Salmos

Salmo 124

Libro V

Oración y alabanza.

Salmos
124:1Canto de peregrinación. De David. Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte - que lo diga Israel -
124:2si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando los hombres se alzaron contra nosotros,
124:3nos habrían devorado vivos. Cuando ardió su furor contra nosotros,
124:4las aguas nos habrían inundado, un torrente nos habría sumergido,
124:5nos habrían sumergido las aguas turbulentas.
124:6¡Bendito sea el Señor, que no nos entregó como presa de sus dientes!
124:7Nuestra vida se salvó como un pájaro de la trampa del cazador:la trampa se rompió y nosotros escapamos.
124:8Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Sobre el Salmo 124

El Salmo 124 es un canto de peregrinación de acción de gracias por una liberación vivida. El pueblo mira atrás y reconoce que, si el Señor no hubiera estado de su parte, habría sido devorado por la furia de los enemigos. Las imágenes son de una fuerza impresionante: las aguas que inundan, el torrente que sumerge, el animal salvaje que devora, la trampa del cazador que se cierra. Israel no se salva por su propia fuerza, sino porque Dios intervino. El salmo tiene un marcado carácter comunitario, subrayado por la invitación a que lo diga Israel, y termina con una confesión que resume toda la fe de la Biblia: nuestra ayuda está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra. Es, pues, un salmo de memoria agradecida, que enseña a leer el pasado a la luz de la providencia y a preparar el corazón para confiar en el futuro.

Reflexión del Salmo 124

Mirar atrás con fe es un arte difícil. El salmo nos enseña a hacerlo: el peligro fue real, el torrente rugió de verdad, la trampa estaba tendida, y sin embargo estamos vivos. No se trata de negar la dureza de lo vivido, sino de reconocer, dentro de esa dureza, una presencia que nos sostuvo. La imagen del pájaro que escapa de la trampa es un símbolo precioso de la libertad recibida: la red se rompió, y no por nuestra astucia. El creyente descubre así que la salvación es siempre un don, no un logro. Este salmo nos ayuda a superar el olvido: cuántas veces atribuimos a la suerte o a nuestra propia habilidad lo que en realidad fue gracia. Rezarlo es hacer memoria agradecida, y esa memoria se convierte en fuerza para las pruebas que vendrán. Si Dios estuvo entonces, estará también ahora, porque su nombre no cambia y su ayuda no se agota. Y esa gratitud, lejos de encerrarnos en el pasado, nos lanza hacia adelante con un corazón más libre.

Cómo meditar este salmo

Dedica unos minutos a recordar un momento difícil del que saliste adelante. Da gracias a Dios por las personas y las circunstancias que te sostuvieron, reconociéndolo como autor de tu ayuda. Luego confía al Señor la prueba que hoy te preocupa, sabiendo que el que te libró antes no te abandonará. Escribe o recuerda una frase que resuma esa liberación y vuelve a ella en los días difíciles.

Oración

Bendito seas, Señor, porque no me entregaste al poder del mal. Cuando las aguas me rodeaban, rompiste la trampa y me diste libertad. Sigue siendo mi ayuda, y que mi vida entera proclame que en ti está mi salvación. Amén.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un salmo?

Un poema religioso del Antiguo Testamento, compuesto para cantarse en el templo de Jerusalén. Hoy se rezan en la misa y en la Liturgia de las Horas.

¿Cuántos salmos hay?

Ciento cincuenta. En la Biblia católica se numeran siguiendo la versión griega de los Setenta, que es la que recogió la Vulgata latina.

¿Quién los escribió?

La tradición atribuye buena parte a David, pero el conjunto se compuso a lo largo de varios siglos y por varias manos.

¿Por qué cambia la numeración según la Biblia?

Porque las Biblias protestantes siguen el texto hebreo y las católicas la numeración griega. El salmo 23 católico corresponde al 24 en las Biblias hebreas; a partir del salmo 10 hay un desfase de un número, y de dos en algunos tramos.

¿Cuándo conviene rezarlos?

En cualquier momento del día. Se rezan de forma especial en la Liturgia de las Horas: laudes por la mañana, vísperas al atardecer y completas antes de dormir.

¿Hay una forma obligatoria de rezarlos?

No. Puedes leerlos despacio, en voz alta o usarlos como punto de partida para tu propia oración.