Tito

Nuevo Testamento | 3 capítulos | 46 versículos

Tit

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Capítulo 3 de 3

Capítulo 3

1 Amonéstales que vivan sumisos a los magistrados y a las autoridades, que les obedezcan y estén prontos para toda obra buena;

2 que no injurien a nadie, que no sean pendencieros sino apacibles, mostrando una perfecta mansedumbre con todos los hombres.

3 Pues también nosotros fuimos en algún tiempo insensatos, desobedientes, descarriados, esclavos de toda suerte de pasiones y placeres, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros.

4 Mas cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres,

5 él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo,

6 que derramó sobre nosotros con largueza por medio de Jesucristo nuestro Salvador,

7 para que, justificados por su gracia, fuésemos constituidos herederos, en esperanza, de vida eterna.

8 Es cierta esta afirmación, y quiero que en esto te mantengas firme, para que los que creen en Dios traten de sobresalir en la práctica de las buenas obras. Esto es bueno y provechoso para los hombres.

9 Evita discusiones necias, genealogías, contiendas y disputas sobre la Ley, porque son inútiles y vanas.

10 Al sectario, después de una y otra amonestación, rehúyele;

11 ya sabes que ése está pervertido y peca, condenado por su propia sentencia.

12 Cuando te envíe a Artemas o a Tíquico, date prisa en venir donde mí a Nicópolis, porque he pensado pasar allí el invierno.

13 Cuida de proveer de todo lo necesario para el viaje a Zenas, el perito en la Ley, y a Apolo, de modo que nada les falte.

14 Que aprendan también los nuestros a sobresalir en la práctica de las buenas obras, atendiendo a las necesidades urgentes, para que no sean unos inútiles.

15 Te saludan todos los que están conmigo. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros.

Reflexión del capítulo 3

El capítulo tercero comienza con una exhortación muy concreta: vivir sumisos a las autoridades, prontos para toda obra buena, sin injuriar a nadie, apacibles y mansos con todos. Después Pablo recuerda de dónde venimos: también nosotros fuimos insensatos, desobedientes, extraviados, esclavos de pasiones y envidias. Y de ahí brota la razón de nuestra mansedumbre: no hemos sido salvados por obras de justicia que hubiéramos hecho, sino por su misericordia, mediante el baño del nuevo nacimiento y la renovación del Espíritu Santo, que Dios derramó abundantemente por Jesucristo. Es una de las formulaciones más hermosas del misterio de la gracia y una referencia clara al bautismo. El capítulo termina pidiendo a Tito que evite las discusiones necias y las controversias inútiles, y que ayude a los que están en el camino, recordando que también nosotros necesitamos misericordia. La página nos enseña que la salvación es regalo, que la mansedumbre con los demás nace de la conciencia de haber sido perdonados, y que el tiempo se emplea mejor en hacer el bien que en discutir.

Cómo aplicar este capítulo a tu vida

Hoy trata con mansedumbre a alguien que te irrita o que piensa distinto: recuerda de dónde te ha sacado Dios y responde con paciencia. Evita entrar en discusiones estériles, sobre todo en redes o conversaciones que solo generan división. Y dedica ese tiempo a una obra buena concreta, que ayude de verdad a alguien. Quien se sabe perdonado encuentra fuerzas para perdonar y para tratar a todos con mansedumbre.

Oración

Padre misericordioso, tú que nos salvaste no por nuestras obras sino por tu amor, danos un corazón agradecido y manso. Renueva en nosotros tu Espíritu y enséñanos a hacer el bien sin discutir, mostrando con la vida la misericordia que hemos recibido. Amén.

Acerca del libro de Tito

La carta a Tito es una de las tres cartas pastorales de san Pablo, junto con las dos dirigidas a Timoteo. Su destinatario, Tito, era un colaborador griego, convertido por el Apóstol, a quien Pablo llama verdadero hijo según la fe común. Pablo lo dejó en la isla de Creta para acabar de organizar lo que faltaba y establecer presbíteros en cada ciudad, tarea delicada en una comunidad joven, dispersa y rodeada de influencias paganas y judaizantes.

Escrita probablemente hacia el final de la vida de Pablo, la carta refleja el paso de las primeras misiones a la vida estable de la Iglesia. Creta era famosa en la antigüedad por su comercio y también por la reputación moral de sus habitantes, citada incluso por un poeta local. En ese ambiente, Pablo insiste en que la fe verdadera se traduce en vida concreta: la sana doctrina, la conducta irreprochable de los pastores, la armonía en las familias y la práctica constante de las buenas obras.

Los grandes temas de Tito son la organización de la comunidad, la transmisión fiel de la enseñanza apostólica, la gracia de Dios que se ha manifestado a todos los hombres y la esperanza de la vida eterna. Su corazón es cristológico: todo se apoya en Jesucristo, que se entregó por nosotros a fin de rescatarnos de toda iniquidad. Para el católico, Tito es una escuela de vida eclesial: nos recuerda que la doctrina sana y las buenas obras van unidas, que la gracia no dispensa del esfuerzo, y que la Iglesia se edifica con pastores santos y fieles laicos. Leerla hoy es aprender a vivir la fe con coherencia, esperanza y caridad.

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