Catecismo de la Iglesia Católica
LA CELEBRACIÓN SACRAMENTAL DEL MISTERIO PASCUAL
Sección #41
Este capítulo segundo de la Sección primera introduce la celebración de los sacramentos. Después de haber contemplado la economía sacramental, el Catecismo se pregunta ahora cómo s
SEGUNDA PARTE LA CELEBRACIÓN DEL MISTERIO CRISTIANO
PRIMERA SECCIÓN: LA ECONOMÍA SACRAMENTAL
CAPÍTULO SEGUNDO LA CELEBRACIÓN SACRAMENTAL DEL MISTERIO PASCUAL
1135 La catequesis de la liturgia implica en primer lugar la inteligencia de la economía sacramental (capítulo primero). A su luz se revela la novedad de su celebración. Se tratará, pues, en este capítulo de la celebración de los sacramentos de la Iglesia. A través de la diversidad de las tradiciones litúrgicas, se presenta lo que es común a la celebración de los siete sacramentos. Lo que es propio de cada uno de ellos, será presentado más adelante. Esta catequesis fundamental de las celebraciones sacramentales responderá a las cuestiones inmediatas que se presentan a un fiel al respecto:
— Quién celebra,
— Cómo celebrar,
— Cuándo celebrar,
— Dónde celebrar.
Sobre esta sección del Catecismo
Este capítulo segundo de la Sección primera introduce la celebración de los sacramentos. Después de haber contemplado la economía sacramental, el Catecismo se pregunta ahora cómo se celebra. A lo largo de la diversidad de tradiciones litúrgicas, se expondrá lo común a la celebración de los siete sacramentos, y más adelante lo propio de cada uno. Cuatro preguntas sencillas ordenan toda la exposición: quién celebra, cómo celebrar, cuándo celebrar y dónde celebrar. Son las preguntas que cualquier fiel se hace al participar en la liturgia, y merecen una respuesta serena y fundamentada.
Ideas clave
- La catequesis litúrgica comienza por entender la economía sacramental.
- Cuatro preguntas ordenan el capítulo: quién, cómo, cuándo y dónde celebrar.
- Antes de estudiar cada sacramento se expone lo común a los siete.
- La diversidad de tradiciones litúrgicas no rompe la unidad del misterio.
- Lo propio de cada sacramento se tratará más adelante, en su lugar.
Reflexión
Hay una sabiduría pedagógica en estas cuatro preguntas. El Catecismo no comienza por lo más abstracto, sino por lo que el fiel tiene delante de los ojos: una asamblea reunida, unos gestos, un tiempo, un lugar. La fe se transmite también así, desde lo visible hacia lo invisible, porque el ser humano es cuerpo y espíritu y necesita signos para comprender realidades que lo superan.
Detrás de la pregunta sobre quién celebra late una verdad hermosa: la liturgia no es obra de un individuo. Es el Cuerpo entero de Cristo, Cabeza y miembros, el que se presenta ante el Padre. Y detrás de las preguntas sobre el cómo, el cuándo y el dónde se esconde la convicción de que Dios se acomoda a nuestra condición: nos habla en el tiempo, en el espacio y en la cultura concreta que habitamos.
Ordenar la celebración no es rigidez, sino cuidado. Cuando la comunidad entiende qué hace y por qué lo hace, su participación deja de ser rutina y se vuelve consciente, activa y fecunda. La liturgia educa, y a la vez la liturgia celebrada con amor educa en el amor.
Cómo vivirlo hoy
Tómate un tiempo para leer con calma lo que ocurre en una Misa: los gestos, los silencios, los cantos, las posturas. Entender el porqué de cada cosa te permitirá participar con más provecho.
Cuando participes en la celebración, llega a tiempo, ocupa un lugar donde puedas ver y oír, y responde junto con la asamblea. Si algún gesto no lo comprendes, pregunta a tu párroco o búscalo con calma; no lo dejes pasar como algo indiferente. La fe también se alimenta de comprender.
Oración
Señor, enséñame a celebrar con inteligencia y con amor. Abre mi entendimiento para comprender lo que la Iglesia hace en tu nombre, y dispón mi corazón para participar de verdad, con el cuerpo y con el espíritu, en la liturgia de tu pueblo. Amén.