Salmos
Salmo 91
Libro IV
Oración y alabanza.
Sobre el Salmo 91
El Salmo 91 pertenece al género de los salmos de confianza: no pide nada, sino que celebra la seguridad de quien se abriga en Dios. Su estructura es singular, porque alterna tres voces: la del fiel que proclama su certeza, la de un maestro que anima al creyente a fiarse del Señor, y la del propio Dios que, al final, toma la palabra para prometer protección. La tradición judía lo unió a la oración nocturna, y la Iglesia lo conserva en la Liturgia de las Horas, dentro de la Hora de Completas. Su lenguaje es de refugio y de fortaleza militar —baluarte, escudo, alas que cubren—, tomado del mundo del desierto y de la guerra, donde una sombra o una roca podían salvar la vida. Es también el salmo que el Tentador citó a Jesús en el desierto, y que Jesús no quiso usar como prueba de poder, sino como entrega al Padre. Por eso la Iglesia lo reza en tiempos de epidemia, peligro y persecución: no como amuleto, sino como acto de fe en la providencia.
Reflexión del Salmo 91
La clave del salmo está en una decisión previa: habitar. No se trata de visitar a Dios en la urgencia, sino de vivir bajo su techo. Quien hace de Dios su morada descubre que las amenazas no desaparecen —el salmo las nombra todas: la trampa oculta, la epidemia, el terror de la noche, la flecha del día— pero pierden su capacidad de decidir su vida. La imagen de las alas y las plumas evoca un ave que cubre a sus polluelos: protección tierna, no muralla fría. Los ángeles que sostienen en las manos son el signo de una providencia que se adelanta a nuestros tropiezos. Y el salmo culmina con una promesa que no nace del hombre, sino de la boca misma de Dios: no garantiza una vida sin peligro, sino su presencia dentro del peligro. Ahí está la novedad: la fe no promete ausencia de dolor, promete no ser abandonado en él. Por eso la tradición lo ha puesto en labios de los enfermos y de los moribundos: no como negación de la cruz, sino como confianza en Aquel que la atraviesa con nosotros.
Cómo meditar este salmo
Reza este salmo al acostarte, cuando el miedo o la preocupación crezcan en la oscuridad. Nombra en voz baja, una a una, tus amenazas concretas —la salud, el trabajo, un ser querido— y responde a cada una con una jaculatoria breve: Señor, tú eres mi defensa. Al terminar, encomienda a los ángeles a quien hoy está en peligro.
Oración
Altísimo Dios, tú eres mi refugio y mi fortaleza. Enséñame a habitar en ti, no solo a buscarte en la angustia. Sostén mi paso, aparta de mí el miedo y hazme confiar, incluso cuando no veo tu mano. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un salmo?
Un poema religioso del Antiguo Testamento, compuesto para cantarse en el templo de Jerusalén. Hoy se rezan en la misa y en la Liturgia de las Horas.
¿Cuántos salmos hay?
Ciento cincuenta. En la Biblia católica se numeran siguiendo la versión griega de los Setenta, que es la que recogió la Vulgata latina.
¿Quién los escribió?
La tradición atribuye buena parte a David, pero el conjunto se compuso a lo largo de varios siglos y por varias manos.
¿Por qué cambia la numeración según la Biblia?
Porque las Biblias protestantes siguen el texto hebreo y las católicas la numeración griega. El salmo 23 católico corresponde al 24 en las Biblias hebreas; a partir del salmo 10 hay un desfase de un número, y de dos en algunos tramos.
¿Cuándo conviene rezarlos?
En cualquier momento del día. Se rezan de forma especial en la Liturgia de las Horas: laudes por la mañana, vísperas al atardecer y completas antes de dormir.
¿Hay una forma obligatoria de rezarlos?
No. Puedes leerlos despacio, en voz alta o usarlos como punto de partida para tu propia oración.