Símbolos de la Misa

El Saludo de la Paz

El Misal describe así el gesto de la paz:

El saludo de la paz es el gesto con que la asamblea se expresa mutuamente la caridad antes de acercarse a comulgar. Ocurre en la Misa justo antes de la fracción del pan, después de

El Saludo de la Paz
Los fieles 'imploran la paz y la unidad para la Iglesia y para toda la familia humana, y se expresan mutuamente la caridad, antes de participar de un mismo pan' (IGMR 56b).

a) Se trata de la paz de Cristo: 'Mi paz os dejo, mi paz os doy'. El saludo y el don del Señor que se comunica a los suyos en la Eucaristía. No una paz que conquistemos nosotros con nuestro esfuerzo, sino que nos concede el Señor.

b) Un gesto de fraternidad cristiana y eucarística: Un gesto que nos hacemos unos a otros antes de atrevernos a acudir a la comunión: para recibir a Cristo nos debemos sentir hermanos y aceptarnos los unos a los otros. Todos somos miembros del mismo Cuerpo, la Iglesia de Cristo. Todos estamos invitados a la misma mesa eucarística. Darnos la paz es un gesto profundamente religioso, además de humano. Está motivado por la fe más que por la amistad: reconocemos a Cristo en el hermano al igual que lo reconocemos en el pan y el vino.

Sobre este símbolo

El saludo de la paz es el gesto con que la asamblea se expresa mutuamente la caridad antes de acercarse a comulgar. Ocurre en la Misa justo antes de la fracción del pan, después del Padre Nuestro, cuando todos piden al Señor la paz y la unidad. No es un simple saludo social ni un momento para conversar: es el reconocimiento de que quienes van a recibir al mismo Cristo deben sentirse y tratarse como hermanos. Su fundamento no es la amistad, sino la fe.

Ideas clave

  • Se trata de la paz de Cristo, que Él da y no conquistamos con nuestro esfuerzo.
  • El gesto expresa la caridad mutua antes de participar del mismo pan.
  • Reconocemos a Cristo en el hermano como lo reconocemos en la Eucaristía.
  • Todos somos miembros del mismo Cuerpo y estamos invitados a la misma mesa.
  • Es un gesto profundamente religioso, motivado por la fe más que por la simpatía.
  • Su lugar en la Misa lo une a la comunión que se va a recibir.

Reflexión

La paz que se intercambia en la Misa no nace de nosotros. No es el resultado de un buen entendimiento ni de una tregua negociada; es un don que Cristo comunica a los suyos. Por eso el gesto tiene algo de desproporcionado: se ofrece la paz a quien quizá no nos cae bien, a quien nos ha herido, a quien apenas conocemos. No se pide que sintamos afecto, sino que reconozcamos una fraternidad más honda, fundada en Cristo.

El momento elegido por la liturgia es revelador. Nos damos la paz inmediatamente antes de comulgar, cuando ya estamos a las puertas del altar. La Iglesia parece decirnos: no puedes recibir al mismo Señor dividido de tus hermanos. La comunión con Dios y la comunión con los hombres son inseparables. Quien se acerca al altar sin haber hecho las paces, aunque sea en el corazón, celebra a medias el sacramento de la unidad.

Este gesto sencillo es también una tarea que sale del templo. La paz recibida no se guarda: se lleva. Si en la Misa hemos sido capaces de mirar al hermano y desearle la paz de Cristo, esa misma mirada debe acompañarnos en casa, en el trabajo y en las discusiones cotidianas. La liturgia no reemplaza la reconciliación, pero la hace posible y la exige.

Cómo vivirlo en la Misa

Cuando llegue el saludo de la paz, deja de lado la prisa. Mira a quien tienes al lado, aunque no lo conozcas, y deséale sinceramente la paz de Cristo con un gesto sobrio y digno, sin convertirlo en charla ni en distracción.

Si has tenido un desencuentro con alguien de la comunidad, ese es el momento de dar el primer paso, al menos con la intención del corazón. Y al salir de la Misa, elige una persona concreta con la que quieras hacer las paces durante la semana. La paz que se queda en el templo es una paz incompleta.

Oración

Señor Jesucristo, tú nos dejas tu paz y nos pides que seamos uno. Danos un corazón capaz de reconocerte en cada hermano, sobre todo en quien nos cuesta amar. Que el gesto de la paz no sea solo un rito, sino el comienzo de una reconciliación sincera. Amén.