Símbolos de la Misa

La Señal de la Cruz

la Cruz es una verdadera cátedra, desde la que Cristo nos predica siempre

La señal de la cruz es el gesto cristiano más común y, quizá por eso, el menos pensado. Trazamos con la mano una cruz sobre nuestro cuerpo al comenzar y terminar la Misa, y lo repe

La Señal de la Cruz
No nos damos mucha cuenta, porque ya estamos acostumbrados a ver la Cruz en la Iglesia, en nuestras casas, pero la Cruz es una verdadera cátedra, desde la que Cristo nos predica siempre la gran lección del cristianismo.

La Cruz resume toda la teología sobre Dios, sobre el misterio de la salvación en Cristo, sobre la vida cristiana.

La Cruz es todo un discurso: Nos presenta a un Dios trascendente pero cercano; un Dios que ha querido vencer el mal con su propio dolor; un Cristo que es juez y Señor, pero a la vez siervo, que ha querido llegar a la entrega total de sí mismo, como imagen plástica del amor y de la condescendencia de Dios; un Cristo que en su Pascua » muerte y resurrección» ha dado al mundo la reconciliación.

Los cristianos con frecuencia hacemos con la mano la señal de la Cruz, o nos la hacen otros, como en el caso del bautismo o de las bendiciones.

Es un gesto sencillo pero lleno de significado. Esta señal de la Cruz es una verdadera confesión de fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia, de posesión: al hacer sobre nuestra personas este signo es como si dijéramos: 'estoy bautizado, pertenezco a Cristo, El es mi Salvador, la cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia cristiana...'.

Los cristianos debemos reconocer a la Cruz todo su contenido para que no sea un símbolo vacío. Y entonces sí, puede ser un signo que continuamente nos alimente la fe y el estilo de vida que Cristo nos enseñó. Si entendemos la Cruz y nuestro pequeño gesto de la señal de la Cruz es consciente, estaremos continuamente reorientando nuestra vida en la dirección buena.

Sobre este símbolo

La señal de la cruz es el gesto cristiano más común y, quizá por eso, el menos pensado. Trazamos con la mano una cruz sobre nuestro cuerpo al comenzar y terminar la Misa, y lo repetimos en muchos momentos del día. Es una confesión de fe condensada: Dios nos ha salvado en la cruz de Cristo. En la liturgia abre y cierra la celebración, y en el bautismo y las bendiciones la recibe el creyente de manos de otro.

Ideas clave

  • La señal de la cruz es una confesión de fe en el Dios que nos salvó.
  • Es un signo de pertenencia: al hacerlo decimos que somos de Cristo.
  • La cruz resume toda la teología sobre Dios, la salvación y la vida cristiana.
  • Nos recuerda a un Dios cercano que venció el mal con su propio dolor.
  • Bien hecha y consciente, reorienta la vida en la dirección buena.
  • Sin su contenido, la cruz corre el riesgo de ser un símbolo vacío.

Reflexión

La cruz es, en apariencia, un instrumento de muerte, y sin embargo se ha convertido en el signo más querido de los cristianos. Ese contraste es el corazón del Evangelio: lo que parecía derrota fue victoria, lo que parecía castigo fue entrega. Cuando trazamos la cruz sobre nosotros no hacemos un gesto protector ni un amuleto. Proclamamos que el amor de Dios ha pasado por el sufrimiento y no ha sido vencido por él.

La cruz nos habla de un Dios que no se queda lejos. Podía haber salvado al mundo desde la distancia, con un solo acto de poder; quiso hacerlo desde dentro, compartiendo nuestra condición, hasta el extremo. Por eso la cruz es también una lección sobre cómo se vence el mal: no con más fuerza, sino con más amor. Esa es la lección que Cristo sigue predicando desde esa cátedra silenciosa.

De ahí que el gesto deba ser consciente. Hecho con prisa y sin pensar, se convierte en costumbre; hecho con fe, renueva por dentro. Cada vez que trazamos la cruz sobre el cuerpo estamos diciendo algo muy simple y muy grande: pertenezco a Cristo, y el origen de mi vida está en su entrega. Ninguna otra señal resume mejor lo que somos.

Cómo vivirlo en la Misa

Al hacerte la señal de la cruz al entrar en la iglesia y al comenzar la Misa, hazlo despacio. Toca la frente, el pecho y los hombros con atención, sin prisa, sabiendo que estás confesando tu fe con el cuerpo entero.

Puedes recuperar este gesto en tu día: antes de una decisión importante, al levantarte, al acostarte o al enfrentar un momento difícil. No lo conviertas en rutina automática. Cada cruz trazada con conciencia es una manera breve y poderosa de decir que tu vida pertenece al Señor y que quieres caminar en su dirección.

Oración

Señor Jesucristo, tú nos amaste hasta la cruz y allí nos diste la salvación. Que la señal de la cruz no sea en mí una costumbre vacía, sino la confesión sincera de que te pertenezco. Reorienta cada día mi vida hacia ti. Amén.