Salmos
Salmo 34
Libro I
Oración y alabanza.
Sobre el Salmo 34
El Salmo 34 es un acróstico alfabético de acción de gracias que se presenta como enseñanza: un maestro humilde, salvado por Dios, invita a los pequeños y a los humildes a aprender el temor del Señor. La inscripción lo sitúa en un episodio dramático de la vida de David, cuando, para salvar la piel, se fingió loco ante el rey filisteo de Gat. De esa experiencia nace el canto. El salmo mezcla alabanza, testimonio y sabiduría práctica: guardar la lengua del mal, apartarse del mal y buscar la paz. Contiene algunas de las frases más queridas de la Escritura, entre ellas la invitación a gustar y ver qué bueno es el Señor, la imagen del Ángel del Señor que acampa en torno de sus fieles, y la certeza de que el Señor está cerca del que sufre. También afirma que Dios cuida los huesos del justo, texto que el evangelio de Juan aplicará a Cristo en la cruz. La Iglesia lo reza en la Liturgia de las Horas y lo propone como escuela de confianza y de alabanza en medio de la prueba.
Reflexión del Salmo 34
El salmo brota de una experiencia concreta de salvación, y por eso suena agradecido y no teórico. El orante no se presenta como héroe, sino como este pobre hombre que invocó al Señor y fue escuchado. Su primera lección es que la alabanza nace de la memoria: recordar lo que Dios ha hecho sostiene la fe cuando vuelven los miedos. La segunda es que la confianza tiene consecuencias prácticas: quien busca al Señor aprende a cuidar sus palabras, a apartarse del mal y a buscar la paz, porque la bendición no es sólo consuelo sino camino. La imagen del Ángel que acampa alrededor de los fieles expresa una protección discreta y constante, la de quien sabe que no está solo. Y la promesa de que nada falta a quienes temen a Dios no significa ausencia de pobreza, sino la certeza de que lo esencial nunca falta. El salmo se detiene especialmente en los quebrantados: Dios está cerca del que sufre y salva a los abatidos. Rezarlo es aprender a mirar la propia vida con gratitud y a reconocer a Dios en los momentos en que más lo necesitamos.
Cómo meditar este salmo
Haz memoria hoy de una vez en que Dios te sostuvo, y agradécele en voz alta. Practica el consejo del salmo: vigila tus palabras, evita la crítica y da un paso concreto hacia la paz con alguien. Y si estás sufriendo, repite con fe que el Señor está cerca de los que sufren.
Oración
Señor, quiero gustar y ver tu bondad. Gracias por escucharme cuando te invoco y por estar cerca en mis momentos de angustia. Guarda mi lengua del mal, guíame por el camino de la paz y hazme testigo de tu amor ante los humildes. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un salmo?
Un poema religioso del Antiguo Testamento, compuesto para cantarse en el templo de Jerusalén. Hoy se rezan en la misa y en la Liturgia de las Horas.
¿Cuántos salmos hay?
Ciento cincuenta. En la Biblia católica se numeran siguiendo la versión griega de los Setenta, que es la que recogió la Vulgata latina.
¿Quién los escribió?
La tradición atribuye buena parte a David, pero el conjunto se compuso a lo largo de varios siglos y por varias manos.
¿Por qué cambia la numeración según la Biblia?
Porque las Biblias protestantes siguen el texto hebreo y las católicas la numeración griega. El salmo 23 católico corresponde al 24 en las Biblias hebreas; a partir del salmo 10 hay un desfase de un número, y de dos en algunos tramos.
¿Cuándo conviene rezarlos?
En cualquier momento del día. Se rezan de forma especial en la Liturgia de las Horas: laudes por la mañana, vísperas al atardecer y completas antes de dormir.
¿Hay una forma obligatoria de rezarlos?
No. Puedes leerlos despacio, en voz alta o usarlos como punto de partida para tu propia oración.