Catecismo de la Iglesia Católica
Artículo 2: El misterio pascual en los sacramentos de la Iglesia
Sección #40
Tras contemplar la liturgia como obra de la Trinidad, el Catecismo se detiene en lo que los siete sacramentos tienen en común. No son ritos aislados ni costumbres añadidas: fueron
SEGUNDA PARTE LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO CRISTIANO
PRIMERA SECCIÓN: LA ECONOMÍA SACRAMENTAL
CAPÍTULO PRIMERO: EL MISTERIO PASCUAL EN EL TIEMPO DE LA IGLESIA
ARTÍCULO 2 EL MISTERIO PASCUAL EN LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA
1113 Toda la vida litúrgica de la Iglesia gira en torno al Sacrificio Eucarístico y los sacramentos (cf SC 6). Hay en la Iglesia siete sacramentos: Bautismo, Confirmación o Crismación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden sacerdotal y Matrimonio (cf DS 860; 1310; 1601). En este artículo se trata de lo que es común a los siete sacramentos de la Iglesia desde el punto de vista doctrinal. Lo que les es común bajo el aspecto de la celebración se expondrá en el capítulo segundo, y lo que es propio de cada uno de ellos será objeto de la segunda sección.
I. Sacramentos de Cristo
1114 "Adheridos a la doctrina de las Santas Escrituras, a las tradiciones apostólicas... y al parecer unánime de los Padres", profesamos que "los sacramentos de la nueva Ley... fueron todos instituidos por nuestro Señor Jesucristo" (DS 1600-1601).
1115 Las palabras y las acciones de Jesús durante su vida oculta y su ministerio público eran ya salvíficas. Anticipaban la fuerza de su misterio pascual. Anunciaban y preparaban aquello que Él daría a la Iglesia cuando todo tuviese su cumplimiento. Los misterios de la vida de Cristo son los fundamentos de lo que en adelante, por los ministros de su Iglesia, Cristo dispensa en los sacramentos, porque "lo... que era visible en nuestro Salvador ha pasado a sus misterios" (San León Magno, Sermo74, 2).
1116 Los sacramentos, como "fuerzas que brotan" del Cuerpo de Cristo (cf Lc5,17; 6,19; 8,46) siempre vivo y vivificante, y como acciones del Espíritu Santo que actúa en su Cuerpo que es la Iglesia, son "las obras maestras de Dios" en la nueva y eterna Alianza.
II. Sacramentos de la Iglesia
1117 Por el Espíritu que la conduce "a la verdad completa" (Jn 16,13), la Iglesia reconoció poco a poco este tesoro recibido de Cristo y precisó su "dispensación", tal como lo hizo con el canon de las Sagradas Escrituras y con la doctrina de la fe, como fiel dispensadora de los misterios de Dios (cf Mt 13,52; 1 Co4,1). Así, la Iglesia ha precisado a lo largo de los siglos, que, entre sus celebraciones litúrgicas, hay siete que son, en el sentido propio del término, sacramentos instituidos por el Señor.
1118 Los sacramentos son "de la Iglesia" en el doble sentido de que existen "por ella" y "para ella". Existen "por la Iglesia" porque ella es el sacramento de la acción de Cristo que actúa en ella gracias a la misión del Espíritu Santo. Y existen "para la Iglesia", porque ellos son "sacramentos... que constituyen la Iglesia" (San Agustín, De civitate Dei22, 17; Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae3, q.64, a. 2 ad 3), ya que manifiestan y comunican a los hombres, sobre todo en la Eucaristía, el misterio de la Cocmunión del Dios Amor, uno en tres Personas.
1119 Formando con Cristo-Cabeza "como una única... persona mística" (Pío XII, enc. Mystici Corporis), la Iglesia actúa en los sacramentos como "comunidad sacerdotal" "orgánicamente estructurada" (LG 11): gracias al Bautismo y la Confirmación, el pueblo sacerdotal se hace apto para celebrar la liturgia; por otra parte, algunos fieles "que han recibido el sacramento del Orden están instituidos en nombre de Cristo para ser los pastores de la Iglesia con la palabra y la gracia de Dios" (LG 11).
1120 El ministerio ordenado o sacerdocio ministerial(LG 10) está al servicio del sacerdocio bautismal. Garantiza que, en los sacramentos, sea Cristo quien actúa por el Espíritu Santo en favor de la Iglesia. La misión de salvación confiada por el Padre a su Hijo encarnado es confiada a los Apóstoles y por ellos a sus sucesores: reciben el Espíritu de Jesús para actuar en su nombre y en su persona (cf Jn 20,21-23; Lc24,47; Mt 28,18-20). Así, el ministro ordenado es el vínculo sacramental que une la acción litúrgica a lo que dijeron y realizaron los Apóstoles, y por ellos a lo que dijo y realizó Cristo, fuente y fundamento de los sacramentos.
