Catecismo de la Iglesia Católica
LA REVELACIÓN DE LA ORACIÓN
Sección #87
Este capítulo abre la Cuarta Parte del Catecismo y trata de la revelación de la oración: cómo Dios mismo ha enseñado al hombre a orar a lo largo de la historia de la salvación. Ant
CUARTA PARTE LA ORACIÓN CRISTIANA
PRIMERA SECCIÓN LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA
CAPÍTULO PRIMERO LA REVELACIÓN DE LA ORACIÓN
Vocación universal a la oración
2566 El hombre busca a Dios. Por la creación Dios llama a todo ser desde la nada a la existencia. Coronado de gloria y esplendor (Sal8, 6), el hombre es, después de los ángeles, capaz de reconocer ¡qué glorioso es el Nombre del Señor por toda la tierra! (Sal8, 2). Incluso después de haber perdido, por su pecado, su semejanza con Dios, el hombre sigue siendo imagen de su Creador. Conserva el deseo de Aquel que le llama a la existencia. Todas las religiones dan testimonio de esta búsqueda esencial de los hombres (cf Hch17, 27).
2567 Dios es quien primero llama al hombre. Olvide el hombre a su Creador o se esconda lejos de su faz, corra detrás de sus ídolos o acuse a la divinidad de haberlo abandonado, el Dios vivo y verdadero llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración. Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración, la actitud del hombre es siempre una respuesta. A medida que Dios se revela, y revela al hombre a sí mismo, la oración aparece como un llamamiento recíproco, un hondo acontecimiento de Alianza. A través de palabras y de actos, tiene lugar un trance que compromete el corazón humano. Este se revela a través de toda la historia de la salvación.
Sobre esta sección del Catecismo
Este capítulo abre la Cuarta Parte del Catecismo y trata de la revelación de la oración: cómo Dios mismo ha enseñado al hombre a orar a lo largo de la historia de la salvación. Antes de explicar las formas de la oración, el Catecismo muestra su origen. El punto de partida es una verdad sencilla y profunda: el hombre busca a Dios porque ha sido llamado a la existencia por él, y Dios, a su vez, no deja nunca de llamar al hombre. Aquí se expone la vocación universal a la oración, que alcanza a toda persona, incluso a quien todavía no lo sabe.
Ideas clave
- El hombre busca a Dios porque ha sido creado y llamado por él.
- Incluso después del pecado, el ser humano conserva la imagen y el deseo de su Creador.
- Todas las religiones dan testimonio de esta búsqueda esencial de los hombres.
- Dios es quien llama primero; la oración es siempre respuesta a su iniciativa.
- La oración es un llamamiento recíproco y un acontecimiento de alianza.
- Dios llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración.
Reflexión
Nadie reza por casualidad. Detrás de cada oración, incluso de la más torpe y apresurada, hay una llamada previa que no hemos escuchado del todo. El deseo de Dios que a veces sentimos con nostalgia, y otras veces con inquietud, no es un invento nuestro: es la huella del Creador en el fondo del alma. San Agustín lo expresó mejor que nadie cuando reconoció que el corazón está inquieto hasta descansar en él.
Esta búsqueda no es un privilegio de los creyentes. Toda la historia religiosa de la humanidad da testimonio de ella, y el Catecismo no la desprecia, sino que la reconoce como un camino. Aun quien se esconde, quien corre tras sus ídolos o quien acusa a Dios de haberlo abandonado, sigue siendo buscado. La iniciativa divina no se agota ni se cansa, y espera con una paciencia que apenas alcanzamos a imaginar.
Por eso la oración es más alianza que técnica. No se trata de conseguir algo con palabras adecuadas, sino de entrar en una relación que ya existe y que nos supera. Cada vez que nos ponemos a rezar, respondemos a una voz que nos llamó antes de nacer y que seguirá llamándonos hasta el final. La oración es el eco humano de una palabra divina pronunciada primero.
Cómo vivirlo hoy
Toma hoy conciencia de que Dios te está llamando en medio de tu rutina: en el trabajo, en el cansancio, en una conversación inesperada. Antes de empezar a rezar, guarda un minuto de silencio y pregúntate a qué te está invitando en este momento de tu vida.
No esperes sentir nada especial para orar. Basta con responder. Si te cuesta, empieza por una palabra repetida con calma, o por un salmo. Y si te sientes lejos de Dios, no huyas: precisamente entonces es cuando su llamada se escucha con más fuerza.
Oración
Dios vivo y verdadero, que no te cansas de llamarme aunque yo me distraiga y me esconda, gracias por buscarme primero. Danos oídos atentos y un corazón dócil para responder a tu llamada. Que nunca dejemos de buscarte, y que al buscarte descubramos que tú ya nos habías encontrado. Amén.