II Pedro
Nuevo Testamento | 3 capítulos | 61 versículos
Capítulo 2
1 Hubo también en el pueblo falsos profetas, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías perniciosas y que, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción.
2 Muchos seguirán su libertinaje y, por causa de ellos, el Camino de la verdad será difamado.
3 Traficarán con vosotros por codicia, con palabras artificiosas; desde hace tiempo su condenación no está ociosa, ni su perdición dormida.
4 Pues si Dios no perdonó a los Angeles que pecaron, sino que, precipitándolos en los abismos tenebrosos del Tártaro, los entregó para ser custodiados hasta el Juicio;
5 si no perdonó al antiguo mundo, aunque preservó a Noé, heraldo de la justicia, y a otros siete, cuando hizo venir el diluvio sobre un mundo de impíos;
6 si condenó a la destrucción las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndolas a cenizas, poniéndolas como ejemplo para los que en el futuro vivirían impíamente;
7 y si libró a Lot, el justo, oprimido por la conducta licenciosa de aquellos hombres disolutos
8 - pues este justo, que vivía en medio de ellos, torturaba día tras día su alma justa por las obras inicuas que veía y oía -
9 es porque el Señor sabe librar de las pruebas a los piadosos y guardar a los impíos para castigarles en el día del Juicio,
10 sobre todo a los que andan tras la carne con apetencias impuras y desprecian al Señorío. Atrevidos y arrogantes, no temen insultar a las Glorias,
11 cuando los Angeles, que son superiores en fuerza y en poder, no pronuncian juicio injurioso contra ellas en presencia del Señor.
12 Pero éstos, como animales irracionales, destinados por naturaleza a ser cazados y muertos, que injurian lo que ignoran, con muerte de animales morirán,
13 sufriendo daño en pago del daño que hicieron. Tienen por felicidad el placer de un día; hombres manchados e infames, que se entregan de lleno a los placeres mientras banquetean con vosotros.
14 Tienen los ojos llenos de adulterio, que no se sacian de pecado, seducen a las almas débiles, tienen el corazón ejercitado en la codicia, ¡hijos de maldición!
15 Abandonando el camino recto, se desviaron y siguieron el camino de Balaam, hijo de Bosor, que amó un salario de iniquidad,
16 pero fue reprendido por su mala acción. Un mudo jumento, hablando con voz humana, impidió la insensatez del profeta.
17 Estos son fuentes secas y nubes llevadas por el huracán, a quienes está reservada la oscuridad de las tinieblas.
18 Hablando palabras altisonantes, pero vacías, seducen con las pasiones de la carne y el libertinaje a los que acaban de alejarse de los que viven en el error.
19 Les prometen libertad, mientras que ellos son esclavos de la corrupción, pues uno queda esclavo de aquel que le vence.
20 Porque si, después de haberse alejado de la impureza del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, se enredan nuevamente en ella y son vencidos, su postrera situación resulta peor que la primera.
21 Pues más les hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que, una vez conocido, volverse atrás del santo precepto que le fue transmitido.
22 Les ha sucedido lo de aquel proverbio tan cierto: «el perro vuelve a su vómito» y «la puerca lavada, a revolcarse en el cieno».
Reflexión del capítulo 2
El capítulo es el más severo de la carta y uno de los más duros de todo el Nuevo Testamento. Pedro anuncia que, así como hubo falsos profetas en el pueblo de Israel, habrá falsos maestros entre los cristianos: hombres que introducirán herejías perniciosas, negarán al Señor que los adquirió y, con palabras artificiosas, traficarán con los creyentes movidos por la codicia. Su doctrina no es inocente: muchos seguirán su libertinaje y, por culpa de ellos, el camino de la verdad será difamado.
El apóstol no improvisa la advertencia; la fundamenta en tres ejemplos del pasado. Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, ni al mundo antiguo, aunque preservó a Noé; ni a Sodoma y Gomorra, aunque libró a Lot, atormentado por la conducta de aquellos hombres. La conclusión es doble y consoladora: el Señor sabe librar de la prueba a los piadosos y reservar a los impíos para el día del Juicio.
El retrato de los falsos maestros es implacable: atrevidos, arrogantes, esclavos de sus pasiones, con los ojos llenos de adulterio y el corazón ejercitado en la codicia. Siguen el camino de Balaam, que amó el salario de la iniquidad. Prometen libertad y son esclavos de la corrupción; son fuentes secas y nubes llevadas por el huracán.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Examina con honestidad qué voces —predicadores, corrientes de opinión, hábitos, amistades— te prometen libertad mientras en realidad te esclavizan. Contrasta lo que oyes con la Escritura y con la enseñanza de la Iglesia, sin dejarte llevar por lo que halaga tus deseos. Y corta con decisión, esta semana, una influencia concreta que te esté apartando de Cristo. Pide luz para discernir.
Oración
Señor, que libras a los piadosos de la prueba: danos discernimiento ante las doctrinas falsas y firmeza ante la seducción. Guárdanos de prometer libertad a otros mientras somos esclavos, y mantennos en la verdad que nos entregaste. Amén.
Acerca del libro de II Pedro
La Segunda Carta de Pedro se presenta como el testamento espiritual del apóstol. Escrita en nombre de Simeón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, se dirige a comunidades cristianas de origen pagano que han recibido una fe tan preciosa como la de los apóstoles. El autor habla como quien sabe que su muerte está cerca: pronto tendrá que dejar «su tienda», es decir, su cuerpo, tal como se lo manifestó el Señor. Por eso escribe para que, después de su partida, los creyentes puedan recordar siempre estas cosas. Es, en este sentido, una carta de despedida y de herencia.
El problema que afronta es grave: han aparecido falsos maestros que introducen herejías perniciosas, niegan al Señor que los adquirió y, con palabras artificiosas, trafican con los creyentes movidos por la codicia. Prometen libertad mientras ellos mismos son esclavos de la corrupción, y se burlan de la promesa de la venida del Señor, preguntando dónde queda. La comunidad está desorientada y expuesta a la seducción.
Frente a ello, el autor apela a tres cosas. Primero, a su condición de testigo ocular de la majestad de Cristo en el monte santo, donde escuchó la voz del Padre. Segundo, a la Escritura, palabra profética que no procede de la voluntad humana, sino del Espíritu Santo. Y tercero, a la esperanza: el Señor no se retrasa, sino que usa de paciencia para que todos lleguen a la conversión; y esperamos, según su promesa, nuevos cielos y nueva tierra en los que habite la justicia. La carta es, así, una llamada a crecer en la gracia y a vivir alerta.
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