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Salmo 102

Libro IV

Oración y alabanza.

102:1 Oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante el Señor.

102:2 Señor, escucha mi oración y llegue a ti mi clamor;

102:3 no me ocultes tu rostro en el momento del peligro; inclina hacia mí tu oído, respóndeme pronto, cuando te invoco.

102:4 Porque mis días se disipan como el humo, y mis huesos arden como brasas;

102:5 mi corazón se seca, marchitado como la hierba, ¡y hasta me olvido de comer mi pan!

102:6 Los huesos se me pegan a la piel, por la violencia de mis gemidos.

102:7 Me parezco a una lechuza del desierto, soy como un búho entre las ruinas;

102:8 estoy desvelado, y me lamento como un pájaro solitario en el tejado;

102:9 mis enemigos me insultan sin cesar, y enfurecidos, me cubren de imprecaciones.

102:10 Yo como ceniza en vez de pan y mezclo mi bebida con lágrimas,

102:11 a causa de tu indignación y tu furor, porque me alzaste en alto y me arrojaste.

102:12 Mis días son como sombras que se agrandan, y me voy secando como la hierba.

102:13 Pero tú, Señor, reinas para siempre, y tu Nombre permanece eternamente.

102:14 Tú te levantarás, te compadecerás de Sión, porque ya es hora de tenerle piedad, ya ha llegado el momento señalado:

102:15 tus servidores sienten amor por esas piedras y se compadecen de esas ruinas.

102:16 Las naciones temerán tu Nombre, Señor, y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:

102:17 cuando el Señor reedifique a Sión y aparezca glorioso en medio de ella;

102:18 cuando acepte la oración del desvalido y no desprecie su plegaria.

102:19 Quede esto escrito para el tiempo futuro y un pueblo renovado alabe al Señor:

102:20 porque él se inclinó desde su alto Santuario y miró a la tierra desde el cielo,

102:21 para escuchar el lamento de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

102:22 para proclamar en Sión el nombre del Señor y su alabanza en Jerusalén,

102:23 cuando se reúnan los pueblos y los reinos, y sirvan todos juntos al Señor.

102:24 Mis fuerzas se debilitaron por el camino y se abreviaron mis días;

102:25 pero yo digo:"Dios mío, no me lleves en la mitad de mi vida, tú que permaneces para siempre".

102:26 En tiempos remotos, fundaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos;

102:27 ellos se acaban, y tú permaneces:se desgastan lo mismo que la ropa, los cambias como a un vestido, y ellos pasan.

102:28 Tú, en cambio, eres siempre el mismo, y tus años no tienen fin.

102:29 Los hijos de tus servidores tendrán una morada y su descendencia estará segura ante ti,