Símbolos de la Misa
El Cirio Pascual
Del latín 'cereus', de cera, el producto de las abejas.
El Cirio Pascual es la gran vela que se enciende en la Vigilia Pascual, cuando la iglesia está todavía a oscuras. Desde una hoguera preparada fuera del templo se enciende y se llev
Además del símbolo de la luz, se le da también el de la ofrenda:cera que se gasta en honor de Dios, esparciendo su luz: 'Acepta, padre santo, el sacrificio vespertino de esta llama, que la santa Iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de este cirio, obra de las abejas. Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios... Te rogamos que este Cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche...'
Lo que van anunciando las lecturas, oraciones y cantos, el Cirio lo dice con el lenguaje humilde pero diáfano de su llama viva. La Iglesia, la esposa, sale al encuentro de Cristo, el Esposo, con la lámpara encendida en la mano, gozándose con él en la noche victoriosa de su Pascua.
El Cirio estará encendido en todas las celebraciones durante las siete semanas de la cincuentena, al lado del ambón de la Palabra, hasta terminar el domingo de Pentecostés. Luego, durante el año, se encenderá en la celebración de los bautizos y de las exequias, el comienzo y la conclusión de la vida: un cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva incorporación a la luz de la vida eterna.
Sobre este símbolo
El Cirio Pascual es la gran vela que se enciende en la Vigilia Pascual, cuando la iglesia está todavía a oscuras. Desde una hoguera preparada fuera del templo se enciende y se lleva en procesión, cantando por tres veces «Luz de Cristo», mientras los presentes van encendiendo sus velas. Lleva grabada una cruz con las letras Alfa y Omega y el año en curso. Permanece junto al ambón durante los cincuenta días hasta Pentecostés, y luego se enciende en los bautizos y en las exequias: abre y cierra el camino cristiano.
Ideas clave
- Es la luz de Cristo que vence las tinieblas y se enciende en la noche de la Vigilia.
- La cruz, el Alfa y el Omega y la fecha dicen que la Pascua alcanza nuestro año concreto.
- La procesión y el triple canto «Luz de Cristo» van encendiendo la fe de la asamblea.
- La cera que se consume es imagen de una ofrenda que se gasta en honor de Dios.
- Encendido junto al ambón, acompaña la cincuentena pascual hasta Pentecostés.
- En bautizos y exequias señala el comienzo y la meta de la vida cristiana.
Reflexión
El Cirio Pascual no ilumina la iglesia como una lámpara: apenas permite ver. Su llama es pequeña y temblorosa, y sin embargo basta para que la asamblea entera vaya encendiendo sus velas una tras otra. Ahí está su fuerza: la luz de Cristo no se impone con estruendo, se comunica. No cae sobre nosotros como un reflector, sino que se enciende de mano en mano hasta que la oscuridad queda vencida por muchas llamas pequeñas.
Conviene mirar la cera. El cirio no es una lámpara que se conserve, sino una vela que se consume, y precisamente en ese gastarse da luz. Los antiguos veían ahí la imagen de la ofrenda: la vida entregada por amor no se pierde al derrocharse, se convierte en claridad para otros. La Pascua de Cristo es eso: una existencia entregada hasta el final, de la que brota una luz que ninguna noche puede apagar.
Y el cirio guarda la fecha del año en que lo encendemos. No es un recuerdo de un pasado remoto: la Pascua de Cristo nos alcanza ahora, en esta comunidad, con mis circunstancias concretas. La misma luz de siempre, encendida de nuevo para mí.
Cómo vivirlo en la Misa
Cuando en la Vigilia se cante «Luz de Cristo», no te limites a escuchar: enciende tu vela de la llama del cirio y sosténla con cuidado, mirando cómo crece la luz en el templo. Ese gesto es tu respuesta de fe.
Durante los cincuenta días siguientes, busca el cirio junto al ambón y déjalo enseñarte dónde está el centro: en la Palabra y en el misterio pascual, no en nuestras ocurrencias. Y cuando asistas a un bautizo o a un funeral, advierte que la misma llama acompaña el comienzo y el final de una vida cristiana. Deja que esa continuidad te consuele: la luz que se encendió en tu bautismo sigue ardiendo.
Oración
Cristo, luz que no conoce ocaso, tú ardes sin apagarte para disipar la oscuridad de nuestra noche. Enciende en nosotros la llama que recibimos el día de nuestro bautismo, para que vivamos como hijos de la luz y llevemos tu claridad a quienes caminan sin esperanza. Amén.