Salmos
Salmo 109
Libro V
Oración y alabanza.
Sobre el Salmo 109
El Salmo 109 es el más duro de los salmos de imprecación. Su autor, calumniado y traicionado, responde con una serie de maldiciones terribles contra sus acusadores. Para entenderlo hay que situarse en el mundo de la alianza: el salmista no se toma la venganza por su mano, la entrega a Dios, convencido de que la justicia divina debe manifestarse. Su grito nace del dolor de quien ha devuelto bien por mal y ha sido pagado con odio. La dureza del texto ha inquietado siempre a los creyentes, y la Iglesia no la lee como autorización para maldecir a nadie. La liturgia cristiana lo ha usado con cautela, y los Padres lo interpretaron en clave de Cristo y de la condena del mal, no de las personas. La segunda parte es una súplica conmovedora: el orante se describe pobre y miserable, con el corazón traspasado, las rodillas dobladas por el ayuno, despreciado por todos. Termina alabando a Dios en medio de la multitud, porque se puso de parte del pobre para salvarlo de sus acusadores.
Reflexión del Salmo 109
Este salmo plantea la pregunta más difícil de la oración: qué hacer con la rabia. La respuesta de la Escritura no es reprimirla ni actuar movidos por ella, sino llevarla a Dios. Es significativo que el salmista no maldiga a su enemigo en la plaza pública, sino delante del Señor: deposita su deseo de venganza donde puede ser purificado. Leerlo como cristianos exige un doble movimiento. Primero, reconocer con honestidad que también nosotros sentimos ese deseo, y no fingir una serenidad que no tenemos. Segundo, recordar que Cristo, traicionado y calumniado como el salmista, no maldijo ni se defendió con violencia, sino que entregó su causa al Padre y perdonó desde la cruz. El salmo se convierte así en un espejo: muestra dónde estábamos y adónde nos lleva el Evangelio. Su última palabra no es la maldición, sino la alabanza y el reconocimiento de que Dios defiende al pobre. Quien deja su causa en manos de Dios puede, poco a poco, dejar de necesitar la revancha.
Cómo meditar este salmo
Escribe en un papel el nombre o la situación que te ha herido y el daño que deseas. Reza este salmo llevando ese papel a Dios, sin actuar por tu cuenta, y termina pidiendo dos cosas: justicia para la víctima y un corazón capaz de perdonar. Rompe el papel solo cuando puedas entregarlo de verdad.
Oración
Dios de mi alabanza, no te quedes callado ante la injusticia. Tú conoces al que me ha herido y conoces mi rabia. Defiende al pobre y al desvalido, y cambia mi deseo de venganza en deseo de tu justicia. Amén.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un salmo?
Un poema religioso del Antiguo Testamento, compuesto para cantarse en el templo de Jerusalén. Hoy se rezan en la misa y en la Liturgia de las Horas.
¿Cuántos salmos hay?
Ciento cincuenta. En la Biblia católica se numeran siguiendo la versión griega de los Setenta, que es la que recogió la Vulgata latina.
¿Quién los escribió?
La tradición atribuye buena parte a David, pero el conjunto se compuso a lo largo de varios siglos y por varias manos.
¿Por qué cambia la numeración según la Biblia?
Porque las Biblias protestantes siguen el texto hebreo y las católicas la numeración griega. El salmo 23 católico corresponde al 24 en las Biblias hebreas; a partir del salmo 10 hay un desfase de un número, y de dos en algunos tramos.
¿Cuándo conviene rezarlos?
En cualquier momento del día. Se rezan de forma especial en la Liturgia de las Horas: laudes por la mañana, vísperas al atardecer y completas antes de dormir.
¿Hay una forma obligatoria de rezarlos?
No. Puedes leerlos despacio, en voz alta o usarlos como punto de partida para tu propia oración.