Salmos
Salmo 105
Libro IV
Oración y alabanza.
Sobre el Salmo 105
El Salmo 105 es un salmo histórico: en lugar de pedir, recuerda. Invita a la asamblea a dar gracias y a hacer conocer entre los pueblos las proezas del Señor, y luego desgrana la historia de Israel desde Abraham hasta la entrada en la tierra prometida. Es una catequesis cantada. Su hilo conductor es la alianza: Dios se acuerda eternamente de la palabra dada, y todas las vicisitudes del pueblo —la esclavitud en Egipto, el hambre, la opresión, las plagas, el desierto— se leen desde esa clave. Un detalle significativo: el salmo no menciona los pecados de Israel, que sí aparecen en el salmo siguiente. Su propósito aquí es distinto: mostrar la fidelidad de Dios a pesar de todo, incluso usando la maldad ajena —la venta de José, la opresión de los egipcios— para llevar adelante su designio. La liturgia cristiana lo lee como figura de la historia de la salvación culminada en Cristo.
Reflexión del Salmo 105
Este salmo nos enseña el valor espiritual de la memoria. La fe no vive solo de momentos intensos, vive de una historia contada y recordada, porque el olvido es la puerta de la infidelidad. El salmo hace memoria de gestos concretos: un hombre vendido como esclavo que llega a gobernar, un pueblo esclavo que sale cargado de oro, un desierto donde brota agua de la roca. Son hechos, no sentimientos. Y hay una convicción profunda detrás de ese recuento: Dios conduce la historia, incluso a través de caminos que parecen derrota. Lo que José vivió como injusticia se reveló después como providencia. Esa lectura no niega el mal, lo sitúa dentro de un designio mayor que lo trasciende. El salmo termina recordando para qué fue todo: para observar los mandamientos y cumplir las leyes de Dios. La salvación no es solo un rescate, es una vocación. Recordar lo que Dios ha hecho es la mejor preparación para confiar en lo que hará.
Cómo meditar este salmo
Haz hoy memoria escrita de tu propia historia con Dios: anota tres momentos en que, mirando atrás, reconoces su mano —una salida, una protección, un cambio inesperado. Reza este salmo a continuación, uniendo tu historia a la del pueblo de Dios, y agradece incluso lo que aún no entiendes.
Oración
Señor, tú te acuerdas eternamente de tu alianza y no olvidas la palabra dada. Gracias por las maravillas que has obrado en tu pueblo y en mi vida. Enséñame a recordar tu fidelidad y a cumplir tus mandamientos. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un salmo?
Un poema religioso del Antiguo Testamento, compuesto para cantarse en el templo de Jerusalén. Hoy se rezan en la misa y en la Liturgia de las Horas.
¿Cuántos salmos hay?
Ciento cincuenta. En la Biblia católica se numeran siguiendo la versión griega de los Setenta, que es la que recogió la Vulgata latina.
¿Quién los escribió?
La tradición atribuye buena parte a David, pero el conjunto se compuso a lo largo de varios siglos y por varias manos.
¿Por qué cambia la numeración según la Biblia?
Porque las Biblias protestantes siguen el texto hebreo y las católicas la numeración griega. El salmo 23 católico corresponde al 24 en las Biblias hebreas; a partir del salmo 10 hay un desfase de un número, y de dos en algunos tramos.
¿Cuándo conviene rezarlos?
En cualquier momento del día. Se rezan de forma especial en la Liturgia de las Horas: laudes por la mañana, vísperas al atardecer y completas antes de dormir.
¿Hay una forma obligatoria de rezarlos?
No. Puedes leerlos despacio, en voz alta o usarlos como punto de partida para tu propia oración.