La esperanza no es optimismo ingenuo, es virtud teologal que nos sostiene. San Pablo dice: 'La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado' (Rom 5,5). La esperanza cristiana mira al cielo, pero transforma la tierra. Sabemos que el mal no tiene la última palabra, que el sufrimiento puede dar frutos, que la muerte es un paso hacia la vida. En tiempos de oscuridad, la esperanza nos mantiene firmes. Que sepamos mantener viva la esperanza, anclados en las promesas de Dios, testigos de que la luz siempre vence a las tinieblas.
Fuente: San Pablo, Carta a los Romanos