Jonás
Antiguo Testamento | 4 capítulos | 48 versículos
Capítulo 4
1 Jonás, se disgustó mucho por esto y se irritó;
2 y oró a Yahveh diciendo: «¡Ah, Yahveh!, ¿no es esto lo que yo decía cuando estaba todavía en mi tierra? Fue por eso por lo que me apresuré a huir a Tarsis. Porque bien sabía yo que tú eres un Dios clemente y misericordioso, tardo a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del mal.
3 Y ahora, Yahveh, te suplico que me quites la vida, porque mejor me es la muerte que la vida.»
4 Mas Yahveh dijo: «¿Te parece bien irritarte?»
5 Salió Jonás de la ciudad y se sentó al oriente de la ciudad; allí se hizo una cabaña bajo la cual se sentó a la sombra, hasta ver qué sucedía en la ciudad.
6 Entonces Yahveh Dios dispuso una planta de ricino que creciese por encima de Jonás para dar sombra a su cabeza y librarle así de su mal. Jonás se puso muy contento por aquel ricino.
7 Pero al día siguiente, al rayar el alba, Yahveh mandó a un gusano, y el gusano picó al ricino, que se secó.
8 Y al salir el sol, mandó Dios un sofocante viento solano. El sol hirió la cabeza de Jonás, y éste se desvaneció; se deseó la muerte y dijo: «¡Mejor me es la muerte que la vida!»
9 Entonces Dios dijo a Jonás: «¿Te parece bien irritarte por ese ricino?» Respondió: «¡Sí, me parece bien irritarme hasta la muerte!»
10 Y Yahveh dijo: «Tu tienes lástima de un ricino por el que nada te fatigaste, que no hiciste tú crecer, que en el término de una noche fue y en el término de una noche feneció.
11 ¿Y no voy a tener lástima yo de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas que no distinguen su derecha de su izquierda, y una gran cantidad de animales?»
Reflexión del capítulo 4
El capítulo final es un diálogo entre la misericordia de Dios y el corazón irritado del profeta. Jonás se disgusta porque Dios ha perdonado a Nínive y le reprocha: «bien sabía yo que tú eres un Dios clemente y misericordioso, tardo a la cólera y rico en amor». No se queja por una desgracia, sino por un exceso de perdón: preferiría que el castigo se cumpliera. Pide la muerte, y Dios responde con una pregunta que no busca condenarlo: «¿Te parece bien irritarte?».
Jonás se sienta al oriente de la ciudad, bajo una cabaña, esperando ver qué sucede. Entonces Yahveh dispone una planta de ricino para darle sombra, y Jonás se alegra mucho. Pero al día siguiente un gusano la seca, y un viento sofocante hace desfallecer al profeta, que vuelve a desear la muerte.
Entonces Dios razona con él: si Jonás tiene lástima de una planta por la que no se fatigó, ¿no tendrá Dios lástima de Nínive, con más de ciento veinte mil personas y muchos animales? El libro queda deliberadamente abierto: la última palabra es la pregunta de Dios. El corazón del profeta —y el nuestro— sigue invitado a ensancharse hasta la medida del amor divino.
Cómo aplicar este capítulo a tu vida
Jonás se enfada porque Dios perdona a quien él consideraba indigno. Es fácil reconocerlo en los resentimientos que guardamos: contra un familiar, un compañero, un grupo entero. Hoy reza explícitamente por esa persona o grupo que te cuesta amar, no para sentir algo distinto, sino como acto de voluntad. Y pregúntate con sinceridad qué te cuesta más: que Dios sea justo contigo o que sea misericordioso con los demás.
Oración
Padre misericordioso, que no te alegras de la muerte del pecador sino de su conversión: ensancha mi corazón estrecho. Arranca de mí la amargura y el deseo de castigo ajeno, y enséñame a alegrarme de tu perdón, también cuando alcanza a quien no esperaba. Amén.
Acerca del libro de Jonás
El libro de Jonás pertenece a los doce profetas menores y lleva el nombre de su protagonista, Jonás hijo de Amittay, mencionado también en el segundo libro de los Reyes. Aunque la tradición lo sitúa en el siglo VIII a.C., se lee como un relato profético de gran fuerza didáctica, compuesto probablemente después del destierro, cuyo interés no es tanto la crónica de unos hechos cuanto anunciar la misericordia universal de Dios.
La historia es conocida: Dios manda a Jonás predicar en Nínive, la gran ciudad de Asiria, enemiga de Israel; el profeta huye a Tarsis, es tragado por un gran pez, ora desde su vientre, es vomitado en tierra y finalmente anuncia la conversión a los ninivitas, que se arrepienten con ayuno y sayal. Pero cuando Dios perdona, Jonás se irrita: no soporta que la clemencia divina alcance a los paganos. La escena final, con la planta de ricino que se seca, es una pregunta abierta de Dios al corazón del profeta.
Los temas centrales son la misericordia sin fronteras, la conversión sincera, la libertad soberana de Dios y la misión de anunciar su palabra incluso a quienes no lo conocen. Jonás encarna la tentación de un corazón estrecho, que se alegra de la propia salvación pero se resiste a compartirla.
Para la fe católica, este libro ilumina la universalidad de la salvación y el valor del arrepentimiento. Jesús lo asumió como signo de su propio misterio: como Jonás estuvo tres días en el vientre del pez, así el Hijo del hombre estaría tres días en el corazón de la tierra (Mt 12,39-41). Jonás, pues, no solo anuncia la misericordia: prefigura al que es la Misericordia misma.
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