Salmos

Salmo 101

Libro IV

Oración y alabanza.

Salmos
101:1De David. Salmo. Celebraré con un canto la bondad y la justicia:a ti, Señor, te cantaré;
101:2expondré con sensatez el camino perfecto:¿cuándo vendrás en mi ayuda? Yo procedo con rectitud de corazón en los asuntos de mi casa;
101:3nunca pongo mis ojos en cosas infames. Detesto la conducta de los descarriados y no los cuento entre mis amigos;
101:4la gente falsa se aparta de mí y nunca apruebo al malvado.
101:5Al que difama en secreto a su prójimo lo hago desaparecer; al de mirada altiva y corazón soberbio no lo puedo soportar.
101:6Pongo mis ojos en las personas leales para que estén cerca de mí; el que va por el camino perfecto es mi servidor.
101:7No habita dentro de mi casa el hombre traicionero; la gente mentirosa no puede permanecer delante de mi vista.
101:8Hago desaparecer día tras día a los malvados del país, para extirpar de la Ciudad del Señor a todos los que hacen el mal.

Sobre el Salmo 101

El Salmo 101 es un salmo real, pero de un tipo particular: no pide victoria ni bendición, sino que traza un programa de gobierno. El rey, probablemente en el momento de su entronización, se compromete ante Dios a gobernar con bondad y justicia y a rodearse de hombres leales. Es, en cierto modo, un espejo de príncipes en forma de oración. Su originalidad está en el ámbito donde se juega la rectitud: no solo el trono y el tribunal, sino la propia casa. El salmo menciona la mirada, la compañía, los servidores, los que entran y salen del palacio, porque entiende que el poder se corrompe primero en lo doméstico y en lo cotidiano. Rechaza al difamador, al soberbio, al mentiroso y al traidor, y busca a los fieles de la tierra. La tradición cristiana lo ha leído como retrato de Cristo Rey y como examen para cuantos tienen autoridad en la Iglesia y en la sociedad.

Reflexión del Salmo 101

Lo más exigente de este salmo es el lugar donde pone la integridad: dentro de mi casa. Es fácil ser recto en público y distinto en la intimidad; el salmo invita a gobernar primero el propio corazón y el propio hogar. El rey no promete éxito, promete coherencia. Y hay un detalle que revela su humildad: en medio de sus resoluciones se le escapa una súplica, la pregunta por cuándo vendrá Dios en su ayuda. El que se propone ser justo descubre enseguida que no basta su voluntad y que necesita la gracia. La segunda lección es sobre las compañías: quien gobierna elige a quien lo rodea, y el salmo decide rodearse de los leales y apartar al difamador y al soberbio. No es desprecio de personas, es defensa de los débiles, porque la murmuración y la arrogancia siempre acaban dañando a los inocentes. Aplicado a la vida ordinaria, el salmo nos pregunta con quién construimos, a quién dejamos entrar en nuestra casa y en nuestras decisiones.

Cómo meditar este salmo

Haz un examen concreto de tu ámbito doméstico y laboral: revisa qué conversaciones, qué hábitos y qué personas alimentan tu coherencia y cuáles la erosionan. Toma una decisión real esta semana —una conversación que evitar, un compromiso que cumplir— y pide a Dios la ayuda que el propio salmo suplica.

Oración

Señor, tú eres justo y bondadoso, y yo quiero caminar con rectitud de corazón en mi casa. Guarda mi mirada de lo infame, mi boca de la murmuración y mi corazón de la soberbia. Ven pronto en mi ayuda. Amén.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un salmo?

Un poema religioso del Antiguo Testamento, compuesto para cantarse en el templo de Jerusalén. Hoy se rezan en la misa y en la Liturgia de las Horas.

¿Cuántos salmos hay?

Ciento cincuenta. En la Biblia católica se numeran siguiendo la versión griega de los Setenta, que es la que recogió la Vulgata latina.

¿Quién los escribió?

La tradición atribuye buena parte a David, pero el conjunto se compuso a lo largo de varios siglos y por varias manos.

¿Por qué cambia la numeración según la Biblia?

Porque las Biblias protestantes siguen el texto hebreo y las católicas la numeración griega. El salmo 23 católico corresponde al 24 en las Biblias hebreas; a partir del salmo 10 hay un desfase de un número, y de dos en algunos tramos.

¿Cuándo conviene rezarlos?

En cualquier momento del día. Se rezan de forma especial en la Liturgia de las Horas: laudes por la mañana, vísperas al atardecer y completas antes de dormir.

¿Hay una forma obligatoria de rezarlos?

No. Puedes leerlos despacio, en voz alta o usarlos como punto de partida para tu propia oración.