Símbolos de la Misa
Comer el Pan
Juntamente con el 'beber', el 'comer' es el gesto central de la Eucaristía cristiana.
Comer el pan es, junto con beber, el gesto central de la Eucaristía. En la Última Cena Jesús tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo entregó diciendo «Tomad y comed». Comer el pan
El comer, ya humanamente, tiene el valor del alimento y la reparación de las fuerzas. Pero a la vez tiene connotaciones simbólicas muy expresivas: comer como fruto del propio trabajo, comer en familia, comer con los amigos, comer en clima de fraternidad, comer con sentido de fiesta. En el contexto cristiano de la Eucaristía, el comer tiene igualmente varios sentidos. Al comer el pan, estamos convencidos de que nos alimentamos con el Cuerpo de Cristo. Su palabra ('esto es mi Cuerpo') sigue eficaz y su Espíritu es el que ha dado a ese pan que hemos depositado sobre el altar su nueva realidad: ser el Cuerpo del Señor glorificado, que ha querido se nuestro alimento. Este es el primer sentido que Cristo ha querido dar a la comida eucarística: 'mi carne es verdadera comida'. El es el 'viático', el alimento para el camino de los suyos.
También hay otros valores y gracias que Cristo expresa en el evangelio con este simbolismo de la comida: el perdón, la alegría del reencuentro, la fiesta, la plenitud y la felicidad del Reino futuro. Basta recordar la parábola del hijo pródigo, acogido en casa con una buena comida; o la de las bodas del rey; o la multiplicación de los panes y peces en el desierto, o la expresiva presencia de Jesús en comidas en casa de Zaqueo, de Mateo, del fariseo, de Lázaro. Y las comidas de Jesús con sus discípulos, tanto antes como después de la Pascua, que ellos recordarán muy a gusto. (Cf Hech 10,40).
Además, Pablo entenderá la comida como símbolo de la fraternidad eclesial. el pan de la Eucaristía, además de unirnos a Cristo, participando de su Cuerpo, es también lo que construye la comunidad: 'un pan y un cuerpo somos, ya que participamos de un solo Pan' (1 Cor 10,16-17). 'Comer con' por ejemplo con los cristianos procedentes del paganismo, es un signo expresivo y favorecedor de la unidad de todos en la Iglesia, sea cual sea su origen (Cf la discusión entre Pablo y Pedro en Hech 11,3 y Gál 2,12).
Sobre este símbolo
Comer el pan es, junto con beber, el gesto central de la Eucaristía. En la Última Cena Jesús tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo entregó diciendo «Tomad y comed». Comer el pan consagrado significa alimentarse con el Cuerpo de Cristo, que se hace verdadera comida para el camino de la vida. El gesto evoca además el valor humano de la mesa compartida: el alimento que repara las fuerzas, la comida en familia, la fiesta y el reencuentro. Pablo lo vincula a la unidad: quienes participan de un solo pan forman un solo cuerpo.
Ideas clave
- El «tomad y comed» de Cristo responde al antiguo «no coman» del Génesis.
- Al comer el pan creemos alimentarnos con el Cuerpo de Cristo.
- Jesús es el viático, el alimento para el camino de los suyos.
- El comer evoca el perdón, la fiesta y la alegría del reencuentro.
- Participar de un solo pan construye la comunidad y la unidad de la Iglesia.
- Sentarse a la misma mesa expresa fraternidad y acogida mutua.
Reflexión
Comer es lo más cotidiano que hacemos, y por eso mismo Dios eligió ese gesto para acercársenos. No nos habla desde una distancia majestuosa, sino que se pone en la mesa, se deja masticar, entra en nuestro cuerpo. Hay algo sorprendente en esta cercanía: el Creador del universo se hace alimento de una criatura. Y no lo hace como un símbolo vacío, sino con la eficacia de su palabra, que sigue diciendo «esto es mi Cuerpo».
El Antiguo Testamento comienza con una prohibición —no comáis de aquel árbol— y el Nuevo comienza con una invitación: tomad y comed. Aquella prohibición señalaba los límites de la criatura; esta invitación revela hasta dónde llega la generosidad de Dios. Lo que en el paraíso fue ocasión de muerte, en Cristo se convierte en fuente de vida: quien come de este pan vive para siempre.
Y comer siempre es comer con alguien. En el evangelio, Jesús se sienta a la mesa con publicanos, con fariseos, con amigos, y en cada comida anuncia el Reino. La Eucaristía recoge esa costumbre y la lleva a su plenitud: nos sentamos con él y, al hacerlo, nos sentamos unos con otros. El pan compartido crea familia.
Cómo vivirlo en la Misa
Al acercarte a comulgar, recuerda que no vas a un rito sino a una mesa. Ven con hambre y con gratitud, y si te distraes, vuelve a la sencillez del gesto: el Señor quiere darse a ti.
Deja que la comunión se prolongue en tu vida: si el mismo pan nos une, no tiene sentido sostener rencores ni indiferencias hacia quienes comparten tu fe. Busca momentos de mesa compartida en familia, en la parroquia, con los más pobres. Aprender a comer con otros es aprender a comulgar.
Oración
Señor Jesús, tú nos invitas a tomar y comer, y en el pan te entregas entero por amor. Danos hambre de ti y gratitud al recibirte, y enséñanos a compartir nuestra mesa como tú compartiste la tuya. Que el pan de la Eucaristía haga de nosotros un solo cuerpo. Amén.