1121 Los tres sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y del Orden sacerdotal confieren, además de la gracia, un caráctersacramental o "sello" por el cual el cristiano participa del sacerdocio de Cristo y forma parte de la Iglesia según estados y funciones diversos. Esta configuración con Cristo y con la Iglesia, realizada por el Espíritu, es indeleble (Concilio de Trento: DS 1609); permanece para siempre en el cristiano como disposición positiva para la gracia, como promesa y garantía de la protección divina y como vocación al culto divino y al servicio de la Iglesia. Por tanto, estos sacramentos no pueden ser reiterados.
III. Sacramentos de la fe
1122 Cristo envió a sus Apóstoles para que, "en su Nombre, proclamasen a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados" (Lc24,47). "Haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19). La misión de bautizar, por tanto la misión sacramental, está implicada en la misión de evangelizar, porque el sacramento es preparado por la Palabra de Diosy por la fe que es consentimiento a esta Palabra:
«El pueblo de Dios se reúne, sobre todo, por la palabra de Dios vivo... Necesita la predicación de la palabra para el ministerio mismo de los sacramentos. En efecto, son sacramentos de la fe que nace y se alimenta de la palabra» (PO 4).
1123 "Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios, pero, como signos, también tienen un fin instructivo. No sólo suponen la fe, también la fortalecen, la alimentan y la expresan con palabras y acciones; por se llaman sacramentos de la fe"(SC 59).
1124 La fe de la Iglesia es anterior a la fe del fiel, el cual es invitado a adherirse a ella. Cuando la Iglesia celebra los sacramentos confiesa la fe recibida de los apóstoles, de ahí el antiguo adagio: Lex orandi, lex credendi(o: Legem credendi lex statuat supplicandi). "La ley de la oración determine la ley de la fe" (Indiculus, c. 8: DS 246), según Próspero de Aquitania, (siglo V). La ley de la oración es la ley de la fe. La Iglesia cree como ora. La liturgia es un elemento constitutivo de la Tradición santa y viva (cf. DV 8).
1125 Por eso ningún rito sacramental puede ser modificado o manipulado a voluntad del ministro o de la comunidad. Incluso la suprema autoridad de la Iglesia no puede cambiar la liturgia a su arbitrio, sino solamente en virtud del servicio de la fe y en el respeto religioso al misterio de la liturgia.
1126 Por otra parte, puesto que los sacramentos expresan y desarrollan la comunión de fe en la Iglesia, la lex orandies uno de los criterios esenciales del diálogo que intenta restaurar la unidad de los cristianos (cf UR 2 y 15).
IV. Sacramentos de la salvación
1127 Celebrados dignamente en la fe, los sacramentos confieren la gracia que significan (cf Concilio de Trento: DS 1605 y 1606). Son eficacesporque en ellos actúa Cristo mismo; Él es quien bautiza, Él quien actúa en sus sacramentos con el fin de comunicar la gracia que el sacramento significa. El Padre escucha siempre la oración de la Iglesia de su Hijo que, en la epíclesis de cada sacramento, expresa su fe en el poder del Espíritu. Como el fuego transforma en sí todo lo que toca, así el Espíritu Santo transforma en vida divina lo que se somete a su poder.
1128 Tal es el sentido de la siguiente afirmación de la Iglesia (cf Concilio de Trento: DS 1608): los sacramentos obran ex opere operato(según las palabras mismas del Concilio: "por el hecho mismo de que la acción es realizada"), es decir, en virtud de la obra salvífica de Cristo, realizada de una vez por todas. De ahí se sigue que "el sacramento no actúa en virtud de la justicia del hombre que lo da o que lo recibe, sino por el poder de Dios" (Santo Tomás de Aquino, S. Th.,3, q. 68, a.8, c). En consecuencia, siempre que un sacramento es celebrado conforme a la intención de la Iglesia, el poder de Cristo y de su Espíritu actúa en él y por él, independientemente de la santidad personal del ministro. Sin embargo, los frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe.
1129 La Iglesia afirma que para los creyentes los sacramentos de la Nueva Alianza son necesarios para la salvación(cf Concilio de Trento: DS 1604). La "gracia sacramental" es la gracia del Espíritu Santo dada por Cristo y propia de cada sacramento. El Espíritu cura y transforma a los que lo reciben conformándolos con el Hijo de Dios. El fruto de la vida sacramental consiste en que el Espíritu de adopción deifica (cf 2 P1,4) a los fieles uniéndolos vitalmente al Hijo único, el Salvador.
V. Sacramentos de la vida eterna
1130 La Iglesia celebra el Misterio de su Señor "hasta que él venga" y "Dios sea todo en todos" (1 Co11, 26; 15, 28). Desde la era apostólica, la liturgia es atraída hacia su término por el gemido del Espíritu en la Iglesia: ¡Marana tha!(1 Co16,22). La liturgia participa así en el deseo de Jesús: "Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros... hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios" (Lc22,15-16). En los sacramentos de Cristo, la Iglesia recibe ya las arras de su herencia, participa ya en la vida eterna, aunque "aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del Gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo" (Tt 2,13). "El Espíritu y la Esposa dicen: ¡Ven!... ¡Ven, Señor Jesús!" (Ap22,17.20).
