Salmos
Salmo 27
Libro I
Oración y alabanza.
Sobre el Salmo 27
Salmo de confianza absoluta. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Es la oración de quien busca habitar en la casa del Señor toda su vida.
Reflexión del Salmo 27
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Este salmo es una de las confesiones de fe más bellas de la Biblia. El enemigo acampa, la guerra se levanta, pero el salmista busca una sola cosa: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida. No pide victoria militar sino contemplación divina. Y la promesa es inquebrantable: aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recogerá. Para el cristiano, este salmo es la confianza en la presencia eucarística: allí habita quien busca contemplar la hermosura del Señor.
Cómo meditar este salmo
Identifica tu mayor temor y contrapónlo con esta frase: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Busca habitar en su presencia, aunque sea unos minutos de oración.
Oración
Señor, mi luz y mi salvación, no temeré. Quiero habitar en tu casa todos los días de mi vida. Recógeme con tu amor. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un salmo?
Un poema religioso del Antiguo Testamento, compuesto para cantarse en el templo de Jerusalén. Hoy se rezan en la misa y en la Liturgia de las Horas.
¿Cuántos salmos hay?
Ciento cincuenta. En la Biblia católica se numeran siguiendo la versión griega de los Setenta, que es la que recogió la Vulgata latina.
¿Quién los escribió?
La tradición atribuye buena parte a David, pero el conjunto se compuso a lo largo de varios siglos y por varias manos.
¿Por qué cambia la numeración según la Biblia?
Porque las Biblias protestantes siguen el texto hebreo y las católicas la numeración griega. El salmo 23 católico corresponde al 24 en las Biblias hebreas; a partir del salmo 10 hay un desfase de un número, y de dos en algunos tramos.
¿Cuándo conviene rezarlos?
En cualquier momento del día. Se rezan de forma especial en la Liturgia de las Horas: laudes por la mañana, vísperas al atardecer y completas antes de dormir.
¿Hay una forma obligatoria de rezarlos?
No. Puedes leerlos despacio, en voz alta o usarlos como punto de partida para tu propia oración.