Símbolos de la Misa

El Incienso

¿Qué quiere simbolizar el incienso?

El incienso es una resina aromática que, al quemarse, sube en humo perfumado ante el altar. En la Misa aparece en momentos escogidos: al comenzar la celebración, en la procesión de

El Incienso
Lo que el incienso quiere significar en nuestra liturgia nos lo han ido explicando los varios documentos con sus explicaciones.

El incienso crea una atmósfera agradable y festiva en torno a lo que se inciensa, a la vez que crea un aire entre misterioso y sagrado por la sutil impalpabilidad de su perfume y de su humo.

Expresa elegantemente el respeto y la reverencia hacia una persona o hacia algún símbolo de Cristo.

Pero más en profundidad indica la actitud de oración y elevación de la mente hacia Dios. Ya el Salmo 140 nos hace decir: 'suba mi oración como incienso en tu presencia'.

El incienso es símbolo, sobre todo, de la actitud de ofrenda y sacrificio de los creyentes hacia Dios. El incienso une de algún modo a las personas con el altar, con sus dones y sobre todo con Cristo Jesús que se ofrece en sacrificio.

¿A quiénes se inciensa?

-El Misal Romano sugiere con libertad el uso del incienso en estos momentos de la Misa:

Durante la procesión de entrada

Al comienzo de la Misa para incensar el altar

En la procesión y proclamación del evangelio

En el ofertorio, para incensar las ofrendas, el altar, el presidente y el pueblo cristiano

En la ostensión del Pan consagrado y del Cáliz después de la consagración (IGMR 235)

a) Llevar incienso en la procesión de entrada e incensar el altar que va a ser el centro de la celebración eucarística, puede indicar el respeto al lugar, a las personas y al altar, o simplemente significar el tono festivo y sagrado de la acción que empieza. Pero el Misal no da demasiado relieve a este primer gesto: siempre se ha considerado más importante la incensación del altar en el ofertorio.

b) La incensación del evangelio fue entrando a partir del siglo XI como signo de honor y respeto hacia Aquél cuyas palabras vamos a escuchar. El Misal (IGMR 33 y 35) explica por qué en el momento del evangelio se acumulan los signos de especial veneración: el lector ordenado, la postura de pie, el beso y otras muestras de honor entre las que hay que recordar el incienso.

c) El uso del incienso en el ofertorio tiene especial interés. El altar y las ofrendas de pan y vino sobre él se inciensan 'para significar de este modo que la oblación de la Iglesia y su oración suben ante el trono de Dios como el incienso' (IGMR 51).
En este momento 'también el sacerdote y el pueblo pueden ser incensados'. Junto con el pan y el vino ofrecidos sobre el altar, y que son incensados, también el presidente se ofrece a sí mismo, y con él toda la comunidad y así se convierten ellos mismos en ofrenda y sacrificio, unidos e incorporados al sacrificio de Cristo. Son las personas, principalmente, las que vienen a ser simbolizadas como ofrenda y homenaje a Dios, con el gesto del incienso. Si nada más fuera un gesto de honor, se quedaría la asamblea sentada mientras la inciensan. En cambio, se pone de pie para indicar su actitud positiva, comprometida, de unión espiritual con las ofrendas eucarísticas.

d) En la consagración el acto de la incensación manifiesta al Señor mismo. Todas las incensaciones se dirigen a los signos sacramentales de la presencia del Señor: el altar, la cruz, el libro del evangelio, el presidente, la asamblea. Ahora se inciensa el pan y el vino consagrados, el signo central y eficaz de la auto-donación de Cristo.

Sobre este símbolo

El incienso es una resina aromática que, al quemarse, sube en humo perfumado ante el altar. En la Misa aparece en momentos escogidos: al comenzar la celebración, en la procesión del Evangelio, en el ofertorio y, si se usa, en la ostensión del Pan y del Cáliz consagrados. Su humo que se eleva es imagen de la oración que sube a Dios, y su perfume crea en torno a lo que se inciensa un aire de respeto y de fiesta. Es un signo humilde que envuelve el misterio sin ocultarlo.

Ideas clave

  • El humo que sube es imagen de la oración y de la elevación del corazón hacia Dios.
  • El perfume crea un ambiente festivo y sagrado en torno a lo que se inciensa.
  • Inciensar es un gesto de veneración hacia Cristo presente en el altar, el Evangelio y la asamblea.
  • En el ofertorio, el incienso une a las personas con las ofrendas y con Cristo que se ofrece.
  • La asamblea se pone de pie al ser incensada para mostrar su unión con la ofrenda.
  • En la consagración se inciensa el Pan y el Cáliz, signos de la entrega de Cristo.

Reflexión

El incienso pertenece a esa familia de signos que la liturgia hereda de la Escritura. Su valor no está en el perfume ni en el espectáculo, sino en lo que dice delante de Dios. Cuando el humo se eleva y se deshace en el aire, la asamblea ve con los ojos lo que ocurre en su interior: una oración que se desprende de la tierra y busca el cielo. Es una imagen sencilla de la criatura que se sabe pequeña y que, sin embargo, se atreve a hablar con su Creador.

Hay en este gesto una lógica profunda de la ofrenda. El incienso se quema: para dar perfume tiene que consumirse. Así también la oración verdadera cuesta algo, porque exige dejar de girar en torno a uno mismo. Por eso no se inciensa solo el pan y el vino, sino también el altar, el sacerdote y el pueblo. Todos entramos en esa nube de perfume como ofrenda viva, incorporados al único sacrificio de Cristo.

El incienso enseña además a honrar. Vivimos una época que desconfía de la reverencia. La liturgia, en cambio, se detiene y se inclina: reconoce que hay algo santo delante de nosotros. Ese respeto no humilla al hombre, lo engrandece, porque solo quien sabe adorar descubre el verdadero valor de las cosas.

Cómo vivirlo en la Misa

Durante la incensación del altar al inicio de la Misa, no mires el humo como un detalle decorativo: únete a él con tu propia oración. Puedes ofrecer en ese momento una intención concreta, un nombre, una preocupación, y dejar que suba con el perfume.

Cuando el turiferario se acerque a incensar a la asamblea, levántate con atención y comprende que también tú eres ofrecido. No es un saludo ni un honor vacío: es la señal de que formas parte de la ofrenda de la Iglesia. Sal de la Misa sabiendo que tu vida entera puede ser incienso agradable a Dios.

Oración

Señor, que mi oración suba hasta ti como el incienso en tu presencia. Purifica lo que en mí es tibio, eleva lo que está apegado a la tierra y haz de mi vida una ofrenda que te sea agradable. Que nunca me acostumbre a tu santidad. Amén.