Santo Tomás resume así las diferentes dimensiones del signo sacramental: «Unde sacramentum est signum rememorativum eius quod praecessit, scilicet passionis Christi; et desmonstrativum eius quod in nobis efficitur per Christi passionem, scilicet gratiae; et prognosticum, id est, praenuntiativum futurae gloriae» («Por eso el sacramento es un signo que rememora lo que sucedió, es decir, la pasión de Cristo; es un signo que demuestra lo que se realiza en nosotros en virtud de la pasión de Cristo, es decir, la gracia; y es un signo que anticipa, es decir, que preanuncia la gloria venidera») (Summa theologiae3, q. 60, a. 3, c.)
Resumen
1131 Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina. Los ritos visibles bajo los cuales los sacramentos son celebrados significan y realizan las gracias propias de cada sacramento. Dan fruto en quienes los reciben con las disposiciones requeridas.
1132 La Iglesia celebra los sacramentos como comunidad sacerdotal estructurada por el sacerdocio bautismal y el de los ministros ordenados.
1133 El Espíritu Santo dispone a la recepción de los sacramentos por la Palabra de Dios y por la fe que acoge la Palabra en los corazones bien dispuestos. Así los sacramentos fortalecen y expresan la fe.
1134 El fruto de la vida sacramental es a la vez personal y eclesial. Por una parte, este fruto es para todo fiel la vida para Dios en Cristo Jesús: por otra parte, es para la Iglesia crecimiento en la caridad y en su misión de testimonio.
Sobre esta sección del Catecismo
Tras contemplar la liturgia como obra de la Trinidad, el Catecismo se detiene en lo que los siete sacramentos tienen en común. No son ritos aislados ni costumbres añadidas: fueron instituidos por Cristo, pertenecen a la Iglesia y están ordenados a ella, suponen y alimentan la fe, y comunican realmente la salvación. Este artículo ofrece la doctrina de fondo que después se aplicará a cada sacramento en particular. Entenderlo ayuda al creyente a recibirlos con conciencia, devoción y gratitud, sabiendo que en ellos actúa el mismo Señor.
Ideas clave
- Los siete sacramentos fueron instituidos por Jesucristo, no por la comunidad.
- Son de la Iglesia: existen por ella y están ordenados a ella.
- El ministro ordenado garantiza que sea Cristo quien actúe en el sacramento.
- El Bautismo, la Confirmación y el Orden imprimen un sello indeleble.
- Los sacramentos suponen la fe, la fortalecen, la alimentan y la expresan.
- La ley de la oración es la ley de la fe: la Iglesia cree como ora.
Reflexión
Hay una tentación sutil: pensar que los sacramentos son ceremonias que la Iglesia organiza para dar solemnidad a la vida. El Catecismo responde con una afirmación mucho más audaz: en ellos actúa Cristo. El ministro que bautiza, absuelve o consagra no sustituye al Señor; es el instrumento mediante el cual el Señor sigue tocando a su pueblo. Esto libera al creyente de depender de la santidad personal del sacerdote y lo remite a la fidelidad de Dios.
Al mismo tiempo, los sacramentos no son magia. Suponen la fe, la despiertan y la alimentan. Dios no nos salva al margen de nuestra libertad, sino a través de ella. Por eso la disposición del corazón importa: el mismo don puede encontrarnos abiertos o distraídos. La Iglesia cree como ora, y su oración moldea lentamente nuestra fe.
De aquí brota una consecuencia preciosa: la liturgia no nos pertenece. No podemos adaptarla al gusto de cada grupo, porque es un tesoro recibido, no un producto. Recibirla con respeto es reconocer que la salvación viene de Otro, y que nuestra tarea es acogerla, no fabricarla.
Cómo vivirlo hoy
Prepara cada sacramento que recibas con una catequesis sencilla pero real: antes de confesarte o de comulgar, dedica unos minutos a recordar qué va a ocurrir y quién actúa en ese momento. No te presentes de paso.
Si eres padre o catequista, explica a los niños y a los jóvenes que los sacramentos son encuentros con Cristo vivo, no costumbres familiares. Y cuando te cueste la debilidad de un ministro, recuerda que la eficacia del sacramento no depende de su virtud. Ora por los sacerdotes y agradece en voz alta, alguna vez, el don que recibiste.
Oración
Señor Jesucristo, que quisiste quedarte con nosotros en los sacramentos, gracias por acercarte a mi vida por caminos tan sencillos como el agua, el pan y las palabras de perdón. Aumenta mi fe para reconocerte en ellos y haz que nunca los reciba por costumbre. Amén.