Salmos
Salmo 94
Libro IV
Oración y alabanza.
Sobre el Salmo 94
El Salmo 94 es una súplica de justicia, con tono de lamento y de imprecación. Su autor no habla de enemigos personales, sino de opresores que se burlan de Dios mientras aplastan a los indefensos: la viuda, el extranjero y el huérfano, los tres rostros que la Escritura repite para nombrar a quien no tiene defensor. El salmo comienza gritando a Dios que se levante, como un juez que tarda, y llega a una de las preguntas más audaces del Salterio: si el que formó el oído no va a escuchar, y el que formó los ojos no va a ver. No es duda, es argumento de fe: apela a la coherencia del Creador. A mitad del texto cambia el tono y aparece una bienaventuranza: dichoso el que es educado por la ley del Señor, porque la disciplina de Dios no es castigo, sino formación. El salmo termina con el consuelo del orante perseguido: cuando siente que resbala, la misericordia de Dios lo sostiene. Es la oración de quien sufre injusticia y no quiere responder con la misma moneda.
Reflexión del Salmo 94
Este salmo nos enseña a llevar el escándalo del mal ante Dios en lugar de callarlo. No disimula la crudeza: los violentos triunfan, los tribunales se corrompen, el inocente es condenado. La fe no consiste en explicar ese misterio, sino en negarse a creer que Dios es indiferente. La réplica del salmista es honda: quien dio al hombre la capacidad de oír y de ver no puede ser sordo ni ciego. Y hay un giro sorprendente: el salmo llama dichoso al que se deja educar por Dios en medio de la adversidad. La prueba, leída con fe, no es abandono, sino escuela. La imagen final es la más humana de todas: el orante confiesa que estaba a punto de resbalar y que fue la misericordia del Señor la que lo sostuvo; cuando las preocupaciones lo ahogaban, los consuelos de Dios le devolvieron la alegría. Es el realismo de quien no se finge fuerte. El salmo no promete ver la revancha, promete no caer. Y anuncia que la justicia volverá a los tribunales, porque Dios no abandona a su pueblo.
Cómo meditar este salmo
Si hoy cargas con una injusticia, no la guardes en silencio ni alimentes el rencor. Nómbrala ante Dios con las palabras de este salmo y pide su juicio sobre ella, en vez de tomar la venganza en tus manos. Después reza por quien te hizo daño, como pide el Evangelio, y confía el resultado a su justicia.
Oración
Señor, Dios justiciero, tú ves lo que los hombres callan y conoces al que sufre sin defensa. Sostén mi paso cuando siento que resbalo y llena de alegría mi corazón atribulado. No permitas que el rencor me domine. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un salmo?
Un poema religioso del Antiguo Testamento, compuesto para cantarse en el templo de Jerusalén. Hoy se rezan en la misa y en la Liturgia de las Horas.
¿Cuántos salmos hay?
Ciento cincuenta. En la Biblia católica se numeran siguiendo la versión griega de los Setenta, que es la que recogió la Vulgata latina.
¿Quién los escribió?
La tradición atribuye buena parte a David, pero el conjunto se compuso a lo largo de varios siglos y por varias manos.
¿Por qué cambia la numeración según la Biblia?
Porque las Biblias protestantes siguen el texto hebreo y las católicas la numeración griega. El salmo 23 católico corresponde al 24 en las Biblias hebreas; a partir del salmo 10 hay un desfase de un número, y de dos en algunos tramos.
¿Cuándo conviene rezarlos?
En cualquier momento del día. Se rezan de forma especial en la Liturgia de las Horas: laudes por la mañana, vísperas al atardecer y completas antes de dormir.
¿Hay una forma obligatoria de rezarlos?
No. Puedes leerlos despacio, en voz alta o usarlos como punto de partida para tu propia oración.