Joel

Antiguo Testamento | 4 capítulos | 73 versículos

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Capítulo 3 de 4

Capítulo 3

1 «Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.

2 Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.

3 Y realizaré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, fuego, columnas de humo».

4 El sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre, ante la venida del Día de Yahveh, grande y terrible.

5 Y sucederá que todo el que invoque el nombre de Yahveh será salvo, porque en el monte Sión y en Jerusalén habrá supervivencia , como ha dicho Yahveh, y entre los supervivientes estarán los que llame Yahveh.

Reflexión del capítulo 3

El capítulo 3 contiene la promesa que la Iglesia lee cada Pentecostés: derramaré mi Espíritu en toda carne. Ya no es solo el profeta, el rey o el sacerdote quien recibe el Espíritu de Dios: los hijos y las hijas profetizan, los ancianos sueñan, los jóvenes ven visiones y hasta los siervos y las siervas lo reciben. Es una revolución de la gracia, la apertura del don divino a todo el pueblo, sin distinción de edad, sexo o condición social. Pedro citará este texto la mañana de Pentecostés para explicar el fuego y las lenguas (Hch 2,17-21). Junto a la promesa, Joel anuncia prodigios cósmicos y la salvación de todo el que invoque el nombre de Yahveh. El capítulo recuerda que el Espíritu no es privilegio de unos pocos, sino vocación de todos los bautizados, llamados a ser profetas, testigos y misioneros.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Toma conciencia de que el Espíritu Santo ya habita en ti por el Bautismo y la Confirmación. Hoy, invócalo por su nombre antes de una decisión o conversación difícil, y atrévete a dar un paso sencillo de testimonio: una palabra de fe, una obra de caridad, una oración en voz alta por otro.

Oración

Espíritu Santo, derrámate sobre mí como prometió Joel. Hazme profeta de tu amor en mi familia y en mi trabajo, y que nunca calle quien ha sido salvado por invocar tu nombre. Amén.

Acerca del libro de Joel

El libro de Joel es el segundo de los doce profetas menores y uno de los textos del Antiguo Testamento más citados en el Nuevo. Su nombre, que significa «Yahveh es Dios», resume su mensaje: solo el Señor es dueño de la historia. La mayoría de los estudiosos lo sitúa en la época postexílica, cuando Judá, ya de vuelta del destierro, reconstruía su vida en torno al Templo. La ocasión que da origen al oráculo es una devastadora plaga de langostas que arrasa campos, viñas y cosechas, dejando al pueblo sin pan y sin ofrendas para el culto. Joel no se detiene en el desastre: lo lee teológicamente como anticipo del «Día de Yahveh», el día del juicio y de la salvación.

El libro se articula en dos grandes movimientos. El primero (caps. 1-2) es una llamada urgente a la conversión: ayuno, luto y, sobre todo, un corazón desgarrado, no unas vestiduras rasgadas. El segundo (caps. 3-4) anuncia la restauración y el derramamiento del Espíritu sobre toda carne, promesa que Pedro reconoce cumplida en Pentecostés (Hch 2,17-21). Para la fe católica, Joel es una escuela de penitencia y esperanza: enseña que Dios responde al arrepentimiento sincero con abundancia y que su misericordia es más fuerte que cualquier plaga. Su anuncio del Espíritu derramado sobre hijos, hijas, ancianos y jóvenes fundamenta la dimensión carismática y misionera de la Iglesia. La fuente que mana de la Casa de Yahveh (Jl 4,18) apunta a Cristo, agua viva que brota del Templo de su Cuerpo, y a la gracia que riega el desierto del corazón humano.

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