Símbolos de la Misa

La Colecta

La palabra 'colecta' viene del latín 'collecta, colligere', 'recogida, recoger'.

La colecta es la primera oración que el sacerdote pronuncia en nombre de toda la asamblea, al terminar el rito de entrada de la Misa. Su nombre viene del latín colligere, «recoger»

La Colecta
Se aplica ante todo a la reunión de la comunidad para la Eucaristía dominical o para las asambleas 'estacionales' en Cuaresma. También se llama 'colecta' a la recogida de dinero o de dones en el ofertorio, a la que alude Pablo (1 Cor 16, 1-2).

Pero su uso más técnico es el referido a la 'oración colecta' al principio de la Misa. Este nombre pudiera tener dos direcciones: o bien porque se pronuncia cuando ya está la comunidad reunida (oración de reunión, concluyendo el rito de entrada), o porque su finalidad es recoger y resumir las peticiones de cada uno de los presentes. También se aplica este nombre a las 'oraciones sálmicas', que 'sintetizan los sentimientos de los participantes' en el rezo de los salmos (Cf IGLH 112). La expresión 'colligere ortationem', usual en los primeros siglos en la salmodia comunitaria, quería decir 'recoger en una oración las intenciones de los que habían rezado el salmo'. De ahí las 'colectas sálmicas'.

El Misal de Pablo VI llama 'colecta' a la primera oración de la Misa y describe así su dinámica: 'El sacerdote invita al pueblo a orar; y todos, a una con el sacerdote, permanecen un rato en silencio para hacerse conscientes de estar en la presencia de Dios y formular sus súplicas. Entonces el sacerdote lee la oración que se suele denominar colecta, y el pueblo contesta amén' (IGMR 32). Es la primera oración importante del presidente, que de pie, con los brazos extendidos, y en nombre de la comunidad, dirige su súplica a Dios. Las de nuestro Misal son fieles al estilo claro y conciso de la liturgia romana, con una invocación a Dios, muchas veces enriquecida con la alusión al tiempo litúrgico o la fiesta celebrada para proseguir con una súplica y concluir apelando a la mediación de Cristo.

El libro que durante siglos reunía estas oraciones de la Misa o del Oficio Divino, antes de su inclusión en el libro único del Misal o del Breviario, se llamó 'Colectario'.

Sobre este símbolo

La colecta es la primera oración que el sacerdote pronuncia en nombre de toda la asamblea, al terminar el rito de entrada de la Misa. Su nombre viene del latín colligere, «recoger»: recoge y resume en una sola voz las súplicas de cuantos se han reunido. Antes de pronunciarla, el presidente invita a orar y todos guardan un momento de silencio para tomar conciencia de estar en la presencia de Dios. Después, de pie y con los brazos extendidos, dirige la plegaria y el pueblo responde «Amén».

Ideas clave

  • Su nombre significa «recoger»: reúne en una sola oración las súplicas de todos.
  • Se pronuncia al concluir el rito de entrada, cuando la comunidad ya está reunida.
  • El sacerdote invita a orar y todos guardan silencio antes de la plegaria.
  • El presidente ora de pie, con los brazos extendidos, en nombre de la asamblea.
  • Suele invocar a Dios, presentar la súplica y concluir por mediación de Cristo.
  • El pueblo la hace suya con el «Amén», que sella la oración común.

Reflexión

Antes de escuchar la Palabra y antes de acercarnos al altar, la Misa nos enseña a callar. El silencio que precede a la colecta no es un hueco vacío ni una pausa técnica: es el momento en que cada uno recoge su vida dispersa y la presenta. Llegamos con prisas, con cansancio, con las preocupaciones del día; ese silencio nos permite reunirnos por dentro. Solo quien se ha recogido puede ser recogido en la oración común.

El nombre de esta oración dice mucho: se llama colecta porque recoge. Ninguna súplica personal es demasiado pequeña para entrar en ella. El sacerdote no reza sus propias ideas, sino que asume la voz de un pueblo entero, con sus enfermos, sus hijos, sus duelos y sus esperanzas. Y nosotros respondemos «Amén»: ahí está el compromiso. Ese «Amén» no es una fórmula de cortesía, sino la firma con la que hacemos nuestra la oración que otro ha pronunciado en nuestro nombre.

Así se entiende que la liturgia romana sea breve y sobria: no busca emocionar, sino invocar, pedir y concluir en Cristo. Es la oración de un pueblo que confía, no la de un orador que se exhibe.

Cómo vivirlo en la Misa

Cuando el sacerdote diga «Oremos», no sigas mentalmente con lo tuyo. Aprovecha ese silencio para nombrar ante Dios una intención concreta: una persona, una preocupación, una acción de gracias. Después escucha de verdad el texto de la colecta y responde el «Amén» sabiendo lo que firmas.

Puedes también tomar la costumbre de leer antes la oración colecta del día: te ayudará a entrar en el tono de la celebración y a descubrir qué nos pide la Iglesia en esa jornada. Si participas con niños, explícales que ese momento de silencio es para hablar por dentro con Dios.

Oración

Padre de bondad, tú conoces nuestras súplicas antes de que las pronunciemos. Recoge en una sola voz las oraciones de tu pueblo y enséñanos a guardar silencio ante ti, para escuchar, pedir y agradecer como conviene. Que nuestro «Amén» sea sincero y nos una a todos en un mismo corazón. Amén.