Salmos

Salmo 125

Libro V

Oración y alabanza.

Salmos
125:1Canto de peregrinación. Los que confían en el Señor son como el monte Sión, que permanece inconmovible para siempre.
125:2Jerusalén está rodeada de montañas:así rodea el Señor a su pueblo, desde ahora y para siempre.
125:3No permanecerá el cetro de los malvados sobre la herencia de los justos; no sea que también los justos inclinen sus manos a la maldad.
125:4Colma de bienes, Señor, a los buenos y a los rectos de corazón.
125:5¡Que el Señor haga ir con los malvados a los que se desvían por caminos tortuosos! ¡Paz a Israel!

Sobre el Salmo 125

El Salmo 125 es un canto de peregrinación que celebra la estabilidad de quien confía en el Señor. La comparación es inmediata y poderosa: el creyente es como el monte Sión, que permanece inconmovible para siempre. A esa imagen se suma la de Jerusalén rodeada de montañas, signo de cómo Dios envuelve y protege a su pueblo desde ahora y para siempre. El salmo no ignora la presencia del mal: reconoce que el cetro de los malvados pesa sobre la herencia de los justos y pide que no permanezca, para que los justos no se vean tentados a imitar la maldad. Termina con una oración por los buenos y los rectos, y con un deseo de paz para Israel. Es, por tanto, un salmo de confianza realista: sabe del peligro, pero se apoya en la fidelidad de Dios, que sostiene a los suyos y no permite que el mal tenga la última palabra.

Reflexión del Salmo 125

La confianza que canta este salmo no es ingenuidad. El salmista ve el mal, lo nombra y pide que no se prolongue, precisamente porque sabe cuánto puede desgastar a los buenos. Su seguridad no está en que nada malo ocurra, sino en que Dios rodea a su pueblo como las montañas rodean la ciudad: una protección que no se ve desde dentro, pero que está ahí. Es una imagen muy consoladora para quien atraviesa una etapa de presión o de cansancio: quizá no percibimos el cerco de montañas, pero Dios ya lo ha puesto. El salmo termina pidiendo bienes para los rectos de corazón, y esa petición nos recuerda que la rectitud no es un mérito que exija recompensa, sino una disposición a recibirla. Confiar es dejar que Dios sea nuestra defensa y nuestro bien, sin ceder a la tentación de buscar seguridad en los caminos torcidos de los violentos. Así, la confianza se vuelve una forma de resistencia serena frente a todo lo que quiere desestabilizarnos.

Cómo meditar este salmo

Cuando la presión del ambiente te tiente a actuar como los demás, reza este salmo y recuerda que Dios te rodea. Examina si hay algún camino tortuoso al que te estés asomando por miedo o comodidad, y pide al Señor fuerza para permanecer en la rectitud. Confía a su cuidado a quienes están siendo probados. Dale gracias también por las veces en que su gracia te ha guardado sin que lo advirtieras.

Oración

Señor, tú rodeas a tu pueblo como las montañas a Jerusalén. Dame la firmeza del monte Sión y no permitas que el mal me arrastre. Colma de bienes a los rectos de corazón y guárdanos en tu paz. Amén.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un salmo?

Un poema religioso del Antiguo Testamento, compuesto para cantarse en el templo de Jerusalén. Hoy se rezan en la misa y en la Liturgia de las Horas.

¿Cuántos salmos hay?

Ciento cincuenta. En la Biblia católica se numeran siguiendo la versión griega de los Setenta, que es la que recogió la Vulgata latina.

¿Quién los escribió?

La tradición atribuye buena parte a David, pero el conjunto se compuso a lo largo de varios siglos y por varias manos.

¿Por qué cambia la numeración según la Biblia?

Porque las Biblias protestantes siguen el texto hebreo y las católicas la numeración griega. El salmo 23 católico corresponde al 24 en las Biblias hebreas; a partir del salmo 10 hay un desfase de un número, y de dos en algunos tramos.

¿Cuándo conviene rezarlos?

En cualquier momento del día. Se rezan de forma especial en la Liturgia de las Horas: laudes por la mañana, vísperas al atardecer y completas antes de dormir.

¿Hay una forma obligatoria de rezarlos?

No. Puedes leerlos despacio, en voz alta o usarlos como punto de partida para tu propia oración.