Salmos
Salmo 92
Libro IV
Oración y alabanza.
92:1Salmo. Canto. Para el día sábado.
92:2Es bueno dar gracias al Señor, y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre;
92:3proclamar tu amor de madrugada, y tu fidelidad en las vigilias de la noche,
92:4con el arpa de diez cuerdas y la lira, con música de cítara.
92:5Tú me alegras, Señor, con tus acciones, cantaré jubiloso por la obra de tus manos.
92:6¡Qué grandes son tus obras, Señor, qué profundos tus designios!
92:7El hombre insensato no conoce y el necio no entiende estas cosas.
92:8Si los impíos crecen como la hierba y florecen los que hacen el mal, es para ser destruidos eternamente:
92:9tú, en cambio, eres el Excelso para siempre.
92:10Mira, Señor, cómo perecen tus enemigos y se dispersan los que hacen el mal.
92:11Pero a mí me das la fuerza de un toro salvaje y me unges con óleo purísimo.
92:12Mis ojos han desafiado a mis calumniadores, mis oídos han escuchado la derrota de los malvados.
92:13El justo florecerá como la palmera, crecerá como los cedros del Líbano:
92:14trasplantado en la Casa del Señor, florecerá en los atrios de nuestro Dios.
92:15En la vejez seguirá dando frutos, se mantendrá fresco y frondoso,
92:16para proclamar qué justo es el Señor, mi Roca, en quien no existe la maldad.