicial para todos los días
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Tú que has recibido de Dios el poder y la misión de socorrer a los que te invocan, llena de confianza en tu bondad, acudo a ti en esta novena. Madre mía, alcánzame de tu Hijo la gracia de conocerme a mí mismo y de arrepentirme sinceramente de mis pecados. Ayúdame a implorar el perdón de mis culpas y la gracia de nunca más ofender a tu divino Hijo. Amén.
Oración del día
¡Oh Virgen de la esperanza! Tú que esperaste con paciencia la llegada del Mesías, y que en la cruz conservaste la esperanza en la resurrección, alcánzame una esperanza firme en las promesas de tu Hijo. Que en medio de las dificultades de la vida nunca desespere de la misericordia divina, y que mantenga siempre viva la certeza de que Dios me ama y me espera en el cielo. Amén.
Meditación
María esperó desde la anunciación hasta el nacimiento de Jesús, y desde el Calvario hasta la resurrección. Su esperanza no fue una ilusión, sino certeza fundada en la fe. En nuestras pruebas, recordemos que María está junto a nosotros, sosteniendo nuestra esperanza.
Aquí se hace la petición particular de la gracia que se desea obtener en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Ave María: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración final para todos los días
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestro auxilio o reclamado vuestra intercesión, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a vos acudo, oh Virgen de las vírgenes, a vos vengo, gimiendo bajo el peso de mis pecados. No despreciéis mis súplicas, oh Madre del Verbo Divino, antes bien, escuchadlas y atendedlas benignamente. Amén.
Jaculatoria: Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.
Día 7 Día Séptimo - La caridad de María
Aumentar nuestra caridad hacia Dios y el prójimo
Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro - Día Séptimo
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como te lo suplico, así confío en tu divina Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
Oración inicial para todos los días
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Tú que has recibido de Dios el poder y la misión de socorrer a los que te invocan, llena de confianza en tu bondad, acudo a ti en esta novena. Madre mía, alcánzame de tu Hijo la gracia de conocerme a mí mismo y de arrepentirme sinceramente de mis pecados. Ayúdame a implorar el perdón de mis culpas y la gracia de nunca más ofender a tu divino Hijo. Amén.
Oración del día
¡Oh Madre amorosa! Tú que amaste a Dios con todo tu ser y a los hombres con corazón de Madre, alcánzame un corazón capaz de amar. Enséñame a amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a mí mismo. Que mi caridad se manifieste en obras de misericordia, en el perdón a los que me ofenden, y en la ayuda a los más necesitados. Amén.
Meditación
El amor de María no fue teórico sino práctico: se puso en camino para ayudar a su prima Isabel, intercedió en Caná, permaneció al pie de la cruz. Su caridad fue heroica y constante. Imitemos su ejemplo de amor concreto hacia los demás.
Aquí se hace la petición particular de la gracia que se desea obtener en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Ave María: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración final para todos los días
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestro auxilio o reclamado vuestra intercesión, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a vos acudo, oh Virgen de las vírgenes, a vos vengo, gimiendo bajo el peso de mis pecados. No despreciéis mis súplicas, oh Madre del Verbo Divino, antes bien, escuchadlas y atendedlas benignamente. Amén.
Jaculatoria: Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.
Día 8 Día Octavo - María al pie de la cruz
Aprender a sufrir con esperanza
Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro - Día Octavo
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como te lo suplico, así confío en tu divina Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
Oración inicial para todos los días
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Tú que has recibido de Dios el poder y la misión de socorrer a los que te invocan, llena de confianza en tu bondad, acudo a ti en esta novena. Madre mía, alcánzame de tu Hijo la gracia de conocerme a mí mismo y de arrepentirme sinceramente de mis pecados. Ayúdame a implorar el perdón de mis culpas y la gracia de nunca más ofender a tu divino Hijo. Amén.
Oración del día
¡Oh Virgen dolorosa! Tú que estuviste junto a la cruz de tu Hijo, compartiendo su dolor, enséñame a unir mis sufrimientos a los de Cristo. Que cuando las pruebas me visiten, no me desespere ni me aparte de Dios, sino que, como tú, permanezca firme en la fe y ofrezca mis penas por la salvación de las almas. Haz que en mis cruces encuentre siempre la compañía de tu consuelo. Amén.
