Salmos

Salmo 103

Libro IV

Oración y alabanza.

Salmos
103:1De David. Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
103:2bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios.
103:3Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias;
103:4rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura;
103:5él colma tu vida de bienes, y tu juventud se renueva como el águila.
103:6El Señor hace obras de justicia y otorga el derecho a los oprimidos;
103:7él mostró sus caminos a Moisés y sus proezas al pueblo de Israel.
103:8El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia;
103:9no acusa de manera inapelable ni guarda rencor eternamente;
103:10no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas.
103:11Cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen;
103:12cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados.
103:13Como un padre cariñoso con sus hijos, así es cariñoso el Señor con sus fieles;
103:14él conoce de qué estamos hechos, sabe muy bien que no somos más que polvo.
103:15Los días del hombre son como la hierba:él florece como las flores del campo;
103:16las roza el viento, y ya no existen más, ni el sitio donde estaban las verá otra vez.
103:17Pero el amor del Señor permanece para siempre, y su justicia llega hasta los hijos y los nietos
103:18de los que lo temen y observan su alianza, de los que recuerdan sus preceptos y los cumplen.
103:19El Señor puso su trono en el cielo, y su realeza gobierna el universo.
103:20¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles, los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes apenas oyen la voz de su palabra!
103:21¡Bendigan al Señor, todos sus ejércitos, sus servidores, los que cumplen su voluntad!
103:22¡Bendíganlo todas sus obras, en todos los lugares donde ejerce su dominio! ¡Bendice al Señor, alma mía!

Sobre el Salmo 103

El Salmo 103 es uno de los himnos más luminosos del Salterio: una bendición que el orante se dirige a sí mismo para despertar en su propia alma la gratitud. Su estructura es un movimiento de dentro hacia fuera: comienza en el corazón del creyente, se abre a la historia de Israel y termina invitando a los ángeles y a todas las obras de Dios a sumarse a la alabanza. El centro del salmo es la misericordia divina, descrita con una acumulación de imágenes inigualable: perdona, cura, rescata del sepulcro, corona, sacia, renueva. Dios no es presentado como un juez distante, sino como un padre que conoce de qué estamos hechos. La revelación de su carácter —bondadoso, compasivo, lento para enojarse— es la que él mismo confió a Moisés, y el salmo la recuerda expresamente. La liturgia cristiana lo usa con frecuencia en las Laudes de los días festivos y lo propone como escuela de misericordia: quien ha sido perdonado, aprende a perdonar.

Reflexión del Salmo 103

Este salmo sana una imagen enferma de Dios. Muchos creyentes cargan con la sospecha de un Dios que vigila para castigar, y el salmo desmonta esa sospecha una por una: no nos trata según nuestros pecados, no guarda rencor para siempre, aleja nuestras culpas tanto como el oriente del occidente. La comparación más tierna es la del padre: conoce de qué estamos hechos, sabe que somos polvo, y precisamente por eso se compadece. No ama a un ser fuerte e impecable, ama a un ser frágil. Pero el salmo no es ingenuo: antes de hablar de la misericordia, habla de los beneficios concretos —el perdón, la salud, la liberación— y de la justicia a favor de los oprimidos. La misericordia de Dios no es blandura, es la forma que tiene su justicia de acercarse al que sufre. Y hay un contrapunto que da hondura al salmo: nuestra vida es como la hierba del campo, pasa pronto; el amor de Dios, en cambio, permanece para siempre. Rezar este salmo es dejarse mirar por un padre, no por un auditor.

Cómo meditar este salmo

Reza este salmo enumerando tus beneficios concretos, como el salmista: un perdón recibido, una salud recuperada, una liberación inesperada. Si te cuesta creer en la misericordia de Dios, detente en la imagen del padre y dile lo que te cuesta. Termina bendiciéndolo, no pidiendo.

Oración

Bendice al Señor, alma mía, y no olvides sus beneficios. Padre bueno, tú conoces de qué estoy hecho y sabes que soy polvo. Aparta de mí mis culpas como el oriente del occidente y hazme vivir como hijo tuyo. Amén.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un salmo?

Un poema religioso del Antiguo Testamento, compuesto para cantarse en el templo de Jerusalén. Hoy se rezan en la misa y en la Liturgia de las Horas.

¿Cuántos salmos hay?

Ciento cincuenta. En la Biblia católica se numeran siguiendo la versión griega de los Setenta, que es la que recogió la Vulgata latina.

¿Quién los escribió?

La tradición atribuye buena parte a David, pero el conjunto se compuso a lo largo de varios siglos y por varias manos.

¿Por qué cambia la numeración según la Biblia?

Porque las Biblias protestantes siguen el texto hebreo y las católicas la numeración griega. El salmo 23 católico corresponde al 24 en las Biblias hebreas; a partir del salmo 10 hay un desfase de un número, y de dos en algunos tramos.

¿Cuándo conviene rezarlos?

En cualquier momento del día. Se rezan de forma especial en la Liturgia de las Horas: laudes por la mañana, vísperas al atardecer y completas antes de dormir.

¿Hay una forma obligatoria de rezarlos?

No. Puedes leerlos despacio, en voz alta o usarlos como punto de partida para tu propia oración.