Meditación

Jesús en el desierto

Meditación para orar y contemplar en el silencio del corazón.

Vida de Cristo #17
Todas las meditaciones

Jesús está sentado sobre una roca dentro de un enorme peñasco. Aparece el rostro feo de Satanás. No se presenta de la forma en que siempre lo hemos imaginado: con cuernos, rabo, etc. Parece un beduino envuelto en su vestido. Satanás tienta a Jesús con el hambre: 'Di que estas piedras se conviertan en pan'. Jesús responde: 'No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios'. La primera tentación es la de usar el poder para satisfacer necesidades personales. Jesús nos enseña a confiar en el Padre, no a usar a Dios para nuestros intereses. Que sepamos confiar como Jesús, poniendo nuestra vida en manos del Padre.

Fuente: María Valtorta, El Evangelio como me ha sido revelado

Contexto y sentido

Esta meditación nos acerca al desierto de Jesús desde una mirada contemplativa, como la de María Valtorta en sus visiones. El Señor aparece sentado sobre una roca, solo, en ayunas, y el tentador se presenta sin las formas grotescas que la imaginación popular le atribuye: se disfraza, se hace pasar por alguien razonable. Así actúa también en nuestra vida: rara vez se muestra como un mal evidente; casi siempre se disfraza de sentido común, de prudencia, de derecho legítimo. La primera embestida es la más sutil: invitar a Jesús a usar su poder para resolver su propia necesidad, convertir las piedras en pan. Es la tentación de poner a Dios al servicio de nuestros intereses y de buscar seguridades inmediatas en lugar de confiar en el Padre. Jesús vence recordando que el hombre no vive solo de pan. Su ejemplo nos enseña que la verdadera fuerza está en abandonarse a Dios, no en manipularlo.

Cómo aplicarlo a tu vida

Observa hoy con honestidad las veces en que tu oración se parece más a un intento de manipular a Dios que a un acto de confianza. Cuando surja una necesidad urgente, resiste la tentación de exigir una solución inmediata y, en cambio, entrega esa necesidad al Padre, pidiendo sobre todo la fuerza para confiar. Ayuna de algo pequeño —una queja, un capricho— como signo de que no vives solo de pan.

Preguntas para tu oración

  • ¿Reconozco al tentador cuando se disfraza de algo razonable y bueno?
  • ¿Busco seguridades inmediatas o me abandono confiadamente en el Padre?
  • ¿Uso a Dios para mis intereses o me pongo al servicio de su voluntad?