Meditación
El misterio del Perpetuo Socorro se anuncia ya en el Calvario: María está junto a la cruz, no huye del dolor. Allí recibe la misión de ser Madre de todos los discípulos. Así, en toda tribulación, podemos acudir a ella, porque conoce el sufrimiento y nos consuela con su amor maternal.
Aquí se hace la petición particular de la gracia que se desea obtener en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Ave María: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración final para todos los días
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestro auxilio o reclamado vuestra intercesión, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a vos acudo, oh Virgen de las vírgenes, a vos vengo, gimiendo bajo el peso de mis pecados. No despreciéis mis súplicas, oh Madre del Verbo Divino, antes bien, escuchadlas y atendedlas benignamente. Amén.
Jaculatoria: Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.
Día 9 Día Noveno - María, socorro de los cristianos
Consagrarnos a María y confiar en su perpetuo auxilio
Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro - Día Noveno
Por la señal de la Santa Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como te lo suplico, así confío en tu divina Bondad y Misericordia infinita, que me los perdonarás, y me darás gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
Oración inicial para todos los días
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro! Tú que has recibido de Dios el poder y la misión de socorrer a los que te invocan, llena de confianza en tu bondad, acudo a ti en esta novena. Madre mía, alcánzame de tu Hijo la gracia de conocerme a mí mismo y de arrepentirme sinceramente de mis pecados. Ayúdame a implorar el perdón de mis culpas y la gracia de nunca más ofender a tu divino Hijo. Amén.
Oración del día
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro, Madre mía! En este último día de novena me consagro enteramente a ti. Recíbeme bajo tu manto protector y alcánzame de tu Hijo la gracia de vivir y morir en su amistad. Tú que eres socorro de los cristianos, no me desampares en mis necesidades. Perpetuo Socorro llaman los fieles a tu sagrada imagen, y perpetuo será mientras viva el recurso que tengo a ti. Madre mía, en tus manos pongo mi vida, mis trabajos, mis alegrías y mis penas. Acompáñame siempre y llévame de tu mano hasta el cielo. Amén.
Meditación
El Papa Pío IX, al confiar a los Redentoristas la difusión de esta devoción, llamó a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro "la Madre del perpetuo socorro". Esta advocación nos recuerda que María no solo nos ayuda una vez, sino que está siempre dispuesta a auxiliarnos. En toda necesidad, espiritual o temporal, podemos acudir a ella con la seguridad de ser escuchados.
Aquí se hace la petición particular de la gracia que se desea obtener en esta novena.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
Padre Nuestro: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Ave María: Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración final para todos los días
Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestro auxilio o reclamado vuestra intercesión, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a vos acudo, oh Virgen de las vírgenes, a vos vengo, gimiendo bajo el peso de mis pecados. No despreciéis mis súplicas, oh Madre del Verbo Divino, antes bien, escuchadlas y atendedlas benignamente. Amén.
Jaculatoria: Madre del Perpetuo Socorro, ruega por nosotros.
Oración final
Oración a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
¡Oh Virgen del Perpetuo Socorro!, que has merecido ser llamada Madre del perpetuo socorro, alcánzame la gracia de recurrir siempre a ti en todas mis necesidades espirituales y temporales. Que tu nombre sea el consuelo de mi alma en las tribulaciones, el alivio en las penas, la fortaleza en las tentaciones, y la esperanza segura de alcanzar la misericordia de tu Hijo.
Madre mía, no permitas que me aparte de Dios; antes bien, obtén para mí la gracia de amarle cada día más y de perseverar en su santo servicio hasta la muerte. Que cuando llegue mi última hora, me asistas con tu protección y me presentes ante el trono de tu Hijo, para que con todos los santos pueda alabarte y bendecirte por toda la eternidad. Amén.
℣. Ruega por nosotros, Madre del Perpetuo Socorro.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.
Oremos: Señor Jesucristo, que has querido darnos a tu Santísima Madre como Madre nuestra y perpetuo socorro, concédenos que, acudiendo confiadamente a su intercesión, seamos siempre librados de todo mal en esta vida y merezcamos alcanzar la gloria eterna en la otra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.