Símbolos de la Misa
La Comunión
De la palabra latina 'communio', acción de unir, de asociar y participar (correspondiente a la griega 'koinonía') 'comunión'
La comunión es el momento culminante de la Misa: la participación de los fieles en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Después de la consagración y del Padrenuestro, la asamblea es in
Aquí la miramos desde el punto de vista eucarístico: la participación de los fieles en el Cuerpo y Sangre de Cristo. Este es el momento en verdad culminante de la celebración de la Eucaristía. Después de que Cristo se nos ha dado como palabra salvadora, ahora, desde su existencia de Resucitado, se quiere hacer nuestro alimento para el camino de nuestra vida terrena y como garantía de la eterna.
La comunión tiene a la vez sentido vertical, de unión eucarística con Cristo, y horizontal, de sintonía con la comunidad eclesial. Por eso la 'excomunión' significa también la exclusión de ambos aspectos. El Misal (IMGR 56) invita a una realización lo más expresiva posible de la comunión eucarística:
a) con una oración o un silencio preparatorio, por parte del presidente y de la comunidad;
b) una procesión desde los propios lugares hacia el ámbito del altar,
c) mientras se canta un canto que une a todos y les hace comprender más en profundidad el misterio que celebran,
d) la invitación oficial a acercare a la mesa del Señor: 'Este es el Cordero de Dios', invitación que apunta al banquete escatológico del cielo ('dichosos los invitados a la Cena del Cordero'),
e) la mediación de la Iglesia en este gesto central (no 'coge' la comunión cada uno, sino que la recibe del ministro),
f) con un diálogo que ahora ha vuelto a la expresiva sencillez de los primeros siglos ('el Cuerpo de Cristo. Amén', 'la Sangre de Cristo, Amén')
g) con pan que aparezca como alimento, consagrado y partido en la misma Misa, para significar también la unidad fraterna de los que participan del mismo sacrificio de Cristo,
h) recibido en la mano o en la boca, a voluntad del fiel, allí donde los Episcopados lo hayan decidido (en España desde el 1976, en Italia desde 1989, en México desde 1978),
i) a ser posible también participando del vino, que expresa mejor que Cristo nos hace partícipes de su sacrifico pascual en la cruz y de la alegría escatológica, y
j) con unos momentos de interiorización después de la comunión. Casos especiales son el de la primera comunión, en la que los cristianos participan por primera vez plenamente de la celebración eucarística de la comunidad: no sólo en sus oraciones, lecturas y cantos, sino también en el Cuerpo y Sangre de Cristo.
Tiene especial sentido la Comunión llevada a los enfermos, ahora eventualmente por medio de los ministros extraordinarios de la comunión, a ser posible como prolongación de la celebración comunitaria dominical. Particular relieve merece la comunión que se recibe como viático, en punto de muerte.
Y finalmente, la comunión recibida fuera de la Misa, caso repetido sobre todo en lugares donde no pueden participar diaria ni siquiera dominicalmente de la Eucaristía completa, pero sí escuchar la palabra, orar en común y comulgar, en las condiciones que establecen el 'Ritual del culto y de la comunión fuera de la Misa' (1973) y la instrucción 'Inmensae cariatis' (1973). Respecto a repetir la comunión el mismo día, según el Código de Derecho Canónico (c. 917), 'quien ya ha recibido la santísima Eucaristía puede de nuevo recibirla el mismo día solamente dentro de la celebración eucarística en la que participe', norma que ha recibido la interpretación oficial de que se puede hacer 'una segunda vez'.
Sobre este símbolo
La comunión es el momento culminante de la Misa: la participación de los fieles en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Después de la consagración y del Padrenuestro, la asamblea es invitada a acercarse al altar; el sacerdote presenta la hostia y dice «Este es el Cordero de Dios», y los fieles responden con humildad. En la procesión hacia la mesa del Señor se canta, y cada uno recibe del ministro el Cuerpo de Cristo respondiendo «Amén». La palabra latina communio significa unión: con Cristo y entre nosotros.
Ideas clave
- Es la participación de los fieles en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
- Tiene sentido vertical, de unión con Cristo, y horizontal, de unidad con la Iglesia.
- La invitación «Este es el Cordero de Dios» apunta al banquete del cielo.
- La comunión se recibe del ministro: no la toma cada uno por sí mismo.
- El diálogo «el Cuerpo de Cristo. Amén» conserva la sencillez de los primeros siglos.
- El pan partido en la misma Misa significa la unidad fraterna de los participantes.
Reflexión
La comunión es el gesto más humilde y más desproporcionado de la fe cristiana. Un poco de pan, y la afirmación de que ahí está el Señor resucitado entregándose como alimento. No es un símbolo que recuerde a Cristo de lejos, sino una presencia que lo hace realmente nuestro. Por eso la Iglesia la llama momento culminante: no es un añadido piadoso, sino la meta hacia la que conducen las lecturas, el canto y la plegaria.
La palabra misma nos orienta. Comunión dice unión, y esa unión tiene dos direcciones inseparables. Por un lado nos une a Cristo: lo recibimos y él se hace nuestro alimento para el camino. Por otro nos une entre nosotros: el mismo pan que me alimenta alimenta al que tengo al lado, aunque no lo conozca, aunque piense distinto. No se puede comulgar con Cristo y desentenderse de los hermanos: la comunión es siempre un acto eclesial, nunca una devoción privada.
De ahí que la Iglesia insista en la preparación y en el silencio posterior. Comulgar no es un trámite que se despacha, sino un encuentro que pide ser saboreado.
Cómo vivirlo en la Misa
Antes de acercarte a comulgar, dedica unos segundos a reconocer ante Dios quién eres y quién es él; si tienes conciencia de un pecado grave, acude antes a la confesión. Camina hacia el altar sin prisa, sin conversaciones, con las manos preparadas si vas a recibir en la mano.
Al escuchar «el Cuerpo de Cristo», responde «Amén» con fe, mirando a quien te lo entrega. Y al volver a tu sitio, no te distraigas de inmediato: quédate un momento en silencio, agradeciendo y dejando que el Señor te hable. Si estás enfermo o no puedes comulgar, ofrece ese deseo como comunión espiritual.
Oración
Señor Jesucristo, pan vivo bajado del cielo, tú quisiste quedarte con nosotros como alimento y compañía. Haznos hambrientos de ti y humildes al recibirte, para que tu Cuerpo nos una a ti y nos haga uno solo con los hermanos. Que nunca nos acerquemos a tu mesa por costumbre. Amén.