Catecismo de la Iglesia Católica
LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA
Sección #86
Esta sección abre la Cuarta Parte del Catecismo, dedicada por entero a la oración cristiana. Después de profesar la fe, celebrarla y vivirla, al creyente se le enseña a hablar con
CUARTA PARTE LA ORACIÓN CRISTIANA
PRIMERA SECCIÓN LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA
2558 “Este es el misterio de la fe”. La Iglesia lo profesa en el Símbolo de los Apóstoles (primera parte) y lo celebra en la Liturgia sacramental (segunda parte), para que la vida de los fieles se conforme con Cristo en el Espíritu Santo para gloria de Dios Padre (tercera parte). Por tanto, este misterio exige que los fieles crean en él, lo celebren y vivan de él en una relación viviente y personal con Dios vivo y verdadero. Esta relación es la oración.
¿QUÉ ES LA ORACIÓN?
«Para mí, la oraciónes un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría (Santa Teresa del Niño Jesús, Manuscrit C,25r: Manuscrists autohiographiques[Paris 1992] p. 389-390).
La oración como don de Dios
2559 “La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes”(San Juan Damasceno, Expositio fidei, 68 [De fide orthodoxa3, 24]). ¿Desde dónde hablamos cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia voluntad, o desde “lo más profundo” (Sal130, 1) de un corazón humilde y contrito? El que se humilla es ensalzado (cf Lc18, 9-14). La humildades la base de la oración. “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm 8, 26). La humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios (San Agustín, Sermo56, 6, 9).
2560 “Si conocieras el don de Dios”(Jn 4, 10). La maravilla de la oración se revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él (San Agustín, De diversis quaestionibus octoginta tribus64, 4).
2561 “Tú le habrías rogado a él, y él te habría dado agua viva” (Jn 4, 10). Nuestra oración de petición es paradójicamente una respuesta. Respuesta a la queja del Dios vivo: “A mí me dejaron, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas” (Jr2, 13), respuesta de fe a la promesa gratuita de salvación (cf Jn 7, 37-39; Is12, 3; 51, 1), respuesta de amor a la sed del Hijo único (cf Jn 19, 28; Za12, 10; 13, 1).
La oración como Alianza
2562 ¿De dónde viene la oración del hombre? Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras), el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde brota la oración, las sagradas Escrituras hablan a veces del alma o del espíritu, y con más frecuencia del corazón (más de mil veces). Es el corazónel que ora. Si este está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana.
2563 El corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito (según la expresión semítica o bíblica: donde yo “me adentro”). Es nuestro centro escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro, ya que a imagen de Dios, vivimos en relación: es el lugar de la Alianza.
2564 La oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo. Es acción de Dios y del hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros, dirigida por completo al Padre, en unión con la voluntad humana del Hijo de Dios hecho hombre.
La oración como comunión
2565 En la nueva Alianza, la oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo. La gracia del Reino es “la unión de la Santísima Trinidad toda entera con el espíritu todo entero” (San Gregorio Nacianceno, Oratio16, 9). Así, la vida de oración es estar habitualmente en presencia de Dios, tres veces Santo, y en comunión con Él. Esta comunión de vida es posible siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo (cf Rm 6, 5). La oración es cristianaen tanto en cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es su Cuerpo. Sus dimensiones son las del Amor de Cristo (cf Ef 3, 18-21).
Sobre esta sección del Catecismo
Esta sección abre la Cuarta Parte del Catecismo, dedicada por entero a la oración cristiana. Después de profesar la fe, celebrarla y vivirla, al creyente se le enseña a hablar con Dios. Aquí se responde a la pregunta más elemental: qué es orar. La oración aparece como don antes que como obra humana, porque Dios toma siempre la iniciativa y el hombre responde. Se presenta también el corazón como el lugar donde se ora, y la oración como alianza y comunión con la Trinidad. Es la puerta de entrada a toda la vida de oración.
Ideas clave
- La oración es la elevación del alma a Dios y la petición de bienes convenientes.
- Dios toma siempre la iniciativa: la oración es ante todo un don suyo.
- La humildad es la base de la oración; el hombre es un mendigo de Dios.
- La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre.
- Es el corazón el que ora, no solo los labios ni los gestos exteriores.
- La oración cristiana es comunión con Cristo y con la Trinidad entera.
Reflexión
Casi siempre pensamos la oración como iniciativa nuestra: nosotros buscamos a Dios, hablamos y pedimos. El Catecismo invierte el orden y revela algo mucho más consolador: es Dios quien nos busca primero. La escena de Jesús junto al pozo es la clave de todo. Él, que es la fuente, pide de beber a una mujer cansada, y en ese gesto se revela la sed de Dios por el hombre. Orar es responder a esa sed, no iniciarla.
El lugar de la oración es el corazón. No entendido como puro sentimiento, sino como el centro escondido de la persona, allí donde decide, donde elige entre la vida y la muerte y se forja la verdad de cada uno. Si el corazón está lejos de Dios, las palabras más hermosas se vuelven vacías. Por eso la primera condición para orar no es la elocuencia, sino la humildad del que se sabe necesitado.
Orar no es un ejercicio solitario. La oración cristiana es alianza y comunión: el Espíritu Santo ora en nosotros, la voz va dirigida al Padre y se une a la voluntad humana de Cristo. Cuando el creyente reza, se inserta en una relación viva que lo precede y lo sostiene. No habla al vacío: habla a Alguien que lo conoce y lo ama desde antes de que abriera la boca.
Cómo vivirlo hoy
Reserva hoy un momento fijo para orar, aunque sean diez minutos, y hazlo siempre a la misma hora: la constancia vale más que la intensidad. Empieza reconociéndote ante Dios tal como estás, sin adornos ni discursos aprendidos.
Habla con él como con un amigo: cuéntale lo que te preocupa, agradece lo que has recibido y guarda también silencio. Si te distraes, vuelve sin dramatizar. Y antes de dormir, pregúntate cómo te ha buscado Dios durante el día, porque la oración empieza muchas veces por advertir que ya estabas siendo buscado.
Oración
Señor, tú me buscas antes de que yo te busque, y tienes sed de mi amor. Enséñame a orar con sencillez y humildad, desde lo más profundo del corazón. Que mi oración no sea un discurso vacío, sino una respuesta confiada a tu llamada y una comunión viva contigo. Amén.