Catecismo de la Iglesia Católica
Artículo 1: El hombre, imagen de Dios
Sección #57
Este artículo abre el Capítulo Primero de la Tercera Parte del Catecismo, dedicado a la dignidad de la persona humana. Su tema es la imagen de Dios en el hombre. La sección muestra
TERCERA PARTE LA VIDA EN CRISTO
PRIMERA SECCIÓN LA VOCACIÓN DEL HOMBRE: LA VIDA EN EL ESPÍRITU
CAPÍTULO PRIMERO LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA
ARTÍCULO 1 EL HOMBRE, IMAGEN DE DIOS
1701 “Cristo,... en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación” (GS 22, 1). En Cristo, “imagen del Dios invisible” (Col1,15; cf 2 Co4, 4), el hombre ha sido creado “a imagen y semejanza” del Creador. En Cristo, redentor y salvador, la imagen divina alterada en el hombre por el primer pecado ha sido restaurada en su belleza original y ennoblecida con la gracia de Dios (GS 22).
1702 La imagen divina está presente en todo hombre. Resplandece en la comunión de las personas a semejanza de la unidad de las personas divinas entre sí (cf. Capítulo segundo).
1703 . Dotada de un alma “espiritual e inmortal” (GS 14), la persona humana es la “única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma”(GS 24, 3). Desde su concepción está destinada a la bienaventuranza eterna.”
1704 La persona humana participa de la luz y la fuerza del Espíritu divino. Por la razón es capaz de comprender el orden de las cosas establecido por el Creador. Por su voluntad es capaz de dirigirse por sí misma a su bien verdadero. Encuentra su perfección en la búsqueda y el amor de la verdad y del bien (cf GS 15, 2).
1705 En virtud de su alma y de sus potencias espirituales de entendimiento y de voluntad, el hombre está dotado de libertad, “signo eminente de la imagen divina” (GS 17).
1706 Mediante su razón, el hombre conoce la voz de Dios que le impulsa “a hacer... el bien y a evitar el mal”(GS 16). Todo hombre debe seguir esta ley que resuena en la conciencia y que se realiza en el amor de Dios y del prójimo. El ejercicio de la vida moral proclama la dignidad de la persona humana.
1707 “El hombre, persuadido por el Maligno, abusó de su libertad, desde el comienzo de la historia”(GS 13, 1). Sucumbió a la tentación y cometió el mal. Conserva el deseo del bien, pero su naturaleza lleva la herida del pecado original. Ha quedado inclinado al mal y sujeto al error.
«De ahí que el hombre esté dividido en su interior. Por esto, toda vida humana, singular o colectiva, aparece como una lucha, ciertamente dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas». (GS 13, 2)
1708 Por su pasión, Cristo nos libró de Satán y del pecado. Nos mereció la vida nueva en el Espíritu Santo. Su gracia restaura en nosotros lo que el pecado había deteriorado.
1709 “El que cree en Cristo es hecho hijo de Dios. Esta adopción filial lo transforma dándole la posibilidad de seguir el ejemplo de Cristo. Le hace capaz de obrar rectamente y de practicar el bien. En la unión con su Salvador, el discípulo alcanza la perfección de la caridad, la santidad. La vida moral, madurada en la gracia, culmina en vida eterna, en la gloria del cielo.
Resumen
1710 “Cristo,manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación” (GS 22, 1).
1711 Dotada de alma espiritual, de entendimiento y de voluntad, la persona humana está desde su concepción ordenada a Dios y destinada a la bienaventuranza eterna. Camina hacia su perfección en la búsqueda y el amor de la verdad y del bien. (cf GS 15, 2).
1712 La verdadera,libertad es en el hombre el “signo eminente de la imagen divina” (GS 17).
1713 El hombre debe seguir la ley moral que le impulsa “a hacer,el bien y a evitar el mal” (GS 16). Esta ley resuena en su conciencia.
1714 El hombre, herido en su naturaleza por el pecado original, está sujeto al error e inclinado al mal en el ejercicio de su libertad.
1715 El que cree en Cristo tiene la vida nueva en el Espíritu Santo. La vida moral, desarrollada y madurada en la gracia, alcanza su plenitud en la gloria del cielo.
Sobre esta sección del Catecismo
Este artículo abre el Capítulo Primero de la Tercera Parte del Catecismo, dedicado a la dignidad de la persona humana. Su tema es la imagen de Dios en el hombre. La sección muestra que la grandeza del ser humano solo se comprende a la luz de Cristo, que revela plenamente al hombre al propio hombre; trata de la presencia de esa imagen en todos, del alma espiritual e inmortal, de la razón y la voluntad, de la libertad y de la herida del pecado original, y de la restauración obrada por la gracia. Importa al creyente porque funda el valor único de toda persona.
Ideas clave
- En Cristo, el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.
- La imagen divina está presente en todo ser humano, sin excepción.
- El hombre posee un alma espiritual e inmortal, amada por Dios por sí misma.
- La libertad es signo eminente de la imagen divina.
- La razón y la voluntad permiten buscar la verdad y el bien.
- La gracia de Cristo restaura lo que el pecado había deteriorado.
Reflexión
Una de las afirmaciones más audaces del cristianismo es que el ser humano lleva la huella del Creador. No es un dato que se pueda demostrar con experimentos; es una convicción de fe que ilumina todo lo demás. Y tiene una consecuencia inmediata: el valor de cada persona no depende de su utilidad, su salud, su inteligencia o su apariencia, sino de una dignidad recibida.
El Catecismo subraya que esa imagen está presente en todos, y la presenta con rasgos concretos: el alma espiritual e inmortal, el entendimiento que busca la verdad, la voluntad que se dirige al bien, y la libertad como signo eminente de la imagen divina. Somos, en cierto modo, criaturas hechas para amar y ser amadas, capaces de conocer y de elegir. Ese es el retrato de la grandeza humana.
Pero el mismo texto no oculta la herida. El pecado original desfiguró esa imagen y dejó al hombre dividido en su interior, inclinado al mal y sujeto al error. La vida se vuelve así una lucha dramática entre la luz y las tinieblas. La respuesta de Dios no es la condena, sino la misericordia: por su pasión, Cristo nos libra del pecado y restaura en nosotros lo que estaba deteriorado.
Cómo vivirlo hoy
Empieza por mirarte a ti mismo con la mirada de Dios. Cuando te juzgues inútil o indigno, recuerda que llevas su imagen y que Cristo te amó hasta el extremo. No confundas tu valor con tus logros ni con tus fracasos.
Después, mira así a los demás. Ante la persona que te cuesta amar —la que te ha ofendido, la que parece no valer nada a los ojos del mundo—, repite por dentro: en ella está la imagen de Dios. Deja que esa convicción cambie tus palabras, tu trato y tus juicios. Ese es un modo muy concreto de honrar al Creador.
Oración
Señor, tú me has creado a tu imagen y me has amado primero. Sana en mí las heridas del pecado y restaura tu semejanza. Enséñame a verme con verdad y a mirar a cada persona con el respeto que merece. Que mi vida refleje algo de tu bondad. Amén.