Meditación

La santidad: llamada universal

Meditación para orar y contemplar en el silencio del corazón.

Meditaciones generales #40
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Todos estamos llamados a la santidad. El Concilio Vaticano II recordó que la santidad es vocación de todos los bautizados, no solo de sacerdotes y religiosos. San Josemaría Escrivá decía que 'la santidad no es cosa de pocos, sino de todos'. La santidad consiste en vivir las bienaventuranzas, en seguir a Jesús con generosidad, en hacer con amor las pequeñas cosas de cada día. Santa Teresita del Niño Jesús lo descubrió: 'Mi vocación es el amor'. Que sepamos responder cada día al llamado a la santidad, en medio de nuestras circunstancias concretas, ofreciendo todo a Dios con alegría.

Fuente: Concilio Vaticano II, Lumen Gentium cap. V

Contexto y sentido

Durante mucho tiempo se pensó que la santidad era cosa de sacerdotes y religiosos, de personas dedicadas exclusivamente a lo sagrado. El Concilio Vaticano II corrigió esa mirada y recordó una verdad luminosa: todos los bautizados estamos llamados a la santidad. No es una meta reservada a unos pocos héroes, sino la vocación de cada cristiano en las circunstancias concretas de su vida. La santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir las bienaventuranzas, seguir a Jesús con generosidad y hacer con amor las tareas pequeñas de cada día. Santa Teresita lo descubrió con claridad: mi vocación es el amor. San Josemaría Escrivá lo repitió incansablemente: la santidad no es cosa de pocos, sino de todos, y se puede alcanzar en el trabajo, en la familia y en la vida corriente. Para el católico de hoy, esta verdad es una llamada esperanzadora: no hace falta esperar condiciones perfectas para empezar; el camino hacia Dios pasa por lo que ya estamos viviendo.

Cómo aplicarlo a tu vida

Hoy no esperes circunstancias ideales para ser santo: elige una tarea ordinaria, tu trabajo, tu casa, una relación, y vívela con amor, cuidado y paciencia. Ofrece a Dios lo que haces, incluso lo monótono. Trata con respeto y amabilidad a quienes tienes cerca, aunque no te apetezca. Al final del día revisa dónde pusiste amor y agradece, pidiendo crecer un poco más mañana en esa misma dirección.

Preguntas para tu oración

  • ¿Creo que la santidad es para mí o la veo como algo reservado a otros?
  • ¿Cómo puedo hacer santo lo que ya estoy viviendo cada día?
  • ¿Dónde me falta poner más amor en mis tareas y relaciones ordinarias?